Una habitación iluminada por una potente luz fluorescente, el frío es insoportable, la sangre se espesa en los cuerpos helados y retorcidos por el pánico.
Unos ojos expectantes y otros supurando maldad en su máxima expresión, las pupilas dilatadas como crisantemos.
Tres hombres y tres mujeres, en ropa interior, arrodillados y maniatados...
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- ¡Se les van a quedar las bragas y los calzones como el pañal de un recién nacido!
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- ¿El primero? ¿El chico alto de pelo castaño? Atiende al sudor, huele a gangrena, es el terror, el miedo despierta a las bestias, ellos se lo han buscado, cada una de esas gotas que caen de sus nucas y encharcan sus curvadas espaldas, son una clara demanda de muerte.
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- Creo que sería un gran favor por nuestra parte acabar con sus vidas de una manera rápida, la muerte por congelación es muy dolorosa, agonizante hasta el último vaporoso aliento. Están empezando a coagularse, sus nervios ya deben estar gravemente afectados, su piel se está tornando de un fascinante color púrpura, aún así siguen sudando como gorrinos, cuando sus pieles se ennegrezcan será demasiado tarde. ¿Lo hacemos ya? ¿La pequeña de cabello rubio?
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- Observa las ampollas de esta pelirroja, sus manos parecen tener diez dedos, ¿Que te parece? No nos oyen, no nos ven, no saben que estamos aquí... ¿Me los cargo? ¿Dime, lo hago? Te oigo pensar, ¡Habla de una maldita vez! ¿Que deseas que haga, dímelo y así lo haré?...
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- ¿Tengo que suplicarte? ¡No puedo soportarlo más! ¿Por qué sigues ahí? Contemplando, ¿A caso disfrutas con esto?
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- ¿Que escribo? Están sufriendo, deja de leer o pídeme que los mate, aquí y ahora, ¡Asume tu responsabilidad! Decide el final de estos inocentes.
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¿Fin?
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