viernes, 14 de agosto de 2015

La Isla y Yo "Capítulo XXXI" (Futuro)

Mis córneas hierven, mis pupilas son como dos pequeñas brasas incandescentes, el sudor me resbala espeso por la frente, mi cuerpo emana hedor a putrefacción. En la borrosidad de mi vista y el oscuro pensamiento que inflama mi cerebro, siento que me va estallar el cráneo, puedo ver, a duras penas, como un pequeño insecto devora un extraño mejunje untado en mi tobillo, huelo a muerte.

Creo que es una hormiga, cabezona y roja, con unos pequeños y afilados colmillos. Está disfrutando de su repugnante banquete. De vez en cuando se detiene, no deja de masticar y me mira directamente a mis perturbados y doloridos ojos.

Mis ideas, nubladas por la oscuridad del sufrimiento, giran incesantes como un remolino de preguntas qué, la verdad, no sé si tendrán respuesta.

¿Este es el reino de Lop que esperaba? ¿Ha valido la pena cruzar el umbral de la soledad? ¿Es Doce una ilusión o un compañero que ha resultado ser una mujer y si es así, son reales mis sentimientos hacia ella? ¿Conservo a "Abrelatas", el botiquín, el espejo donde observar mi decadencia? 

He encontrado al resto de la tripulación, pero ahora son zombies con hambre de nuestra mísera carne. He hallado a otros, traficantes de "lijunia", una hierba alucinógena qué, he llegado a pensar, me ha sumido en un desvarío monumental del que no sé como escapar.

Necesito lucidez, necesito volver a ser yo, la isla y yo.

Me pongo en pie, la hormiga rojiza ha terminado su festín y milagrosamente me encuentro mejor.

A mi lado está Tahohae, me observa sonriente. Sí, en efecto, ella, Doce, es mi compañera, no es una ilusión. En mi cinturón, una cuerda hecha con lianas, reposa "Abrelatas". Recuerdo que entre las pertenencias de Doce se encuentran las mías.

Todo es cierto, por increíble que parezca, tras nuestros pasos hay una horda de zombies, mis antiguos compañeros de viaje del crucero. Los traficantes de "lijunia" podrían regresar en cualquier momento.

Todo son peligros tras nuestros talones.

Me agarro a Tahahoe, cojeo, pero no siento dolor. Mis ojos se desempañan, al igual que mi mente.

Encontramos un pequeño lago, bañamos nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras almas. Nos purificamos de todo lo ocurrido recientemente. El agua se lleva nuestro hedor, nuestra pesadumbre, nuestra oscuridad.

Debemos regresar a nuestra pequeña isla o hacía otra, debemos construir una nueva "Eva" y huir de aquí. Quizás, si volvemos a estar a solas, vivamos en paz.

Quiero descansar, recuperar fuerzas y hacer el amor con Doce hasta que el mundo deje de ser mundo. No quiero un reino, no deseo hallar a nadie más, tan solo quiero amar y ser amado y dejar atrás el peligro que aquí nos acecha.

Parece ser que ella no desea esperar a estar en otro lugar, como si hubiera leído mis pensamientos inscritos en mi mirada, Tahahoe me estira encima de un colchón de flores y me agarra la mano, me sostiene un dedo y lo pasea por cada una de sus cicatrices. Recorro el mapa del paraíso sobre su cuerpo, mi ser penetra el suyo y, por un instante, siento que vivir es algo bueno, que ha valido la pena cualquier cosa para llegar hasta este momento, un instante de placer en el que el resto del mundo parece haber desaparecido.

Eyaculo un torrente de semillas vivarachas en el interior de mi amada, ella aúlla a la luna.

Descansamos abrazados, desnudos, vulnerables pero felices. Nos miramos el uno al otro, lo sabemos, lo percibimos. A partir de ahora portamos algo por lo qué, más que nunca, merecerá la pena continuar, sobrevivir y hallar un lugar mejor. Un lugar donde nuestro fruto pueda nacer, crecer y ser feliz.

El viento ruge, las estrellas iluminan el manto negro que pende sobre nuestras cabezas, el calor de nuestros cuerpos se funde sobre la tierra. Reposo mi cabeza sobre el vientre de mi amor, siento el palpitar latente de una nueva vida, la susurrante voz de nuestro futuro.

Nos dormimos.

Mañana será otro día.



2 comentarios:

  1. Brutal. Un principio oscuro del capítulo hasta que se hace la luz y por fin ocurre lo que tenía que ocurrir. Bravo compañero.

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    1. Muchísimas gracias, Oscar.
      Me alegra que te haya gustado.
      Abrazo, compañero.

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