miércoles, 29 de abril de 2015

Cómplice

Una habitación iluminada por una potente luz fluorescente, el frío es insoportable, la sangre se espesa en los cuerpos helados y retorcidos por el pánico.

Unos ojos expectantes y otros supurando maldad en su máxima expresión, las pupilas dilatadas como crisantemos.

Tres hombres y tres mujeres, en ropa interior, arrodillados y maniatados...

***

- ¿Que te parece, me los cargo? ¿Me los cargo a todos?

- ...

- ¡Se les van a quedar las bragas y los calzones como el pañal de un recién nacido!

- ...

- ¿El primero? ¿El chico alto de pelo castaño? Atiende al sudor, huele a gangrena, es el terror, el miedo despierta a las bestias, ellos se lo han buscado, cada una de esas gotas que caen de sus nucas y encharcan sus curvadas espaldas, son una clara demanda de muerte.

- ...

- Creo que sería un gran favor por nuestra parte acabar con sus vidas de una manera rápida, la muerte por congelación es muy dolorosa, agonizante hasta el último vaporoso aliento. Están empezando a coagularse, sus nervios ya deben estar gravemente afectados, su piel se está tornando de un fascinante color púrpura, aún así siguen sudando como gorrinos, cuando sus pieles se ennegrezcan será demasiado tarde. ¿Lo hacemos ya? ¿La pequeña de cabello rubio?

- ...

- Observa las ampollas de esta pelirroja, sus manos parecen tener diez dedos, ¿Que te parece? No nos oyen, no nos ven, no saben que estamos aquí... ¿Me los cargo? ¿Dime, lo hago? Te oigo pensar, ¡Habla de una maldita vez! ¿Que deseas que haga, dímelo y así lo haré?...

- ...

- ¿Tengo que suplicarte? ¡No puedo soportarlo más! ¿Por qué sigues ahí? Contemplando, ¿A caso disfrutas con esto?

- ...

- ¿Que escribo? Están sufriendo, deja de leer o pídeme que los mate, aquí y ahora, ¡Asume tu responsabilidad! Decide el final de estos inocentes.

- ...



¿Fin?
- ...

lunes, 27 de abril de 2015

El Asesino de Escritores

Aquella tarde, en la firma de libros de la aclamada escritora Paz Curiel, el dardo de una cerbatana inyectó el suficiente veneno en su nuca para que cayera irremediablemente muerta sobre uno de sus libros en promoción.

Su asesino no fue descubierto.

Entre la gente que se hallaba en aquella librería, tras el trágico acontecimiento, desapareció una silueta embutida en un traje azul, portando en su mano un maletín bermellón.

El despertador sonó, como cada mañana, a las 6:00 en punto.

Con el dedo índice de la mano derecha presionó el botón que desactivaba la aguda alarma, luego retiró el pedazo de film en el que había quedado marcada su huella dactilar y la guardó con precisa meticulosidad en su cajita negra, donde se encontraban el resto de indicios matinales, un cúmulo de cuadrados plastificados con su inimitable seña de identidad.

Para Jonás esa colección representaba una más de sus debilidades artísticas que perdurarían el tiempo de vida que le fuera concedido, en su especial interpretación del mundo, una estancia en la tierra que se le había otorgado como propia e intransferible.

Frente al espejo, enérgicamente enfundado en el repetitivo traje de azul zafiro, recitó su  mantra sagrado, después de retirar sus legañas con un pañuelo previamente esterilizado e introducirlo en la caja gris calavera del tocador.

- Soy el Universo, me pertenecen tus palabras, tus sentidos, tu oxígeno. Soy la mano que juzga, la sagrada decisión, tu futuro, no existe el destino, yo soy la voz del camino y mis pasos son la razón.

Cerró la puerta con suma delicadeza y marchó al trabajo con su maletín de piel, funda de cuero rojizo en el que lucía una plateada placa con las siglas de su nombre bellamente grabadas.

Cordial, conciso y de pocas palabras, atendía a los inversores de su empresa de tecnología, resolvía casos de falta de producción, debidos a ciertos problemas de software en los programas de stock que manejaban sus adinerados clientes.

Sus jefes agradecían su gran labor, un ingreso mensual, considerablemente elevado, era lo único que él agradecía de ellos.

Un adiós seco, frío y apático a sus compañeros, acompañado de una sonrisa forzada, la muestra de una hilera de dientes clonados y dolorosamente brillantes, dedicatoria diaria de las 14:30, antes de regresar a su hogar.

Jonás tenía un secreto, una confesión que crecía en su interior, aplastando sus entrañas.

Las teclas de la máquina de escribir de su vecino retumbaban en su sien como mil coces de mil caballos de hierro, trinchando sus neuronas, alborotando su paz, una desbaratada sucesión de rituales que lo mantenían cuerdo dentro de una infernal locura, perturbado por el sonido de la maldita escritura, decidido a actuar lo antes posible.

Gustavo restaba inerte, su cabeza posada sobre sus escritos bañados en sangre, una pluma dorada hundida en su nuca, sus ojos fijos en el vacío de su despacho.

El hombre de traje zafiro, asesino de los amantes de la palabra escrita, borrador de la ficción, odiaba todo aquello que no fuera puramente real, la imaginación era algo para él sencillamente inexistente, el arte, un puñal en el corazón de este mundo, una enfermedad que él, como auto considerado voz de la razón y futuro de la humanidad, debía erradicar con sabia y precisa decisión.

Pero, Jonás tenía un secreto, una confesión que le retorcía el alma.

Él también escribía, poseía un infantil sueño escondido en una de sus cajas, donde guardaba los indicios de su existencia, quería brillar y que sus escritos despertaran un amor añorado.


Fin


sábado, 25 de abril de 2015

Pantiamela

Pantiamela se sentó frente a la estufa de leña, el candor de las brasas y el del interior de ella abarcaban la sala sur del caserón, bellas siluetas en la pared, gruyas, camaleones y elefantes, sombras chinescas elaboradas con sus delicadas manos, un ballet orquestado con delicia, el fuego resplandeciente entre la rejilla de hierro, el esplendor en el rostro de Pantiamela.

- ¿Ves el elefante? ¿La trompa y los colmillos?

- No, no los veo.

- Ahí - Gisela señaló con el dedo hacía la pared del fondo del comedor -. ¿No lo ves?

Santiago negó agitando la cabeza y alzó los hombros con resignación en su mirada.

- Mira la silla vacía frente a la estufa, observa la luz del fuego, proyecta un perfil, ¿Ves eso? Parece una nariz, unos labios ... ¿No lo ves Santi?

- ¡Noooo! ¡No veo nada Gisela!

- Es un fantasma Santi, el fantasma de una niña.

Pantiamela curvó sus manos, puso la izquierda por encima de la derecha, juntó el dedo gordo de una
con el índice de la otra, formando una ese.

- Mira Santi, ahora ha hecho una serpiente... O, ¿Es una ese?

Pantiamela separó las manos sin dejar de curvarlas, las junto de nuevo, creando esta vez una gran "O".

- Un círculo, ¿Lo ves Santi? ¿Un círculo o una "O"? ¿Lo ves?

- No veo nada.

Pantiamela siguió reflejando letras sobre la pared, Gisela las leía entusiasmada.

- Una "Y"... "E"... "L"... "F"..."A"..."N"..."T"..."A"..."S"..."M"..."A"... "D"..."E"..."U"..."N"..."F"..."A"..."N"..."T"..."A"..."S"..."M"..."A"...

- ¡Soy el fantasma de un fantasma!

- ¡Estás loca!

Pantiamela sonrió.

María gritó desde la sala norte del caserón.

- ¡Santiago ven a la cocina!

- ¡Estoy en el comedor con Gisela!

La madre se giró hacia el padre del chico que estaba sentado tras ella, garabateando con la punta de un cuchillo sobre la mesa.

- ¿No vas a decir nada Agustín?

- ¿Por?

- Tu hijo sigue viendo a Gisela.

- Y tu María ¿Qué?

- Yo, ¿Qué de qué?

- Tu hablas conmigo mientras Santi juega con su hermana.

María se dio la vuelta, Santiago estaba allí, frente a ella, en pie, llorando.

- Mamá...

Fin


miércoles, 22 de abril de 2015

El Regreso de Capitán "V"

Una caricia con los cinco dedos de la mano, cinco burbujeantes cosquillas en la fina piel de su rostro, una lágrima viva deslizándose por su rosada mejilla, un rayo de luz entre las cortinas, una inconmensurable paz en el hogar.

El muchacho corrió hacia su habitación, dejó la puerta abierta como de costumbre y se detuvo frente a la gran ventana, el Universo entraba invitado por la mente del chico, envolviéndolo, sentía el cosmos fundirse con sus sueños, una desbordante imaginación acunada por las estrellas, orbitando las estratosferas, surcando entre planetas, se sentía parte del mundo, era un ser feliz sonriéndole a la vida, totalmente agradecido por su existencia.

El hombre de emocionada lágrima se paró ante el espejo, recordaba aquel día en el que tuvo que huir de una horrible realidad, rememoraba su primer viaje astral, su cuerpo yacía sobre una diana de arquero, su nariz sangraba abundante, su  falsamente llamado padre murió aquel liberador día.

Víctor entró en la habitación de su hijo.

- Te quiero Kalel.

- Y yo a ti, padre.

Ambos se agarraron las manos, sus palmas unidas crearon un haz de energía azul que cubrió sus cuerpos por completo, irradiaron una fantástica luz que, poco a poco, se desplazó desde sus pies hasta la coronilla de sus cabezas.

Sus cuerpos quedaron inmóviles sobre la gran alfombra, sus almas despegaron hacia el exterior.

Viajaron por recónditos lugares del espacio, navegaron entre las galaxias, mas allá de nuestro sistema solar, un viaje mágico del que podían regresar en cualquier instante, de nuevo a sus vehículos carnales, para continuar una vida de profundo amor, aquí y ahora, en la Tierra.


Fin

viernes, 17 de abril de 2015

Capitán "V"

Sonó un "Splash" metálico, cinco marcas rojas de cinco dedos de delgadas falanges quedaron grabadas al instante en su rostro, empapado por las lágrimas, los mocos subían y bajaban resoplados y absorbidos por el crío, agazapado, recogido entre sus diminutos brazos, sollozando impotente ante su flacucho y despiadado padre, un tortazo con las huesudas manos abiertas, algo que ya era común ante cualquier desobediencia, el pequeño, como cualquier otro, no podía evitar la negación y aquel mal nacido que tenía por tutor, no la toleraba, "la disciplina se aprende con sangre" era el recurrente aforismo que expresaba, tras adjudicar y propinar la tremenda injusticia que tan a menudo descargaba sobre el frágil cuerpo de su hijo.

Víctor corrió hacia su habitación y con la silla de su escritorio trabó la puerta.

Su padre comenzó a golpear con sus protuberantes nudillos, el chico podía sentir los porrazos sobre la madera como verdaderos impactos en su afligida alma.

- ¡Abre pequeño cabrón! ¡Aún no hemos acabado tu y yo! - Gritaba ese ser, falsamente llamado padre, con rabiosa alevosía -.

Víctor se detuvo en el mismo centro de la alfombra que cubría el suelo de su cuarto, el dibujo de una diana de arquero, en el punto rojo sus pies posados, sintiendo la atracción gravitatoria de su espacio interno, el peso de la atracción magnética del núcleo terrestre que permanecía a millones de kilómetros bajo sus zapatillas deportivas decoradas con icónicas alas desplegadas.

- ¡Abre ahora mismo o echo la puerta al suelo! ¡Cuento hasta diez pequeña mierda! ¡ Uno... Dos... Tres...!

Víctor observó sus pósters de naves espaciales que colgaban de las paredes de su pequeño museo galáctico, admiró el Halcón Milenario, el Super Destructor Imperial, la Legacy, la Nostromo y por último, los ojos del muchacho se clavaron sobre la imagen de la Libertad y la Independencia de Armageddon.

- ¡ Seis... Siete... !

Sus párpados se cerraron como las compuertas del Apolo XIII y contó al unísono, pero a la inversa, del cruel hombre que se precipitaba con sus rudas botas hacía el portal de la lanzadera sideral, estelar refugio del Capitán "V".

- ¡ Ocho... Nueve y... Diez ! - Concluyó el innombrable -.

- ¡ Tres... Dos... Uno! - Finalizó Víctor -.

Una tremenda patada quebró las patas de la silla, una gran brecha resquebrajó la puerta, lo suficiente para que el lobo la abriera con un último soplido.

Víctor yacía en el suelo, con los brazos pegados a ambos costados de su frágil y golpeado cuerpo, con los ojos enormemente abiertos, desorbitados, su nariz sangraba abundante, su alma había despegado, surcaba el espacio exterior en busca de un nuevo padre.




Fin


jueves, 16 de abril de 2015

Clip Girl

Rosanna, la madre de Samantha, se sienta frente al televisor, son las tres y media, su hija le ha pedido que esté atenta a lo que emitirán a continuación...

Tres notas se repiten, melodía introductoria de piano, se une el bajo y los dedos de las manos de una mujer joven se estiran, abriéndose como dos estrellas de mar, mostrando en primer plano sus uñas fucsias y brillantes, un instante antes de rodear con ambas manos la parte superior del volante.

A las tres notas se les añaden cuatro más, creando la melodía principal de la canción, al piano se le unen dos guitarras eléctricas, una de manera rítmica y la otra punteando las notas tónicas con agudeza, al bajo le acompaña ahora la batería, en crescendo, hasta llegar a ciento cuarenta revoluciones, en el mismo instante que la chica pone en marcha su coche descapotable y arranca, alcanzando los ciento cuarenta kilómetros hora.

Su violácea melena ondea como bandera del mundo de los vientos, al son de una fresca melodía pegadiza, con la marcha de mil caballos desbocados.

Un cambio en la melodía, más agitada y burlesca, una llamada a las caderas y traseros más traviesos y a los pies más veloces.

Los labios de la joven lucen negros y los rayos del sol los perfilan con alucinógenos destellos, su boca se abre y canta, sus palabras se inyectan en los oídos, dibujan el contorno de la música Pop que hace vibrar las llantas del descapotable color rosa pastel, tuneado con guindas en llamas y bananas en las puertas de amarillo metálico chillón, exageradamente provocativas, sus puntas están completamente bañadas en cremosa nata de un blanco espumoso deslumbrante.

La chica se levanta las gafas de sol en forma de medias lunas de rojo plastificado y las posa sobre su cabeza, canturrea el estribillo vocalizando sinuosamente sus palabras, explotando estas como pompas de chicle en sus mejillas espolvoreadas con brillantina y dorada purpurina.

"No me ladres hombre, siéntate, no muerdas la mano, que te da de comer" 

"No me ladres hombre, siéntate, no muerdas la mano, que te da de comer" 

En el asiento del copiloto un hombre musculado luce depilados pectorales y marcadas abdominales, una tableta de chocolate con collar de perro, en los asientos de atrás tres acompañantes con la misma indumentaria, slips verde aguacate y cintas de cuero adornadas con pinchos plateados alrededor de sus cuellos.

Mientras entona el lírico título del tema... "Clip Girl... I am a Clip Girl, you are my boy friend... I am your Clip Girl..." La protagonista del vídeo musical lanza galletitas en forma de hueso, de diversos colores y tonalidades vivas y acarameladas, a sus cuatro acompañantes del presuntuoso descapotable, marchando a toda velocidad desaparece en el horizonte, engullido por el crepuscular sol.

En la matrícula del vehículo, antes de desaparecer de la pantalla, leemos... "Lost soul"... Al mismo tiempo que la joven mujer de violácea cabellera pronuncia estas dos últimas palabras junto a las dos últimas notas de la melodía.

Un vórtice oscuro rodea la claridad de los ya casi imperceptibles rayos de luz, hasta cerrarse por completo y sumirlo todo en el negro, unas letras blancas se escriben en el centro, despidiendo el videoclip superficial y kitsch que pronto quedará en el olvido del público.

Rosanna felicita a su hija Samantha, sus labios ya no lucen negros, ni su cabellera es de color violeta, tras su aportación artística empieza un nuevo videoclip de tremendo éxito comercial...


                                                                                                    "The End"


lunes, 13 de abril de 2015

El Sentido de la Vida


- Está bien, creo que ya estoy preparado para saber la verdad.

- Sí, yo también lo creo.

- Entonces, dime... ¿Cual es el verdadero sentido de la vida?

- ¿Tu crees ser real?

- Sí, por supuesto.

- Ese es el sentido.

- ¿Que soy real?

- No. Que crees serlo.



Fin

Unicornio Rosa: Capítulo 2 "La pastilla y el arcoíris"

Unicornio Rosa ¿Quieres huir?, ¿encontrar tu lugar en el mundo? ¿Qué esperas encontrar allí dónde vayas?,  ¿quién eres? El viaje empieza en ...