lunes, 7 de agosto de 2017

Ananda y El Repartidor de Esquelas

Ananda es un nombre hindú, significa felicidad y dicha, sin embargo, nuestra protagonista vivía todo lo contrario, a pesar de que sus padres la llamaron así al nacer. También le tatuaron un pequeño punto en la frente, y otros dos en ambas palmas de sus diminutas manos, todo ello para ahuyentar a los malos espíritus, pero no a ellos mismos, los que se suponía que debían amarla y protegerla.

A los dieciséis años, Ananda residía muy lejos de su tierra natal, junto a una familia de acogida. No obstante, le quedaban unos meses para regresar a la India, para contraer matrimonio con Naraka, quien había sido amigo suyo, durante toda su infancia. No le amaba, pero sentía que debía corresponder al deseo de la familia que allí le quedaba.

Fue entonces cuando Ananda conoció a Fernando, Nando para sus amigos, y "el repartidor de esquelas", para el resto del pueblo.

Ananda y Nando... Un amor a primera, a segunda, y a todas las posteriores vistas. Vistas, palabras, caricias, y un sentimiento en común que crecía a pasos agigantados.

En el mundo nacen más de trescientas cincuenta mil personas al día, y mueren más de doscientas mil.
En aquel pequeño pueblo, donde vivían Ananda y Nando, moría de media, una persona cada dos días.

Nando recorría las calles repartiendo esquelas, y la mayoría volaban sin rumbo.

Ananda contaba los días que le quedaban para regresar a la India, para casarse con Naraka, cuyo nombre, por cierto, significa infierno.

Nando besaba a Ananda, antes y después de anunciar la muerte en cada rincón de aquel pequeño pueblo.

Ananda besaba a Nando, antes y después de encerrarse en su habitación a derramar todo su pesar.

Pero cierto día, y al siguiente, y al otro también, no hubo esquela alguna que revoloteara por las calles del pueblecito. Sin embargo, la dama sin piel, de hueso gris y afilada guadaña, sí había sesgado otra vida de aquel lugar sumido en la más profunda tristeza.

No había papeletas anunciando la muerte de aquel, sencillamente porque quién había fallecido era el mismísimo repartidor de esquelas.

Ananda significa felicidad y dicha, Naraka significa infierno. Pero aquel día las lágrimas apagaron el fuego, y no hubo unión, ni correspondencia al deseo de otros, aunque fueran de la propia familia. No hubo nada que uno no quisiera. Nada más que libertad, y cierto sentido al nombre que elegimos nosotros mismos.





Fin