lunes, 28 de marzo de 2016

Keratina, Argán y Jojoba "El Elixir del Tiempo"

Argán agarró con fuerza el mango de su hacha y retrocedió un paso, aquella tarta de frambuesa, mostrando un amplia hilera de colmillos amenazantes, se abalanzó sobre él.

En el instante en el que la afilada hoja de su feroz arma de acero creó una parábola en el aire, el monstruoso pastel, jadeante de jugosa mermelada roja, fue partido en dos con total precisión, mas el resultado fue desconcertante para el temible guerrero tatuado, el infernal postre se dividió en un par de porciones hambrientas por la carne de su rival.

Jojoba lloraba de la risa al ver a su compañero de armas luchando contra lo que tan solo sus ojos podían ver.

- ¡Argán, detente! ¡Estás blandiendo a Justicia contra el viento!

El bravo runo se detuvo al oír la advertencia de Keratina, quien regresaba de su aventurada misión.

- ¡Bienvenida, joven zorra! - le propinó  Jojoba - has acabado con mi diversión.

Argán salió del influjo de la bella bruja y se halló bobalicón en posición de combate. Un cuerpo a cuerpo contra una imagen perturbadora que ya se desvanecía, al tiempo que Jojoba diluía su magia.

- ¡Mísera pelirroja! ¿Un dulce demoníaco?

Conocedora del mal de azúcar de Argán, Jojoba influía en la fácilmente manipulable mente de éste, para deleite de su propio gozo.

- Toma, llorón.

La hermosa bruja de cabello de fuego le lanzó al rudo montaraz la dosis aliviadora de su dolorosa enfermedad.

- Un dragón de tres cabezas marcharía con la cola entre sus patas al ver la amenazadora furia en el brillo de vuestros ojos, y una pequeña tarta de frutos del bosque es vuestra perdición.

- Agradezco la medicina, pero... ¡Juro por todos los dioses que si volvéis a reíros a costa de mis males, no serán vuestros demonios de humo los que parta en dos mi afilada justiciera!

- ¿Dioses? Tan reales son cómo los pasteles con colmillos. No creo en estúpidos productos de la imaginación.

- Creeréis, mi bruja, creeréis - concluyó Argán- .

- ¿Cómo puede una hija del diablo no creer en el antagonista de su padre? - increpó Keratina -.

- Compañera... ni dioses, ni cornudos del infierno. Tan solo existe el poder del embrujo que todo lo hace soñar, y  vosotros creéis en esas patrañas como si de realidades se tratasen.

 - ¡Lo he conseguido! - exclamó Keratina en un tajante cambio de tema -.

- ¿La tienes? - preguntó Argán -.

- La tengo. - respondió ella orgullosa -.

Jojoba levantó el mentón y sonrió a la luz del sol. Las nubes se reflejaban en sus brillantes córneas.

Aquella misma noche, alrededor de una hoguera, la joven guerrera de cabello azabache les explicó a sus compañeros de aventuras cómo había conseguido la llave en las montañas de Krashna.

Mostró la llave plateada de forma serpentina a Jojoba y Argán con bravo orgullo, había conseguido que la mística Pru-Nah le otorgara la codiciada pieza que, supuestamente, abría las puertas del templo de Kronos. Debía ser así, Keratina, según sus sentidas palabras, fue elegida por el mismísimo guardián del tiempo para recibir el deseado elixir.

Las últimas llamas de la hoguera ondeaban en hipnotizadora danza sobre las retinas de los tres caminantes. Sentados sobre sus traseros cansados dormitaban esperanzados, cayendo en un profundo sueño bajo el negro y estrellado manto celestial. La luna lloraba lágrimas fugaces sobre sus cabezas. En breve restaron bajo el influjo del poderoso mundo de los sueños. Sin embargo, uno de ellos estaba aún con un ojo medio abierto, meditando la posibilidad de hacerse con la llave de plata, y marchar solo en la noche oscura, dejando atrás a sus amigos y así ser el único en la posesión del don de Kronos.

A las puertas del Templo de Kronos, con la carne del pecho desgarrada, dejando un río de sangre a sus espaldas, al borde de la muerte, Argán introducía la plateada llave en la cerradura.

Tres días antes, el rudo guerrero de los runos, haciendo honor al tatuaje de su antebrazo derecho donde lucían los sagrados símbolos de su clan: "Poder, Fuerza, Uno", Argán robaba la llave del pequeño saco de cuero de Keratina, para embarcarse en su propia odisea, en busca del ansiado elixir.

La visión del dragón oscuro masticando los cuerpos de su esposa, Famalea, y de su pequeña hija, Suïna, esa fue la motivación para emprender el viaje a solas. Debía beber del preciado brebaje mágico para viajar al pasado y poner a salvo la vida de sus mujeres. Por ello se sumó a la aventura junto a Keratina y Jojoba. Tras escuchar la historia de la joven guerrera del ejercito de Sy- Rah, supo que, aún sin certeza, no tenía nada que perder, debía probar fortuna, hacer lo imposible por apoderarse de la única forma de vencer al monstruo de su desdicha.

Keratina; con la necesidad de la fuerza de un runo, y las artes de embrujo de la impía del bosque rojo, confesó ser la elegida por Kronos.

Argán se encontraba frente a la bifurcación de un camino decisivo, la larga ladera de Lunah o el corto sendero oscuro. Para evitar ser atrapado por sus traicionadas compañeras, eligió adentrarse por el temible atajo que le llevaría pronto a las puertas del templo.

La cavernosa entrada rugió tras la penetrante luz rojiza de dos pupilas incandescentes, el humo nasal del dragón se acercaba, Argán se ocultaba aún a sabiendas del fracaso de su escondite, envuelto en la corteza de un roble milenario. Su olor era inconfundible para la bestia, aguardando su destino entre la espesura. Al instante; las garras de la bestia escamosa se hundían en el pecho del abatido guerrero.

Abalanzó a Justicia sobre las pezuñas de Draco, morador del sendero oscuro. Éste volteó su larga cola golpeando con brusquedad el rostro de Argán, y se perdió en la oscuridad del bosque negro.
Argán se arrancó la garra del pecho y corrió cuanto más pudo para salir de las fauces del sendero, atravesando las ciénagas y las entrañas de una inminente muerte, llegando, con su último aliento, más allá del mar de lodo en el que se hundía su cuerpo. La claridad se le mostró cómo un último paso, y el runo pudo darlo con la dificultad de caminar sin piernas.

Arrodillado ante el templo de Kronos con la herida abierta y el fango introduciéndose en su corazón, dejando un río de sangre a sus espaldas, Argán se puso en pie con el resquicio de su poderoso ánimo e introdujo la llave en la cerradura.

Las puertas se abrieron y Kronos apareció ante Argán.

- Tú no eres la elegida, pero hueles a ella. Toma y bebe del elixir.

Argán alcanzó la copa y bebió. Bebió y cayó en un profundo sueño..

Argán abrió los ojos en el pasado, pero no se encontraba en posición de salvar a su mujer y a su hija, tan solo se le presentó de nuevo la oportunidad de continuar el viaje junto a sus compañeros.

Argán cerró los ojos. Su último pensamiento, antes de dormirse junto a Keratina y Jojoba, fue fugaz, cómo una de esas estrellas que sobrevolaban sus agotadas mentes.

"La traición es el legado de los cobardes"

A buen despertar, con los primeros rayos del sol, los tres compañeros de armas prosiguieron la marcha, tras alimentar sus estómagos con pan seco y achicoria.

Keratina con su espada de acero templado, Argán con su hacha Justicia, y Jojoba con sus poderes sobrenaturales. Tres guerreros unidos por un propósito en común, beber del elixir del tiempo en el templo de Kronos.

Cada cual tenía sus razones para ansiar dicho brebaje mágico, y aunque según los manuscritos del libro sagrado, Pun-Doh, tan sólo el elegido por Kronos podría beber de él, los tres habían llegado al acuerdo de dar un sorbo del elixir, para viajar unos pocos años hacia el pasado.

Cuenta la leyenda que cada cinco ciclos, teniendo en cuenta que un ciclo consta de tres años, Kronos se presentará frente a un ser de Amantiar. El guardián del templo revelará el lugar dónde uno de los seis místicos entregará la llave de las puertas del lugar donde se le otorgará a éste el codiciado elixir.

Según Keratina; Kronos se presentó ante ella, y le señaló las montañas de Krashna. Le comunicó que allí, la mística Pru-Nah le daría la llave de las puertas del templo.

Keratina, guerrera del ejército de Sy- Rah, soldados del reino de Grom, cruzó su camino con un
guerrero runo y una bruja impía del bosque rojo, a pesar de las diferencias y enemistades en el pasado entre sus clanes, ciertas circunstancias los unieron en el viaje, hasta el punto de que cada uno de ellos confiaba plenamente en el otro para lograr un objetivo en común. Pero cada uno tenía sus propias razones para tomar del elixir del tiempo, e individualmente sentían la necesidad de hacerse con él, dejando atrás a sus compañeros, por si el hecho de compartirlo no fuera suficiente para recibir el efecto deseado.

Keratina soñaba con Roy. Su furia se encendía al recordar el día en el que Grom, rey de Sy- Rah, ordenó la captura y condena a muerte de su hermano. La tristeza le invadía al rememorar el día del ahorcamiento.

Había unido fuerzas con Argán y Jojoba, con tal de superar los obstáculos y adversidades del peligroso viaje, pero ante el último tramo de la travesía, a poca distancia del templo de Kronos, pensó en abandonar a sus acompañantes, e ir sola a por el elixir.

Los tres sabían que según el libro Pun-Doh, la elegida debía ir sola al lugar donde uno de los seis místicos se encontraba para entregar la llave del templo, y así acataron dicha norma, pero nada decía el libro sobre ir solo ante Kronos, aunque suponían que tan solo daría el brebaje al elegido por él, cada uno de ellos tenía fe en que éste les invitaría a beber del cáliz, al ser portadores de la llave que abría las puertas.

Según las viejas lenguas de lugareños de toda Amantiar, nadie había regresado con vida del templo, nadie excepto la anciana Aloe, que habitaba en la aldea de los humanos desterrados, allí fue donde Roy desobedeció las órdenes del Rey Grom.

Siendo el soldado más condecorado de las filas del ejército de Sy- Rah, Roy fue enviado a tierras lejanas, comandando a un grupo de seis terribles mercenarios runos, para apoderarse de Orus, piedra de la transformación, y masacrar al pueblo que la salvaguardaba.

Roy se unió a los humanos y ayudó a éstos a vencer a los runos, dejó a Orus en el lugar que debía estar, y regresó herido, fingiendo su derrota y la muerte de su cuadrilla a manos de las bestias del bosque negro, frontera con la aldea.

Pero un cuervo oscuro, espía enviado por el Rey Grom, fue testigo de lo que realmente ocurrió aquel día.

En la bifurcación entre el sendero tenebroso y el camino de Lunah, Keratina, Argán y Jojoba decidieron proseguir por la ruta más larga, pero menos peligrosa.

- Es una loba albina, he oído que son buenas bestias, debemos salvar su vida . - dijo Keratina a sus compañeros -.

- No te creas todo lo que oigas. - respondió, Jojoba -. Marchémonos, no debemos lidiar contra la naturaleza.

- Lo mejor sería atestarle un golpe de gracia, acabar con su sufrimiento y continuar la marcha. - añadió, Argán -.

El enorme animal de pelo blanco estaba enredado en las zarzas de un matorral carnívoro, con grandes púas clavadas en su cuerpo. La devoraría poco a poco, succionando su sangre primero, y alimentándose luego de su carne, una vez la loba muriese, tras una larga agonía.

El camino de Lunah era largo, menos peligroso que el sendero oscuro, pero no falto de terribles adversidades.

La afilada espada de Keratina empezó a ser blandida por la guerrera de Sy- Rah, cortando las zarzas y liberando a aquella majestuosa bestia albina. Una vez pudo mover sus patas, corrió veloz hasta desaparecer de la vista de los tres viajeros, dejando un rastro de púas muertas a su paso.

Argán y Keratina restaban desnudos y abrazados, consumando su deseo sexual en el cristalino lago, besándose y acariciándose, hasta que el rudo montaraz penetró a la joven guerrera, bajo un manto de bailarinas luciérnagas.

Bajo el influjo de la bruja impía del bosque rojo, ésta rebuscó entre la ropa de Keratina, hasta dar con la llave del templo de Kronos, decidida a marchar sola en busca del elixir.

Pero su consciencia le alertó de su acción, pensó que debía hacer desaparecer los efectos del embrujo sobre sus compañeros y continuar la marcha junto a ellos, no quería hacer honor a su impío clan, pero por otra parte, deseaba con todas sus fuerzas beber del elixir y viajar al pasado, al lugar dónde sus padres la abandonaron, saber quienes eran y por que hicieron lo que hicieron. Necesitaba respuestas.

Ella no era natural del bosque rojo, fue adoptada por las brujas tras su abandono en aquel lugar, así se lo habían contado, y así fue tal y cómo sucedió.

Temía, al igual que sus amigos, que compartir el brebaje fuera insuficiente para lograr el objetivo de cambiar o averiguar algo sobre sus pasados, pero presentía que sola no conseguiría otra cosa que la negación a beber del elixir, o incluso la muerte.

Jojoba había mantenido contacto físico con sus compañeros de viaje, conocía bien sus pasados e intenciones, gracias al poder de la psicometría, arte de adivinación aprendida de su madre adoptiva.

Pero se dejó llevar por sus propios intereses. Falta de suficiente fe, marchó sola para lograr su objetivo. Mientras Argán y Keratina se amaban en el lago, bajo el embrujo de la joven impía, ésta se adentró por un resquicio del bosque maldito, apresurada por llegar a las puertas del templo de Kronos, antes de que sus rezagados amantes de ilusión se percataran de su embaucamiento y traición.

Sumergida entre la maleza de aquel inhóspito y tenebrosos lugar, sobrevoló la tierra alquitranada y los caudales hediondos. A pocos metros de llegar al otro lado de la negra espesura, vislumbró una figura, un caminante corvado de tristes pasos.

Aquella presencia se percató de la penetrante mirada de Jojoba, volteó su cabeza y dejó su rostro a la vista de la bruja. La anciana, de tez ceniza y agrietada piel, mostró una hilera de dientes putrefactos, masculló algo ininteligible tras una mueca de agrio odio. Sacó entonces una piedra dorada del bolsillo de su raído chaquetón y la acarició, pronunciando una jerga tan antigua como desconocida.

Aquella extraña se desplomó sobre su cuerpo, desapareciéndole tronco y extremidades, floreciendo en su transformación, plumas nocturnas. Convertida en cuervo y sosteniendo la piedra de Orus entre sus garras, voló hacía la lejanía, hasta ser tragada por la absoluta oscuridad.

Jojoba sabía bien lo que acababan de ver sus ojos, conocía aquel objeto de poder, pero no a su portadora. Vio una de las plumas quieta sobre el lodo, desprendida del ave córvido. Sus pies se acercaron al pestilente charco, y recogió con una de sus delicadas y blanquecinas manos el resto de aquel plumaje.

Se concentró en su hallazgo, y la psicometría la transportó al mundo pasado de aquella anciana poseedora de Orus. Lo que experimentó Jojoba rompió su órgano rey en mil y un pedazos. Quebró su alma para siempre.

Aquella humana desterrada llamada Aloe había vivido cientos de aventuras, y vencido tantas calamitosas adversidades como se pudieran enumerar. Era la única superviviente que había bebido del elixir del tiempo, y guardiana de la piedra de la transformación. Pero lo que destruyó a Jojoba fue el precio que Aloe había pagado por obtener aquella codiciada y mágica reliquia, desprenderse de sus seres queridos, incluida ella misma, su propia hija.

Jojoba pudo presenciar a través de aquella pluma cómo su verdadera madre la abandonó en el bosque rojo.

Abatida, continuó la marcha hasta las puertas del templo de Kronos.

Con la borrosidad de las lágrimas marchitas en sus ojos, con dificultad, logró introducir la plateada llave en la cerradura.

Kronos se presentó ante ella sosteniendo una copa de barro llena del elixir del tiempo.

- Tu no eres la elegida, pero hueles a ella. Toma y bebe.

Jojoba tomó la copa y bebió. Bebió y cayó en un profundo sueño.

Jojoba continuó la marcha junto a sus compañeros, sintió que no lograría su objetivo a solas, y que no debía traicionar la confianza de sus amigos. Pensó en algo que solía decirle su madre adoptiva, la bruja Ashanti.


" La amistad y el amor son lo único que no se puede captar con embrujo, tales dones se ganan con confianza, respeto y tolerancia"

Profundizó en aquella frase y retornó la plateada llave al lugar donde debía estar. Deshizo el hechizo sobre Argán y Keratina, preparada para afrontar las consecuencias de su acto.

Para su asombro, deshecho el encantamiento, la guerrera de Sy- Rah y el montaraz runo continuaron su acto de amor. El poder del deseo creció en ellos y se alzó victorioso por encima de cualquier sortilegio, hasta el dulce orgasmo de ambos.

Jojoba se durmió apoyada en el tronco de una Magnolia grandiflora.

Keratina y Argán se durmieron abrazados.

Emprendieron el camino de Lunah al alba, tan solo les quedaba un día de viaje para llegar al templo de Kronos.

Jojoba entonaba una canción que aprendió de niña en el clan de las brujas del bosque rojo.


"El fuego del sol
es el calor de tu abrazo.
El agua del mar,
lágrimas de este ser.
El viento me ayuda a olvidar.
La tierra me trae recuerdos,
soy un soplo de arena,
una estatua de sal"


En la tierra de los runos es bien sabido que si un guerrero pierde su arma, el bien preciado con el que lo habrán obsequiado sus progenitores, y al cual se le habrá puesto un nombre, éste dejará de ser considerado digno de batallar, por y para los suyos.

Ese mismo día, al atardecer, Argán hubiera dejado de ser llamado guerrero para los de su clan, si hubiesen llegado a ver lo que allí ocurrió, en la ladera de la montaña Lunah.

Hraesvelrg, el águila gigante, se apareció ante los tres buscadores del elixir del tiempo. Gravemente malherida y con una pata envuelta en las ramas de una enorme conífera trampera, terrible cepo de la naturaleza montañosa. Parecía imposible que una bestia como aquella hubiera podido acabar así .

Perplejos ante la agonía de tan magnífica criatura, se dispusieron a continuar la travesía, a pocos kilómetros del templo. No se vieron capaces de hacer nada por Hraesvelrg.

Pero Argán tuvo un pálpito y retrocedió sobre sus pasos, y lanzó a Justicia con todas sus fuerzas hacia la lejanía, donde se encontraba la gigante águila colgada cabeza abajo, con el señorial plumaje ensangrentado. Supo que no podría recuperar su hacha, aún así lo hizo.

La afilada hoja dio de lleno en el gran ramal de la maldita enredadera, rompiéndola en el acto, liberando a la bestia alada. Ésta voló hasta desaparecer tras la montaña, dejando una llovizna roja sobre la ladera opuesta.

Keratina y Jojoba aplaudieron el heroico acto de Argán.

El camino se propició tranquilo hasta el final, hasta llegar ante las puertas del templo.
Keratina introdujo la plateada llave en la cerradura. Pronto apareció Kronos sosteniendo el cáliz del elixir.

Los tres amigos se miraron a los ojos y de nuevo prestaron su atención ante el guardián del tiempo.

- Tu eres la elegida, tus acompañantes no, pero huelen a ti. Toma y bebe, o tomad y bebed.

Aunque en el transcurso del largo viaje, Keratina tuvo en ciertas ocasiones la tentación de abandonar a sus compañeros, y en aquel mismo instante también pensó en beber solo ella de la copa por miedo a que al compartirlo no surgiera el efecto deseado, la guerrera de Sy- Rah, jamás se dejó llevar por sus únicos intereses. No traicionaría jamás la amistad de quienes la habían acompañado hasta allí.

Keratina alcanzó la copa y dio un sorbo, luego se la cedió a Argán. Éste hizo lo propio y luego se la pasó a Jojoba, quién fue la última en beber.

Tomaron y bebieron. Bebieron y cayeron en un profundo sueño.


* * *

Cuentan las viejas lenguas de los lugareños, que en el Pun-Doh, libro sagrado de las mil y una historias de Amantiar, se escribió una nueva página tras la marcha de Keratina, Argán y Jojoba, en busca del elixir del tiempo.

Cuentan que en esa página apareció una nueva leyenda, donde se relataba la llegada de una gran loba albina a las tierras de Sy- Rah, y cómo ésta destruyó al soberano y dictador Rey Grom, salvando la vida de un soldado llamado Roy, el mismo día de su ahorcamiento.

Cuentan que la loba marchó tras la contienda a una cueva en las montañas de Krashna, y que al alba salió de allí una mujer llamada Keratina, guerrera de Sy- Rah.

Explican a los niños en sus lechos, la aventura del águila gigante Hraesvelrg, y de cómo ésta venció a Draco, frente a las puertas del hogar de una familia de runos. El dragón oscuro a punto estuvo de zamparse a Famalea y a su hija, Suina. Pero la bestia alada picoteó el negro corazón de la escamada amenaza, apagando el fuego de una desconocida venganza. En el lugar dónde durmió aquella noche el águila, despertó Argán, para regresar en el acto junto a su familia.

En las últimas líneas de la última página del Pun- Doh, escritas estaban estas últimas palabras:
Jojoba abrió los ojos, pero ya no era Jojoba, era una humana desterrada llamada Aloe. Regresaba de una larga odisea, para entregar la piedra de Orus al lugar que le correspondía, la liberación fue su última transformación.

Kronos recuperó la piedra dorada y dio de beber de nuevo a Aloe.

Aloe bebió y cayó en un profundo sueño. Abrió los ojos y abrazó de nuevo a su hija; a ella misma.


"Esta es una de las historias que ocurrieron más allá de las mentes soñadoras, en un lugar llamado Amantiar, tierra de agua, desiertos, bosques y montañas, planeta de vida, muerte y resurrección"




Continuará en la novela:
Pun-Doh "El Libro de Amantiar"



domingo, 7 de febrero de 2016

Ego

Mi ego es como una piedra imantada, una piedra que me obstruye la garganta, o se ancla en mi espalda, en las cervicales, o en las lumbares, me pinza los nervios, o bien no me deja hablar. Se torna algo tan doloroso que el sencillo acto de caminar se vuelve un horror. Imantada, por que todo lo atrae, tanto lo que es bueno como lo que no lo es. Me confunde y me hace ambiguo, deseo estar en compañía, y luego tan solo quiero estar en la más completa soledad. Atrae y plasma lo mejor y lo peor de mí, es el ego, como una piedra imantada con la que es difícil incluso respirar.
Escribe mi ego, por ser leído, por ser comprendido. Por recibir comentarios, el interés, la crítica, el aplauso...
Y... Dime... ¿Si no siento nación, ni política, ni religión, ni raza, ni género u otra condición? ¿Quien soy yo? Y... ¿Más allá del "yo"? ¿Una energía, un alma, una reencarnación, un eterno retorno?...
Si no puedo estar seguro de nada, y caigo en la existencialista depresión...
De nuevo me pongo en pie, y siento que lo único que puedo hacer es procurar tener un buen día, y que tú... Tú también lo tengas.



viernes, 29 de enero de 2016

Padre e Hijo

Relato a dúo para el concurso de "El Círculo de Escritores" Padres e Hijos.



"Padre e Hijo" 1ªParte

Tener un hijo había sido siempre uno de mis mayores deseos. Y mi alegría fue inmensa cuando Tod llegó. Aquel veintinueve de febrero fue inolvidable. Vino al mundo sano y fuerte, pero su llegada, trajo también un gran dolor. Mi esposa murió en el parto, una hemorragia interna terminó con su vida, y con mi felicidad.

Tod ha crecido mucho desde entonces, ahora es un jovencito muy bien parecido. Sin embargo, mis sentimientos hacia él, nunca han sido los esperados. Creo ver en él un halo maligno, que no puedo explicar, y sobre el que no me atrevo a hablar con nadie, por miedo a ser tachado de paranoico. Me he repetido tantas veces, en la soledad de mi alcoba, que son solo imaginaciones mías, fruto de la prematura muerte de mi esposa. Culpo al muchacho por su fallecimiento ¡Eso es! Y no es justo. Ante vuestros ojos debo parecer un hombre horrible.

Pero cada mañana, al despertar, lo encuentro en la cocina y esos pensamientos impíos vuelven a surcar mi mente. Tod está desayunando, y yo evito sentarme a la mesa junto a él, excusándome con cualquier banalidad. Solo cuando lo veo marchar hacia el colegio, me atrevo a acercarme a la mesa, y cada día,encuentro unas gotas de sangre en el plato.

Registro su ropa a menudo, y aunque encuentro en los bolsillos las cosas normales para un niño de su edad, algunas pocas veces, he encontrado los huesecillos de alguna alimaña. Nunca he podido identificar al animal en cuestión, aunque el tamaño de los huesos sugiere, bien a las claras, que no debe de ser más grande que un ratón de campo.

Todos los sucesos que les he detallado, y otros tantos que me reservo, para evitar la aversión del lector, me llevan a una sola e inquietante conclusión. Cualquier hombre, que se considere inteligente, estará de acuerdo conmigo en lo aterrador de mi situación. Pues como padre, tengo una responsabilidad ineludible. Y es por eso, que dejo constancia de los hechos en esta carta, que de haber llegado a su poder, significará que he fracasado en mi empresa. Deseo pues, que el lector concluya lo que yo no pude, por el bien propio, y el de este, nuestro bendito pueblo.


"Padre e Hijo" 2ª Parte 
Por: Edgar K. Yera


Mi nombre es Tod, nací un veintinueve de febrero, en un bello pueblo rodeado de altas montañas. Añoro la fresca brisa de la mañana, sus prados verdes, su noche estrellada.

Tener un padre como el que tengo sería el deseo de cualquier niño, él es bueno, siempre ha querido lo mejor para mí. Pero desde hace tantos años como puedo recordar, su tristeza inunda nuestro hogar, lo persigue como una dilatada sombra, lo engulle y quiebra sus entrañas, se alimenta de su pesar, poco queda de él con vida, solo un ápice de lo que hubiera sido en otras circunstancias.

Ahora todo está oscuro, y la única luz que me acompaña es la mano que me lleva hacia otro lugar.
Cuando vaya, no regresaré jamás. Esta carta escrita con la tinta del tiempo es un reclamo, una voz que se apaga y quiere ser oída antes de marchar.

Padre, si pudieras leer estas letras, entenderías tantas cosas que no logras comprender.

Desearía volver a verte sonreír, como cuando me cogías en brazos y me acunabas. Aún puedo escuchar el sonido de tu voz, el tarareo de aquella nana con la que lograbas que me durmiera en tu regazo.

En la soledad de tu alcoba, te he oído repetir mil veces que tal vez sean imaginaciones tuyas, sin embargo...

Te veo desde el otro lado en el que te encuentras, cierro los ojos para dejar de percibir tu horror. Admiro quieto, en completo silencio, como plasmas sobre un folio en blanco la angustia que experimentas. Omites tantas cosas que gritas en el vacío de nuestro hogar. Maldices tantas veces contra las esquinas, rompiendo tus nudillos contra las paredes.

Deseo que este mal que acarreas desaparezca, y me pregunto si mi presencia puede ser la causa.

He decidido decirte adiós para siempre.

Siento el insoportable dolor de mi padre. Siempre he sabido que mi nacimiento fue su mayor alegría, a pesar de que mamá murió en el parto, y él me culpara por ello.

Pero mis pocos días de vida no fueron suficientes. Cada mañana, él llora por los rincones de la casa, ante una imagen de mí que no está. Llora en la puerta de mi habitación intacta, sobre mis diminutos huesos, en el plato vacío.

Lo veo derramar lágrimas de sangre sobre la blanca cerámica.

Lo vemos llorar, mi madre y yo... Desde tan lejos y tan cerca como nos es posible, antes de dejar éste, nuestro bendito pueblo, nuestro amado hogar.









Fin

sábado, 23 de enero de 2016

Zapatos Viejos

Sebastián fue a comprarse unos zapatos nuevos. Los que llevaba puestos, que eran los únicos que tenía, ya habían cumplido seis años. La suela del zapato derecho se había roto, tenía una grieta tan grande que al andar, cualquier piedra que pisaba se colaba por ella y se instalaba bajo su calcetín, provocándole así, una enorme molestia. El zapato izquierdo tenía una banda totalmente descosida, por allí entraban frío, tierra y pelusas.

Zapatos viejos y deteriorados, por el paso del tiempo y el camino recorrido.

Sebastián sentía con vital necesidad desprenderse de ellos y substituirlos por unos nuevos.

Lo peor eran los días de lluvia, aquellos zapatos viejos no lo protegían del agua. Pisotear un charco con ellos era como sumergir los pies en una palangana a rebosar.

Sebastián entró en una zapatería, eligió un par que lo cautivaron a primera vista, expuestos en el escaparate. Los viejos los puso en una bolsa que le dio la dueña de la tienda, y con su calzado nuevo, marchó feliz hacia el trabajo.

Con cuarenta y cinco años, y nunca mejor dicho, aquel hombre se sentía como un crío con zapatos nuevos.

Al girar una esquina se cruzó con una papelera metálica, y allí mismo, lanzó la bolsa con sus zapatos viejos.

* * *

De vuelta del trabajo, de regreso a su hogar, Sebastián admiraba su nuevo calzado. Al llegar a casa se los mostró orgulloso a su esposa.

- ¡Qué bonitos! - le dijo ella- . Por fin te has deshecho de esos viejos zapatos.

Fue en ese mismo instante que, como un rayo atravesándole la sien, Sebastián se percató de algo, un detalle del que jamás hubiera pensado, tuviera un ápice de importancia, pero que, sin embargo, le hizo sentir algo muy intenso, y aquello lo descolocó por completo.

Pensó:

"Lancé mis zapatos viejos sin despedirme de ellos, sin agradecerles todos los pasos dados, el peso que aguantaron durante tanto tiempo"

No le comentó nada a nadie sobre aquel inesperado e inusual sentimiento de culpabilidad que le había generado tal pensamiento.

Pero... De un modo extraño, como una curiosa y malsana enfermedad, aquella idea de abandono provocó en Sebastián una profunda tristeza que se propagó por todo su ser, apoderándose de todos y cada uno de sus sentidos, hasta tal punto que despertó a media noche envuelto en temblores y sudores helados, y sintió la extrema necesidad de salir de casa e ir en busca de sus zapatos viejos, recuperarlos a toda costa y pedirles disculpas, por deshacerse de ellos con total falta de gratitud.

Y así lo hizo, pero al doblar la esquina donde se hallaba aquella papelera metálica, vio que en su interior ya no estaba la bolsa, ni sus viejos zapatos.

* * *

- Vos estás loco, Sebastián. Personalizáis un objeto inanimado. Lo humanizáis y lloráis su abandono. Tan solo eran unos zapatos, unos za-pa-toooos. Viste. La concha de tu madre, Sebastián. Estás en- fer -mo.

Aquellas palabras, propinadas por su amigo, solo acrecentaron en él la sensación de la incomprensión del resto del mundo hacia sus creencias y sentimientos encontrados.

Había perdido a su mujer y a su esperado primer hijo. Habían pasado seis años, sus zapatos nuevos ahora eran viejos y estaban rotos, como aquellos que lanzó en aquella papelera metálica, aquellos que abandonó sin gratitud, aquellos zapatos que fueron el detonante de su amargura.

Sebastián admiraba su calzado, zapatos viejos y deteriorados,  por el paso del tiempo y el camino recorrido.



Fin



sábado, 2 de enero de 2016

Espíritu Navideño

Observo a través del cristal de la ventana, una escena familiar alrededor de un árbol decorado, decenas de regalos, sonrisas, besos y abrazos. El reflejo del rojo encendido de mis pupilas dilata el tiempo, escarcha el vidrio, detiene la felicidad en mi fuero interno y todo sabe a alquitrán en mi paladar.

También tuve una familia, recuerdo vagamente la presencia de unos padres.

- ¡No te traerán más que carbón los jodidos reyes magos!

Añoro lo que jamás viví, añoro el abrazo, la sonrisa y el regalo.

Añoro el saco de carbón, las alianzas y el olor a quemado.



Fin



sábado, 12 de diciembre de 2015

Némesis

- Atiende, hija mía. Los humanos somos seres manipuladores y manipulables. Podemos manipular al resto del mundo o ser manipulados por los demás. Debes preguntarte... ¿A cual de esos dos tipos perteneces tú?

Frotando la yema de su pulgar por un pliegue de su afeitada papada, sonrió cómplice a su pequeña. Agarró un peón del tablero y lo avanzó dos casillas.

- En el primer movimiento, como simple peón, puedes dar uno o dos pasos, esa es la primera elección. Si das un solo paso estarás protegido por tus compañeros de juego, pero restarás lejos de alcanzar el objetivo, derrocar a quién puede derrocarte a ti. Pero si avanzas sin protección, la estrategia puede verse quebrada. Ese es el principal error de los humanos, no romper con el vínculo, la hermandad los destruye. Más te vale dejar que los peones sean otros, que crean que toman sus propias decisiones. En realidad... ¿Importa si avanzan en tropa o individualmente? Siempre y cuando estés en la posición del rey, los peones te serán leales aún sin saberlo. Ellos se mueven por pura supervivencia entre la miseria, mientras, la gente de nuestra clase, vivimos protegidos en nuestro imperio del placer.

La luz se coló entre las cortinas y alumbró, como último suspiro de un eclipse total, la calvicie impoluta del hombre. Recostado en su trono de piel negra.

- Tienes mucho que aprender antes de ganarte mi legado. Se lo cedería encantado a uno de tus primos si creyera que no lo merecieras, pero te estoy forjando con sabiduría, tu capacidad de aprendizaje es del todo indiscutible, pero tus juegos infantiles con el ordenador te distraen.

Posó la mano sobre el cabello castaño de la joven y lo acarició entre sus gruesos dedos.

- Mi inocente "hacker".

Cogió un alfil del tablero y lo puso en una de las manos de su hija.

- Como te decía, manipular o ser manipulado... Esa es la cuestión.

Señaló aquella pieza.

- Ahora eres como ese alfil, debes ser coronada y se ampliará tu perspectiva, tus movimientos serán entonces, ilimitados. Desde este pequeño rincón del mundo, controlo todo un sistema global. Muevo los peones hacia donde más me conviene, solo debo darles una meta en la que creer. Unos darán su vida en nombre de su dios, otros por los colores de su bandera... Por sus creencias. La fe es ciega y se aposenta en la palabra que las personas como yo, y algún día tú, les inculquemos al nacer. Debemos hacerles creer que están en guerra contra ellos mismos, eso les despistará de nuestra presencia. Tenemos las herramientas adecuadas, la lucha entre clases sociales, razas, religiones y nacionalidades. Poco a poco lo entenderás. No deben saber de nuestra existencia. Aquí, en la sombra, somos la luz que se proyecta en el mundo, ellos sostendrán nuestras velas, y cuando necesitemos que se apaguen algunas, solo debemos dirigir nuestro soplido en la dirección adecuada. Los peones llaman a esos efectos, daños colaterales, nosotros, la alfombra de la reina.

El hombre se puso en pie y agarró otra pieza.

- Esta eres tú, mi vida, mi emperatriz.

- Pero, papá. Cometiste el principal error humano, no rompiste el vínculo.

La pantalla del televisor se encendió. Una voz repitió una y otra vez la misma frase.

"Colapso económico mundial, las cuentas bancarias han sido eliminadas, la bolsa ha caído"

Luego apareció una palabra en un azul intenso sobre una imagen, la misma que sostenía el hombre en la palma de su mano. Cayó al abismo y golpeó en el suelo. Su corazón se detuvo y su hija sonrió.

- Yo no cometeré tal error, padre. Yo soy, Némesis.





Fin


viernes, 27 de noviembre de 2015

Tengo todo lo que deseo

Gabriel salió al patio de su casa, era de noche, el resto de la familia dormía.

Admiró las estrellas, llevaba tiempo esperando ver una fugaz para pedir un deseo.

Noche tras noche, Gabriel se paraba en el centro del patio, levantaba la cabeza, y esperaba aquella estrella fugaz que no aparecía nunca.

Recordaba que de niño y de más joven, había visto muchas de ellas, pero ahora, de adulto, no conseguía ver ninguna.

Pensó en su deseo, quería dinero, mucho dinero. Luego recapacitó, se dijo a sí mismo, que el dinero no era un fin, que el fin era tener una gran casa con un inmenso patio, desde donde pediría sus siguientes deseos.

La estrella fugaz no aparecía, no podía pedir su deseo, aquella nueva casa donde llevar a su familia.

Una noche, Gabriel volvió a recapacitar. La casa no era el fin, el fin era ser feliz en aquel nuevo hogar deseado. Así que, ésta vez, decidió que su deseo sería ser feliz.

Pero la estrella fugaz continuaba sin aparecer.

Una noche, Gabriel salió al patio como de costumbre, cuando su familia dormía. Levantó la cabeza y de nuevo, recapacitó. El dinero era para una gran casa, la casa era para ser feliz. Entonces pensó en su familia, en la casa en la que ahora habitaba, y se sintió feliz de lo que ya tenía.

Se dibujó una sonrisa en su rostro.

Gabriel cerró los ojos y exclamó en voz alta:

- ¡Tengo todo lo que deseo!

Gabriel abrió los ojos y vio pasar una estrella fugaz.



Fin

Unicornio Rosa: Capítulo 2 "La pastilla y el arcoíris"

Unicornio Rosa ¿Quieres huir?, ¿encontrar tu lugar en el mundo? ¿Qué esperas encontrar allí dónde vayas?,  ¿quién eres? El viaje empieza en ...