viernes, 1 de mayo de 2015

Un Paseo en Bicicleta

Con las deportivas ancladas en los pedales con sujeción, el trasero pegado al sillín y ambas manos aferradas al manillar, Ramón pedaleaba cuesta arriba.

Al alcanzar la cima de la pendiente, el ciclista se detuvo por un instante, posó un pie sobre el terreno, se recolocó el casco de media cáscara de nuez y limpió con afán el cristal oscuro de sus gafas con el maillot, lucía un gran diez reflectante en el dorso.

Vislumbró el blanquecino borde del horizonte, bañado por la neblina en el amanecer de su destino y ahondó los pensamientos en su origen, con una respiración profunda y regresiva.

A la voz de "Ahí vamos", se dejó caer por el descendiente sendero con total desenfreno.

A sus noventa y ocho años, Ramón había decidido marchar a su manera.

El viento de poniente y la velocidad en crescendo borraban las arrugas del rostro de Ramón, separó sus piernas y las estiró a ambos lados de la rueda delantera y dirigió las puntas de los pies hacia su cuerpo, abandonó el manillar, alzó sus brazos y los batió como protuberancias aladas de su tronco, el equilibrio era impresionante, su vehículo rodante bajaba a la máxima velocidad que le permitía la realidad, sin temblor alguno, justo antes de franquear el muro de la prisión terrenal y alzarse en vuelo unidireccional hacia el exterior.

El sol se alegró de encontrarse cara a cara con Ramón, su fuerte torso desnudo, sus jóvenes pulmones inflados por el oxigeno puro, más allá de las montañas y los caminos recorridos, allí abajo, en la tierra, su mudado hogar.

Como ave migratoria, desconchando las nubes, Ramón llegó al séptimo cielo con su pequeña bicicleta azul, a las puertas de su casa, el niño aparcó a Ayo Silver en la entrada y entró sin llamar.

De nuevo junto a su madre, justo antes de despedirse e irse a trabajar, a una edad muy temprana, cuando es tiempo de estudio y recreo.

Ya en el interior del útero de la joven Isabel, Ramón se sentía abrigado por el calor de una bella canción.

"Duerme mi niño, mi pequeño bebé, pronto te veré y te besaré"

Su marcha continuó por aquel sendereo descendiente con total desenfreno, la velocidad y el viento de poniente borraban las arrugas, el cuerpo y los pensamientos del ciclista, hasta alcanzar aquel horizonte del amanecer de su destino.

Su alma observaba, desde algún lugar inconcreto, no lograba recordar su origen ni su identidad, poco antes de nacer, decidido a regresar a su manera, a la voz de "Ahí vamos".


Fin

16 comentarios:

  1. Un aptitud nata la de Ramón! Ese "Ahí vamos" es tremendo :) Un abrazo, amigo

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    1. ¡Muchas gracias Ana! Sí, Ramón afronta su vida y su muerte con nata aptitud. Me alegra que te haya parecido tremen ese "Ahí vamos"
      ¡Un abrazo, Amiga! ;)

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  2. aiisshh! me ha matado tu relato :P...hermosamente describes...de forma ingeniosa y sentida haces unas imágenes hermosas con tus letras! chocobesitos!

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    1. ¡Muchas gracias Ady! Me halaga que te haya matado este relato... jejejejje
      Me honran tus bellas palabras.
      ¡Abrazos ChocoCompañera! ;)

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  3. Un viaje al pasado. ¿Morir o volver a vivir? Ramón, un hombre de casi cien años, aún con energía, emprende un descenso en bicicleta por una endiente, y entonces esta se convierte en máquina del tiempo, y Ramón es transportado a su infancia y más allá.
    Bello relato que demuestra que eres capaz de escribir de todo: tan pronto escribes un relato muy bestia, muy gore, como que nos presentas una hombre tan tierna y sensible como esta. Fantástico.
    Un abrazo, amigo.

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    1. ¡Muchas gracias, Ricardo! Me encantan tus comentarios analíticos de mis textos, los haces tuyos y eso me halaga.
      Me honra tu valoración, mi mente creativa funciona así, necesito construir diferentes mundos con almas distintas, donde el mal y el bien campan a sus anchas, regalando momentos horribles y otros de gran belleza, sabes bien de que hablo, esos mundos que tu también plasmas en tus relatos.
      ¡Un abrazo, amigo escritor!

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  4. Ahí vamos. Genial manera de enfrentarse a la vida. De vez en cuando deberíamos hacer como Ramón, dejarnos caer sin pedaleos. Encontrarnos a la vida de frente, sin muros. Estupendo. Un besillo compi.

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    1. ¡Gracias, María! Genial tu síntesis del relato, así es, sin muros, la vida por delante. Gracias.
      ¡Un besillo, Compi! ;)

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  5. Puuuues... Para mí que Ramón se ha reencarnado... Y, aunque no sé si interpreto bien o mal tu Relato, me gusta pensar que ha sido así... ¡Porque me parece realmente fantástico! ¡Fantástico la vitalidad de cada Palabra! Más que muerte, yo solo siento Vida, Vida y Renacimiento... Y me gusta sentirlo así...
    ¡Muchos Besitos, Edgar! ;)

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    1. Puuuues... Me encanta tu interpretación, es un viaje hasta el punto de partida a la reencarnación, sí apañera, diste en el clavo.
      Me halaga tu positiva valoración, te la agradezco de corasaun!
      Vida y Renacimiento es el subtítulo perfecto para este micro.
      ¡Muchos beso, Campanilla! ;)

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  6. Ramón era un hombre valiente, con las ideas claras y el derecho a elegir su destino. Querer no siempre es poder, pero sí lo fue para Ramón :)

    Me ha encantado la descripción de la involución del prota hasta volver al seno materno y después a ese lugar impreciso del que todos provenimos. Ojalá el viaje fuera para todos tan gratificante y divertido, pero sobre todo fuera una elección personal.

    Genial, Edgar, me ha encantado y me ha dado mucho que pensar!!

    Un abrazo y feliz tarde tengas!!

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    1. ¡Muchas gracias Julia! Sí, también creo que es un hombre valiente y osado, con noventa y ocho años tirarse por una pendiente en bicicleta y soltarse de pies y manos, ya me dirás! Eligió irse regresando al punto de partida, esa es la idea.

      Me ha encantado lo de "Ese lugar impreciso del que todos provenimos", ¡Genial!
      Me alegra que te haya gustado, para mí siempre es un gusto leer tus valoraciones y comentarios.
      A mi también me hacen pensar estos temas, mucho.

      ¡Abrazos Amiga, Feliz Noche! ;)

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