Lentamente los incisivos van rasgando la piel, acto seguido la boca baja ligeramente, lo suficiente para que los caninos se introduzcan por la leve herida del cuello, la corona se transforma y el marfil se afila, los dientes se tornan colmillos y penetran en la yugular. Brota la sangre y esta es bebida sin prisas y sin pausa, con extremo deleite. Las pupilas se encienden como brasas incandescentes. Así me alimento contigo, tu sangre es mi elixir.
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jueves, 13 de junio de 2019
martes, 4 de junio de 2019
Elisabeth
Un arañazo en la espalda puede ser un acto apasionado mientras haces el amor, pero también puede ser el primer síntoma del terror más puro, sobre todo si cuando te lo hacen estás completamente solo y a oscuras, sentado al borde de la cama, reflexionando sobre otros asuntos paranormales que vienen sucediéndose desde hace unos pocos días.
Esa ventana que se abre durante la noche, esa brisa que recorre tus sábanas y te acaricia el rostro, ese beso en la frente que te despierta con un sobresalto… Hará tres días que alguien empezó a visitarme en mi habitación, un espectro, un ente que me desea. ¿Quién podría ser? La espalda me sangra y empiezo a recordarla. Es ella, Elisabeth, mi difunta ex novia. Regresa a mi mente el momento exacto que corté nuestra breve pero intensa relación, las palabras que me dijo antes de marcharse para siempre, ¿para siempre?, eso creía.
Esa ventana que se abre durante la noche, esa brisa que recorre tus sábanas y te acaricia el rostro, ese beso en la frente que te despierta con un sobresalto… Hará tres días que alguien empezó a visitarme en mi habitación, un espectro, un ente que me desea. ¿Quién podría ser? La espalda me sangra y empiezo a recordarla. Es ella, Elisabeth, mi difunta ex novia. Regresa a mi mente el momento exacto que corté nuestra breve pero intensa relación, las palabras que me dijo antes de marcharse para siempre, ¿para siempre?, eso creía.
Me dijo: “nadie me ha hecho sufrir tanto como tú, y prometo que muy pronto te arrepentirás de todo el dolor que me has causado”.
Una semana más tarde me enteré de su suicidio, aquella misma noche que nos vimos por última vez... ¿última?, no, ella está aquí de nuevo, ha vuelto para cumplir su promesa de venganza.
Una semana más tarde me enteré de su suicidio, aquella misma noche que nos vimos por última vez... ¿última?, no, ella está aquí de nuevo, ha vuelto para cumplir su promesa de venganza.
No entiendo como es posible que no fuera ella quien acabara con nuestra relación, después de todo, ella tenía razón, fui muy cruel con Elisabeth, cada uno de los días que estuvimos juntos. Pero acabé por aburrirme.
Siento un dolor indescriptible en mi vientre, aparecen moratones en mis muslos, y empiezo a sangrar por el recto… su venganza se está consumando, es un ojo por ojo y diente por diente.
Han pasado dos días, sigo con vida, y el espíritu vengativo de Elisabeth ha dejado de visitarme. No concilio el sueño, el dolor físico ha cesado, pero ahora es más intenso, está en mi sangre, en mi alma. Creo que solo hay una manera de acabar con este sufrimiento, del mismo modo que lo fue para ella. Este es, sin lugar a dudas, el final que merezco.
Pero una vez yo muera, no sentiré la necesidad de venganza que sintió ella, no iré a visitar a nadie. Pues para mí... no debe haber lugar en este mundo.
martes, 11 de octubre de 2016
La Última Velada
Siempre pensé que la muerte era una exclusiva decisión de Dios, que él es quien nos dio la vida, y él quien debe decidir cómo y cuando acabará ésta.
Mi hermano Santiago llevaba desaparecido seis meses. La policía encontró su ropa y su cartera vacía en una callejuela de uno de los barrios más peligrosos de nuestra gran ciudad. Su camisa estaba manchada por su propia sangre, había un gran charco de ella bajo sus pertenencias, en abundancia. Nos alertaron de que posiblemente hubiera sido asesinado, y aunque las pruebas apuntaban a que realmente así había sido, yo no podía creer que mi hermano pequeño estuviera muerto, no sin que hallaran su cuerpo.
Pasaron un par de semanas desde que la policía cerrara el caso, y dejaran de buscar el rastro que los condujera al cadáver, no tenían suficientes pruebas; nos dijeron a mí y a mi familia, cuando conocí a un doctor que trabajaba con Santiago.
El buen doctor me ayudó mucho en mi duelo. Mantuvimos largas conversaciones sobre la desaparición de mi hermano, sobre la muerte, y la mejor manera de superar algo tan terrible.
Una noche el doctor me invitó a cenar a su casa.
El ambiente era demasiado romántico para mi gusto; velas, música clásica, un Pinot Noir, y dos solomillos con salsa de arándanos. Pero pronto me sentí cómodo, y de nuevo, iniciamos una de nuestras agradables charlas.
- Hay algo mucho peor que la muerte de un ser querido - le dije- .
- ¿El qué, amigo?
- No saber si éste ha muerto o no.
- Cierto.
- Nadie debe decidir cuando uno debe morir, ni siquiera uno mismo. El aborto, la eutanasia, el suicidio... eso es jugar a ser Dios, y sólo Dios, quién nos da la vida, debe decidir.
Eufórico di un último trago a mi copa de vino tinto, y mi cabeza dio un vuelco, caí irremediablemente sobre los restos del solomillo.
El doctor me quitó la venda de los ojos, literal y metafóricamente. Cuando vi a mi hermano, tumbado y amarrado con cadenas sobre aquella camilla metálica, con los ojos ensangrentados. Le faltaban ambas piernas y medio brazo. Tenía un enorme boquete en la parte lumbar, alojado entre las costillas inferiores y la columna vertebral; más concretamente, encima de los riñones.
Estaba conectado a una máquina de respiración artificial, y a un par de sueros.
Me miró fijamente y balbuceó.
- Mátame hermano, mátame, por favor.
El doctor giró su rostro hacia mí, con una diabólica mueca sonriente.
- He ahí la respuesta a tus dudas. La muerte a veces es la única salida. El fin del sufrimiento.
Siempre pensé que la muerte era una exclusiva decisión de Dios... Ahora tan solo espero que Lecter decida pronto el momento de la mía.
La pinot noir es una variedad de uva de vino. El nombre puede hacer referencia también a los vinos realizados sobre todo a partir de esta uva. El nombre deriva de las palabras francesas pine y noir. Wikipedia
*Nota: Un paciente puede balbucear (hablar con dificultad), si la conexión al ventilador es a través de una cánula de traqueostomía y se le conecta a ésta un adaptador especial llamado "válvula para hablar". Buen provecho.
Dr. Hannibal Lecter
Mi hermano Santiago llevaba desaparecido seis meses. La policía encontró su ropa y su cartera vacía en una callejuela de uno de los barrios más peligrosos de nuestra gran ciudad. Su camisa estaba manchada por su propia sangre, había un gran charco de ella bajo sus pertenencias, en abundancia. Nos alertaron de que posiblemente hubiera sido asesinado, y aunque las pruebas apuntaban a que realmente así había sido, yo no podía creer que mi hermano pequeño estuviera muerto, no sin que hallaran su cuerpo.
Pasaron un par de semanas desde que la policía cerrara el caso, y dejaran de buscar el rastro que los condujera al cadáver, no tenían suficientes pruebas; nos dijeron a mí y a mi familia, cuando conocí a un doctor que trabajaba con Santiago.
El buen doctor me ayudó mucho en mi duelo. Mantuvimos largas conversaciones sobre la desaparición de mi hermano, sobre la muerte, y la mejor manera de superar algo tan terrible.
Una noche el doctor me invitó a cenar a su casa.
El ambiente era demasiado romántico para mi gusto; velas, música clásica, un Pinot Noir, y dos solomillos con salsa de arándanos. Pero pronto me sentí cómodo, y de nuevo, iniciamos una de nuestras agradables charlas.
- Hay algo mucho peor que la muerte de un ser querido - le dije- .
- ¿El qué, amigo?
- No saber si éste ha muerto o no.
- Cierto.
- Nadie debe decidir cuando uno debe morir, ni siquiera uno mismo. El aborto, la eutanasia, el suicidio... eso es jugar a ser Dios, y sólo Dios, quién nos da la vida, debe decidir.
Eufórico di un último trago a mi copa de vino tinto, y mi cabeza dio un vuelco, caí irremediablemente sobre los restos del solomillo.
El doctor me quitó la venda de los ojos, literal y metafóricamente. Cuando vi a mi hermano, tumbado y amarrado con cadenas sobre aquella camilla metálica, con los ojos ensangrentados. Le faltaban ambas piernas y medio brazo. Tenía un enorme boquete en la parte lumbar, alojado entre las costillas inferiores y la columna vertebral; más concretamente, encima de los riñones.
Estaba conectado a una máquina de respiración artificial, y a un par de sueros.
Me miró fijamente y balbuceó.
- Mátame hermano, mátame, por favor.
El doctor giró su rostro hacia mí, con una diabólica mueca sonriente.
- He ahí la respuesta a tus dudas. La muerte a veces es la única salida. El fin del sufrimiento.
Siempre pensé que la muerte era una exclusiva decisión de Dios... Ahora tan solo espero que Lecter decida pronto el momento de la mía.
Fin
Apuntes:
*Nota: Un paciente puede balbucear (hablar con dificultad), si la conexión al ventilador es a través de una cánula de traqueostomía y se le conecta a ésta un adaptador especial llamado "válvula para hablar". Buen provecho.
Dr. Hannibal Lecter
sábado, 10 de septiembre de 2016
Polaroid
El profundo corte en la mejilla desfiguró su sonrisa. Las lágrimas empaparon la mordaza de su hermana. Aquello dejó de ser un juego. Se apagaron las luces, y el flash se disparó una última vez.
Madre empezó a reír, padre la hizo callar. Y yo, encendí la luz de nuevo para observar el resultado de la fotografía.
Madre empezó a reír, padre la hizo callar. Y yo, encendí la luz de nuevo para observar el resultado de la fotografía.
sábado, 2 de enero de 2016
Espíritu Navideño
Observo a través del cristal de la ventana, una escena familiar alrededor de un árbol decorado, decenas de regalos, sonrisas, besos y abrazos. El reflejo del rojo encendido de mis pupilas dilata el tiempo, escarcha el vidrio, detiene la felicidad en mi fuero interno y todo sabe a alquitrán en mi paladar.
También tuve una familia, recuerdo vagamente la presencia de unos padres.
- ¡No te traerán más que carbón los jodidos reyes magos!
Añoro lo que jamás viví, añoro el abrazo, la sonrisa y el regalo.
Añoro el saco de carbón, las alianzas y el olor a quemado.
También tuve una familia, recuerdo vagamente la presencia de unos padres.
- ¡No te traerán más que carbón los jodidos reyes magos!
Añoro lo que jamás viví, añoro el abrazo, la sonrisa y el regalo.
Añoro el saco de carbón, las alianzas y el olor a quemado.
Fin
miércoles, 21 de octubre de 2015
Halloween
- Esta noche caerás rendido a mis pies.
Ante mí, en el espejo, lucía Jack Skellington desfigurado, demacrado por el abrasador aire del lugar y los insanos efectos del alcohol.
Carol Anne agarró mi mano y me condujo hacia la luz, se detuvo frente al televisor, emitía una deslumbrante niebla, pude sentir la dilatación de mis pupilas con el desgarro de mis córneas.
Palpitaban mis globos oculares al son de los bafles del equipo de música.
Noté las puntas afiladas en mi espalda, me di la vuelta. Krueger me sonrió con dantesca mueca. Me hizo rodar como a una peonza y lo grotesco de máscaras y disfraces se aglutinaron en mis retinas.
Me detuvo un ser gigantesco, su piel era oscura y sudoraba. Pequeñas fauces se asomaron por su boca, babeantes. Aquellos diminutos dientes en forma de puño golpearon mi sien y caí al suelo.
Desperté en el hospital. La doctora me explicó lo sucedido.
Entonces recordé las palabras de Maléfica. Y allí estaba yo, rendido a sus pies.
Sin el maquillaje no parecía ella, se cambió el disfraz por su uniforme de trabajo.
- Ahora respira profundamente y duerme...
Ante mí, en el espejo, lucía Jack Skellington desfigurado, demacrado por el abrasador aire del lugar y los insanos efectos del alcohol.
Carol Anne agarró mi mano y me condujo hacia la luz, se detuvo frente al televisor, emitía una deslumbrante niebla, pude sentir la dilatación de mis pupilas con el desgarro de mis córneas.
Palpitaban mis globos oculares al son de los bafles del equipo de música.
Noté las puntas afiladas en mi espalda, me di la vuelta. Krueger me sonrió con dantesca mueca. Me hizo rodar como a una peonza y lo grotesco de máscaras y disfraces se aglutinaron en mis retinas.
Me detuvo un ser gigantesco, su piel era oscura y sudoraba. Pequeñas fauces se asomaron por su boca, babeantes. Aquellos diminutos dientes en forma de puño golpearon mi sien y caí al suelo.
Desperté en el hospital. La doctora me explicó lo sucedido.
"¿Cual de aquellas terroríficas criaturas vertió esas drogas en mi copa?"
Entonces recordé las palabras de Maléfica. Y allí estaba yo, rendido a sus pies.
Sin el maquillaje no parecía ella, se cambió el disfraz por su uniforme de trabajo.
- Ahora respira profundamente y duerme...
Fin
lunes, 19 de octubre de 2015
Amé al Diablo en Vano
Jamás conocí ser humano más valeroso que yo.
Me enfrenté a todo tipo de terrores, aquellos que perturbaban mi ser. Dormí desnudo en la fría cueva, bajo un manto de insectos crujientes. Arranqué cabezas de aves con mis dientes, y me alimenté de su sangre. Vi arder lo que más amaba... Oí sus gritos desesperados, pidiéndome auxilio. Chillaban: "Por favor, papá, no nos hagas esto" , y no cerré los ojos, no pestañeé. Disfruté observando como se calcinaban, aquellos qué, una vez, confiaron plenamente en mí.
Pronuncié las palabras innombrables. Con mi capa negra de plumas de cuervo y la tez pintada con las cenizas de mis vástagos.
Entonces descubrí el peor de todos los males, sentí el verdadero miedo.
Él, no vino a mi encuentro. Me quedé solo. Había destruido todo aquello que le daba sentido a mi anterior vida.
Realicé cada una de las instrucciones del libro negro y no ocurrió absolutamente nada.
Allí me hallé... Con el alma quebrada.
Jamás conocí ser humano más cobarde que yo.
Amé al diablo en vano.
Me enfrenté a todo tipo de terrores, aquellos que perturbaban mi ser. Dormí desnudo en la fría cueva, bajo un manto de insectos crujientes. Arranqué cabezas de aves con mis dientes, y me alimenté de su sangre. Vi arder lo que más amaba... Oí sus gritos desesperados, pidiéndome auxilio. Chillaban: "Por favor, papá, no nos hagas esto" , y no cerré los ojos, no pestañeé. Disfruté observando como se calcinaban, aquellos qué, una vez, confiaron plenamente en mí.
Pronuncié las palabras innombrables. Con mi capa negra de plumas de cuervo y la tez pintada con las cenizas de mis vástagos.
Entonces descubrí el peor de todos los males, sentí el verdadero miedo.
Él, no vino a mi encuentro. Me quedé solo. Había destruido todo aquello que le daba sentido a mi anterior vida.
Realicé cada una de las instrucciones del libro negro y no ocurrió absolutamente nada.
Allí me hallé... Con el alma quebrada.
Jamás conocí ser humano más cobarde que yo.
Amé al diablo en vano.
Fin
lunes, 7 de septiembre de 2015
Conejo de Pascua
Su última voluntad fue morir de viejo. Su hermano murió de niño y aquello fue tan doloroso que pensó que le podría ocurrir a él por igual.
Pedro Trigo descansaba en la cama del hospital, cumplía cien años aquel día y su fuerza vital se apagaba como las velas de su pastel de aniversario.
Los mayores salieron a charlar al pasillo.
Clara y Tomás se quedaron a solas en la habitación con el centenario homenajeado.
- Bisabuelo, te queremos - dijo Clara -.
- Hoy es tu cumpleaños y día de Pascua - Añadió Tomás -.
El anciano empezó a temblar y con los ojos desorbitados miró fijamente a los pequeños.
- ¡Pascua, no! ¡Conejo de Pascua, no! ¡Salid, corred, escondeos!
Pedrito Trigo corría por el parque de su pequeño pueblo, su hermano había muerto.
Pedazos de carne desgarrada colgaban de los columpios. Una cascada de sangre bajaba por el tobogán.
El Conejo de Pascua lo llevaba en su gran saco. Camino de la madriguera.
Pedrito se escondió tras unos matorrales.
"Imagina otra cosa, esto no puede ser real"
Cubrió su rostro con las palmas de las manos.
"Cuenta hasta tres, esto no puede ser verdad"
"Uno, dos y tres..."
Carla y Tomás se despidieron del bisabuelo, al igual que el resto de la familia.
Era tarde y el anciano debía tomar su medicación y descansar.
Los pequeños fueron a recoger sus huevos de chocolate.
Pedro Trigo no podía dormir.
En la penumbra de su habitación veía una sombra de enormes orejas peludas acercarse a su cama.
Poco a poco.
Olía a zanahorias podridas y emitía un agudo gruñido.
- No puedes esconderte, mi niño.
El anciano cubrió su rostro con las palmas de las manos.
"Esto no puede ser verdad... Cuenta hasta tres y la pesadilla acabará..."
"Uno, dos y tres..."
Pedrito se destapó los ojos, su hermano jugaba feliz en los columpios, lanzándose por el tobogán.
Pedro Trigo descansó para siempre. Se cumplió su última voluntad.
Pedro Trigo descansaba en la cama del hospital, cumplía cien años aquel día y su fuerza vital se apagaba como las velas de su pastel de aniversario.
Los mayores salieron a charlar al pasillo.
Clara y Tomás se quedaron a solas en la habitación con el centenario homenajeado.
- Bisabuelo, te queremos - dijo Clara -.
- Hoy es tu cumpleaños y día de Pascua - Añadió Tomás -.
El anciano empezó a temblar y con los ojos desorbitados miró fijamente a los pequeños.
- ¡Pascua, no! ¡Conejo de Pascua, no! ¡Salid, corred, escondeos!
Pedrito Trigo corría por el parque de su pequeño pueblo, su hermano había muerto.
Pedazos de carne desgarrada colgaban de los columpios. Una cascada de sangre bajaba por el tobogán.
El Conejo de Pascua lo llevaba en su gran saco. Camino de la madriguera.
Pedrito se escondió tras unos matorrales.
"Imagina otra cosa, esto no puede ser real"
Cubrió su rostro con las palmas de las manos.
"Cuenta hasta tres, esto no puede ser verdad"
"Uno, dos y tres..."
Carla y Tomás se despidieron del bisabuelo, al igual que el resto de la familia.
Era tarde y el anciano debía tomar su medicación y descansar.
Los pequeños fueron a recoger sus huevos de chocolate.
Pedro Trigo no podía dormir.
En la penumbra de su habitación veía una sombra de enormes orejas peludas acercarse a su cama.
Poco a poco.
Olía a zanahorias podridas y emitía un agudo gruñido.
- No puedes esconderte, mi niño.
El anciano cubrió su rostro con las palmas de las manos.
"Esto no puede ser verdad... Cuenta hasta tres y la pesadilla acabará..."
"Uno, dos y tres..."
Pedrito se destapó los ojos, su hermano jugaba feliz en los columpios, lanzándose por el tobogán.
Pedro Trigo descansó para siempre. Se cumplió su última voluntad.
Fin
miércoles, 29 de julio de 2015
Misofobia
- Doctor, el paciente está listo.
Envuelto en film transparente para embalar, como un pedazo de carne embutida. Guantes de látex, máscara de gas y botas de montaña de gore tex. Julio Ortega paseaba por las ramblas de la gran ciudad.
Sonó el despertador a las seis treinta y dio un salto de la cama.
El motor de su auto había muerto, misteriosamente. Sin dinero en efectivo para un taxi, sacó un billete de metro con su tarjeta de crédito.
Entre un obeso que emanaba hedor a caliqueño y carajillo de anís y una anciana con halitosis y sudores en la espesura de su vello axilar, Ortega arqueaba.
Julio entró en el vestuario.
Agarró la pastilla de jabón. Mientras el agua caía sobre sus espumosas manos, la pastilla se tornaba negra, el agua se oscurecía, la pica se teñía de una negrura inclasificable, todo el entorno se volvió sombrío y el color de la mugre se adueñó de las córneas de Julio.
Operó con cautela, el paciente no debía correr peligro, la misofobia del Doctor Ortega podía contaminar, a corazón abierto, el alma de otra posible víctima.
Envuelto en film, en la hora más oscura, Julio Ortega paseaba, bisturí en mano.
- Operemos.
Envuelto en film transparente para embalar, como un pedazo de carne embutida. Guantes de látex, máscara de gas y botas de montaña de gore tex. Julio Ortega paseaba por las ramblas de la gran ciudad.
Sonó el despertador a las seis treinta y dio un salto de la cama.
El motor de su auto había muerto, misteriosamente. Sin dinero en efectivo para un taxi, sacó un billete de metro con su tarjeta de crédito.
Entre un obeso que emanaba hedor a caliqueño y carajillo de anís y una anciana con halitosis y sudores en la espesura de su vello axilar, Ortega arqueaba.
Julio entró en el vestuario.
Agarró la pastilla de jabón. Mientras el agua caía sobre sus espumosas manos, la pastilla se tornaba negra, el agua se oscurecía, la pica se teñía de una negrura inclasificable, todo el entorno se volvió sombrío y el color de la mugre se adueñó de las córneas de Julio.
Operó con cautela, el paciente no debía correr peligro, la misofobia del Doctor Ortega podía contaminar, a corazón abierto, el alma de otra posible víctima.
Envuelto en film, en la hora más oscura, Julio Ortega paseaba, bisturí en mano.
- Operemos.
Fin
jueves, 23 de julio de 2015
Buen Provecho
Tres bandejas... Un primero, un segundo y el postre.
Como entrante, una rica sopa fría. Como un gazpacho veraniego, para combatir el calor.
250 gr. de fatiga.
300 gr. de depresión.
6 cucharadas de locura.
Una pizca de perversión.
De segundo, un delicioso pastel de carne, lo he picado todo, bien triturado.
Mi mujer, que en paz descanse, en su lecho de muerte me pidió una cosa y me obsequió con un buen consejo; "Procura que nuestros hijos sean felices y saborea cada instante, la vida es corta". Lo primero no lo estaba logrando, así qué, pondré punto final a mi fracaso como padre y seguiré a rajatabla lo segundo.
39 kg. de carne.
3 litros de sangre.
Como reza el dicho; "De pequeños te los comerías, luego te arrepientes de no haberlo hecho".
Yo no experimentaré tal arrepentimiento.
Como entrante, una rica sopa fría. Como un gazpacho veraniego, para combatir el calor.
250 gr. de fatiga.
300 gr. de depresión.
6 cucharadas de locura.
Una pizca de perversión.
De segundo, un delicioso pastel de carne, lo he picado todo, bien triturado.
Y de postre... Sentiré de nuevo el palpitar en mi paladar. Mis papilas gustativas gozarán con los pequeños corazones que un día nos llenaron el alma... Hoy llenarán mi estómago.
Mi mujer, que en paz descanse, en su lecho de muerte me pidió una cosa y me obsequió con un buen consejo; "Procura que nuestros hijos sean felices y saborea cada instante, la vida es corta". Lo primero no lo estaba logrando, así qué, pondré punto final a mi fracaso como padre y seguiré a rajatabla lo segundo.
39 kg. de carne.
3 litros de sangre.
Como reza el dicho; "De pequeños te los comerías, luego te arrepientes de no haberlo hecho".
Yo no experimentaré tal arrepentimiento.
Fin
domingo, 21 de junio de 2015
Familia
Abrió el grifo y el agua corrió hacía sus manos. Se le desprendieron las uñas de los dedos y la piel de la carne. La sangre se mezcló con el líquido transparente. Los huesos se deshicieron.
Todo se fue por el sumidero.
Alzó los muñones sangrantes y se miró el rostro en el espejo. No era el suyo. Eran los ojos de su mujer, las orejas de una de sus tres hijas, la nariz y los pómulos de las otras dos. El cabello era el de su suegro, las arrugas de su anciana madre y esos dientes, tampoco eran los suyos. Admiraba la sonrisa de su hermano.
Habían cesado los gritos en aquella casa. El silencio se había apoderado de las paredes, de cada habitación.
Las niñas no lloraban ni peleaban. Sara se abrazaba a su cuñado, ambos con los ojos cerrados. El abuelo no volvería a pronunciar palabra en contra de las perezas y las adicciones de Pablo. Su anciana madre no estaría una vez más preocupada por los delicados asuntos de su hijo. No lo juzgarían de nuevo.
Desaparecía frente al espejo, tras sus manos, el resto. Todo por el sumidero.
Su familia restaba en silencio en el comedor. Habían unido sus fuerzas.
Todo se fue por el sumidero.
Alzó los muñones sangrantes y se miró el rostro en el espejo. No era el suyo. Eran los ojos de su mujer, las orejas de una de sus tres hijas, la nariz y los pómulos de las otras dos. El cabello era el de su suegro, las arrugas de su anciana madre y esos dientes, tampoco eran los suyos. Admiraba la sonrisa de su hermano.
Habían cesado los gritos en aquella casa. El silencio se había apoderado de las paredes, de cada habitación.
Las niñas no lloraban ni peleaban. Sara se abrazaba a su cuñado, ambos con los ojos cerrados. El abuelo no volvería a pronunciar palabra en contra de las perezas y las adicciones de Pablo. Su anciana madre no estaría una vez más preocupada por los delicados asuntos de su hijo. No lo juzgarían de nuevo.
Desaparecía frente al espejo, tras sus manos, el resto. Todo por el sumidero.
Su familia restaba en silencio en el comedor. Habían unido sus fuerzas.
Fin
lunes, 15 de junio de 2015
El Caserón 3
Boris, Elisabeth y Daniel se despidieron de Susan y Rose. Cada uno de ellos se subió en su coche.
En el instante en el que Boris iba a cerrar la puerta se oyó un gritó que provenía del otro lado del caserón, donde se encontraba la puerta de entrada, puerta que habían visto todos, estaba tapiada.
- ¡No os vayáis aún! - Gritó una misteriosa voz de mujer -.
La família Sullivan y las hermanas Ortiz se sobresaltaron.
- Esperad un momento, voy a ver. - Dijo Boris- .
Pasaron diez minutos y el señor Sullivan no regresaba.
Susan y Rose también esperaban, la curiosidad las mantuvo allí.
- ¿Chicas podéis vigilar a Daniel? - Preguntó Elisabeth a las hermanas, que permanecían en su cohe con ambas puertas entreabiertas- . Voy a ver porque tarda tanto en volver mi marido.
- Tranquila - Espetó Rose -. Yo iré a ver .
De nuevo pasó el tiempo, eternos minutos sin rastro de los que habían marchado.
Daniel se había dormido. Susan fue en busca de su hermana y de Boris.
Un rato después, Elisabeth se vio obligada a despertar a su hijo y ambos fueron tras los pasos de los demás.
A la mañana siguiente, la familia Torrens llegó al caserón. Aparcaron en el camino de tierra, tras el campanario. Era el único coche a la vista.
El caserón parecía un pequeño castillo, con un campanario, un pozo entre rejas y un cementerio particular.
Es un hermoso lugar, decenas de personas lo visitan cada día.
En el instante en el que Boris iba a cerrar la puerta se oyó un gritó que provenía del otro lado del caserón, donde se encontraba la puerta de entrada, puerta que habían visto todos, estaba tapiada.
- ¡No os vayáis aún! - Gritó una misteriosa voz de mujer -.
La família Sullivan y las hermanas Ortiz se sobresaltaron.
- Esperad un momento, voy a ver. - Dijo Boris- .
Pasaron diez minutos y el señor Sullivan no regresaba.
Susan y Rose también esperaban, la curiosidad las mantuvo allí.
- ¿Chicas podéis vigilar a Daniel? - Preguntó Elisabeth a las hermanas, que permanecían en su cohe con ambas puertas entreabiertas- . Voy a ver porque tarda tanto en volver mi marido.
- Tranquila - Espetó Rose -. Yo iré a ver .
De nuevo pasó el tiempo, eternos minutos sin rastro de los que habían marchado.
Daniel se había dormido. Susan fue en busca de su hermana y de Boris.
Un rato después, Elisabeth se vio obligada a despertar a su hijo y ambos fueron tras los pasos de los demás.
A la mañana siguiente, la familia Torrens llegó al caserón. Aparcaron en el camino de tierra, tras el campanario. Era el único coche a la vista.
El caserón parecía un pequeño castillo, con un campanario, un pozo entre rejas y un cementerio particular.
Es un hermoso lugar, decenas de personas lo visitan cada día.
Fin
El Caserón 2
- Observa Rose, seguimos a ese coche desde el primer cruce. - Le dijo Susan a su hermana- .
Pararon en una estación de servicio a comprar tabaco y luego continuaron la marcha.
Aparcaron en un camino de tierra, tras el campanario, detrás del coche al que habían estado siguiendo un rato antes.
Susan intentaba abrir la llave de paso del pozo.
- ¡No va! - Exclamó un niño que permanecía quieto a su lado -.
- ¡Uy! Que susto me has dado. ¿Como te llamas, chico?
- Me llamo Daniel. Ese pozo da miedo, es muy oscuro.
- No temas pequeño, ahí abajo no hay nada, el miedo solo está en tu cabecita.
Elisabeth admiraba las lapidas del cementerio.
- Buenos días. - Dijo Rose- .
- Buenos días. - Respondió Elisabeth -.
Ambas admiraban los apellidos grabados de las familias qué, en aquel antiguo caserón, habían vivido y habían muerto.
Boris se asomó al pozo, luego su mujer. Ambos observaron la oscuridad.
- ¡Uuuuuh! ¡Que miedo! - Canturreó Boris con voz fantasmal- .
- Ja, ja, ja, ja... -Rió su mujer- .
Boris volteó el campanario, se topó con aquel lugar enzarzado, el camino estaba al otro lado, al sur de la torre. Allí se encontraban, el coche de ellos y el de las dos hermanas.
Aquel caserón parecía un pequeño castillo, con un campanario, un pozo entre rejas y un cementerio particular.
Era un lugar hermoso, cada día recibía decenas de visitas. Se respiraba calma, envuelto por un gran valle, cerca se podía oír un riachuelo de incesante murmullo.
Pararon en una estación de servicio a comprar tabaco y luego continuaron la marcha.
Aparcaron en un camino de tierra, tras el campanario, detrás del coche al que habían estado siguiendo un rato antes.
Susan intentaba abrir la llave de paso del pozo.
- ¡No va! - Exclamó un niño que permanecía quieto a su lado -.
- ¡Uy! Que susto me has dado. ¿Como te llamas, chico?
- Me llamo Daniel. Ese pozo da miedo, es muy oscuro.
- No temas pequeño, ahí abajo no hay nada, el miedo solo está en tu cabecita.
Elisabeth admiraba las lapidas del cementerio.
- Buenos días. - Dijo Rose- .
- Buenos días. - Respondió Elisabeth -.
Ambas admiraban los apellidos grabados de las familias qué, en aquel antiguo caserón, habían vivido y habían muerto.
Boris se asomó al pozo, luego su mujer. Ambos observaron la oscuridad.
- ¡Uuuuuh! ¡Que miedo! - Canturreó Boris con voz fantasmal- .
- Ja, ja, ja, ja... -Rió su mujer- .
Boris volteó el campanario, se topó con aquel lugar enzarzado, el camino estaba al otro lado, al sur de la torre. Allí se encontraban, el coche de ellos y el de las dos hermanas.
Aquel caserón parecía un pequeño castillo, con un campanario, un pozo entre rejas y un cementerio particular.
Era un lugar hermoso, cada día recibía decenas de visitas. Se respiraba calma, envuelto por un gran valle, cerca se podía oír un riachuelo de incesante murmullo.
Fin
El Caserón
- Ese coche nos sigue desde el primer cruce. -Susurró al volante - .
Boris conducía. Su mujer, Elisabeth, no dejaba de juguetear con el móvil en el asiento del copiloto. El pequeño Daniel dormía en el asiento de atrás.
El caserón parecía un pequeño castillo, con un campanario, un pozo entre rejas y un cementerio particular.
Daniel se asomó entre los barrotes del pozo. Había una escalera y un surtidor con una llave de paso.
Intentó alcanzarla y con sus dedos pudo abrirla, pero no había agua. Observó la oscuridad.
Elisabeth admiraba las lápidas del cementerio, los apellidos de las familias que habían vivido y habían muerto en aquel antiguo caserón.
- ¿Donde hemos aparcado, Eli? - Preguntó Boris a su mujer -.
- En el camino, tras el campanario. - Contestó ella -.
- Vengo de allí. No hay camino, no está nuestro coche. Todo son zarzas.
Boris se asomó al pozo, luego su mujer. Ambos observaron la oscuridad.
Susan aparcó tras el campanario, en el camino de tierra. Su hermana, Rose, bajó del coche.
- Echemos un vistazo. Esta casa es increíble, parece un pequeño castillo.
Susan se acercó al pozo. Metió un brazo entre los barrotes e intentó abrir la llave.
Rose admiraba las lápidas del cementerio, los apellidos de las familias que allí habían vivido y que allí habían muerto.
Boris conducía. Su mujer, Elisabeth, no dejaba de juguetear con el móvil en el asiento del copiloto. El pequeño Daniel dormía en el asiento de atrás.
El caserón parecía un pequeño castillo, con un campanario, un pozo entre rejas y un cementerio particular.
Daniel se asomó entre los barrotes del pozo. Había una escalera y un surtidor con una llave de paso.
Intentó alcanzarla y con sus dedos pudo abrirla, pero no había agua. Observó la oscuridad.
Elisabeth admiraba las lápidas del cementerio, los apellidos de las familias que habían vivido y habían muerto en aquel antiguo caserón.
- ¿Donde hemos aparcado, Eli? - Preguntó Boris a su mujer -.
- En el camino, tras el campanario. - Contestó ella -.
- Vengo de allí. No hay camino, no está nuestro coche. Todo son zarzas.
Boris se asomó al pozo, luego su mujer. Ambos observaron la oscuridad.
Susan aparcó tras el campanario, en el camino de tierra. Su hermana, Rose, bajó del coche.
- Echemos un vistazo. Esta casa es increíble, parece un pequeño castillo.
Susan se acercó al pozo. Metió un brazo entre los barrotes e intentó abrir la llave.
Rose admiraba las lápidas del cementerio, los apellidos de las familias que allí habían vivido y que allí habían muerto.
Fin
jueves, 14 de mayo de 2015
Insomnio
Madre e hijo, desesperados por el insomnio. Tantas noches en vela. La casa apestaba a puro y el desagradable olor a coñac impregnaba incluso las fumadas cortinas.
- Desliza suavemente la hoja por la garganta mientras te sientas sobre la almohada. Yo le sujetaré los brazos y las piernas. Debemos unir nuestras fuerzas.
Los aromas de tabaco y licor se desvanecieron con pintura e incienso. El insomnio se curó de manera tajante, por fin cesaron aquellos infames ronquidos nocturnos.
- Desliza suavemente la hoja por la garganta mientras te sientas sobre la almohada. Yo le sujetaré los brazos y las piernas. Debemos unir nuestras fuerzas.
Los aromas de tabaco y licor se desvanecieron con pintura e incienso. El insomnio se curó de manera tajante, por fin cesaron aquellos infames ronquidos nocturnos.
Fin
Gonzo
Tras una hilera de cipreses junto al parque, Gonzo regresaba a su forma original, mientras relamía la carne de sus fauces. Regurgitó un trozo de tela floreada. Su ama se agachó y lo guardó en el bolsillo del pantalón.
- Disculpe, ¿Ha visto una pequeña de cabello rubio y coletas?
- No la hemos visto, lo sentimos.
- Lleva puesto un vestido de flores, su nombre es Ana. Es mi hija, no la encuentro.
- Sentimos no poder ayudarla. Ana, delicioso nombre - Dijo mientras palmeaba la panza de su pequeño Bulldog francés -.
- Disculpe, ¿Ha visto una pequeña de cabello rubio y coletas?
- No la hemos visto, lo sentimos.
- Lleva puesto un vestido de flores, su nombre es Ana. Es mi hija, no la encuentro.
- Sentimos no poder ayudarla. Ana, delicioso nombre - Dijo mientras palmeaba la panza de su pequeño Bulldog francés -.
Fin
miércoles, 29 de abril de 2015
Cómplice
Una habitación iluminada por una potente luz fluorescente, el frío es insoportable, la sangre se espesa en los cuerpos helados y retorcidos por el pánico.
Unos ojos expectantes y otros supurando maldad en su máxima expresión, las pupilas dilatadas como crisantemos.
Tres hombres y tres mujeres, en ropa interior, arrodillados y maniatados...
- ¿Que te parece, me los cargo? ¿Me los cargo a todos?
- ...
- ¡Se les van a quedar las bragas y los calzones como el pañal de un recién nacido!
- ...
- ¿El primero? ¿El chico alto de pelo castaño? Atiende al sudor, huele a gangrena, es el terror, el miedo despierta a las bestias, ellos se lo han buscado, cada una de esas gotas que caen de sus nucas y encharcan sus curvadas espaldas, son una clara demanda de muerte.
- ...
- Creo que sería un gran favor por nuestra parte acabar con sus vidas de una manera rápida, la muerte por congelación es muy dolorosa, agonizante hasta el último vaporoso aliento. Están empezando a coagularse, sus nervios ya deben estar gravemente afectados, su piel se está tornando de un fascinante color púrpura, aún así siguen sudando como gorrinos, cuando sus pieles se ennegrezcan será demasiado tarde. ¿Lo hacemos ya? ¿La pequeña de cabello rubio?
- ...
- Observa las ampollas de esta pelirroja, sus manos parecen tener diez dedos, ¿Que te parece? No nos oyen, no nos ven, no saben que estamos aquí... ¿Me los cargo? ¿Dime, lo hago? Te oigo pensar, ¡Habla de una maldita vez! ¿Que deseas que haga, dímelo y así lo haré?...
- ...
- ¿Tengo que suplicarte? ¡No puedo soportarlo más! ¿Por qué sigues ahí? Contemplando, ¿A caso disfrutas con esto?
- ...
- ¿Que escribo? Están sufriendo, deja de leer o pídeme que los mate, aquí y ahora, ¡Asume tu responsabilidad! Decide el final de estos inocentes.
- ...
Unos ojos expectantes y otros supurando maldad en su máxima expresión, las pupilas dilatadas como crisantemos.
Tres hombres y tres mujeres, en ropa interior, arrodillados y maniatados...
***
- ¿Que te parece, me los cargo? ¿Me los cargo a todos?
- ...
- ¡Se les van a quedar las bragas y los calzones como el pañal de un recién nacido!
- ...
- ¿El primero? ¿El chico alto de pelo castaño? Atiende al sudor, huele a gangrena, es el terror, el miedo despierta a las bestias, ellos se lo han buscado, cada una de esas gotas que caen de sus nucas y encharcan sus curvadas espaldas, son una clara demanda de muerte.
- ...
- Creo que sería un gran favor por nuestra parte acabar con sus vidas de una manera rápida, la muerte por congelación es muy dolorosa, agonizante hasta el último vaporoso aliento. Están empezando a coagularse, sus nervios ya deben estar gravemente afectados, su piel se está tornando de un fascinante color púrpura, aún así siguen sudando como gorrinos, cuando sus pieles se ennegrezcan será demasiado tarde. ¿Lo hacemos ya? ¿La pequeña de cabello rubio?
- ...
- Observa las ampollas de esta pelirroja, sus manos parecen tener diez dedos, ¿Que te parece? No nos oyen, no nos ven, no saben que estamos aquí... ¿Me los cargo? ¿Dime, lo hago? Te oigo pensar, ¡Habla de una maldita vez! ¿Que deseas que haga, dímelo y así lo haré?...
- ...
- ¿Tengo que suplicarte? ¡No puedo soportarlo más! ¿Por qué sigues ahí? Contemplando, ¿A caso disfrutas con esto?
- ...
- ¿Que escribo? Están sufriendo, deja de leer o pídeme que los mate, aquí y ahora, ¡Asume tu responsabilidad! Decide el final de estos inocentes.
- ...
¿Fin?
- ...
jueves, 9 de abril de 2015
Tierra / Tras la Tierra, el Infierno
TIERRA
Lucía restaba inquieta al borde del precipicio, preguntándose si saltar le concedería la ansiada libertad o si por el contrario, quién saldría beneficiado sería su captor.
Las uñas desquebrajadas por las astillas, la sangre en las yemas de sus dedos, su cuerpo retorcido.
Una pausa antes de decidirse.
Había logrado salir con vida de la peor de las muertes, ¿Porque iba ahora a concluir así su logro?
Una figura oscura la observaba, se maravillaba ante la imagen de Lucía, saboreando la amarga tierra de su triunfo.
Ella se volteó, escupió barro en sus pies desnudos.
- Hoy no moriré hermano.
Corrió y abrazó a Samuel.
- Sé porque lo has hecho - dijo convencida-.
- Me entusiasma tu fuerza querida, tu empezaste este juego y no puede acabar así.
Se besaron lentamente, compartieron incestuosa saliva, paladares pintados con la ceniza de sus otros hermanos.
Samuel miró con inmenso orgullo a su hermana.
- Ellos también lograron escapar de su cautiverio y luego saltaron al vacío, solo quedamos tu y yo, el juego continuará cuando nazca nuestro tercer hijo.
TRAS LA TIERRA, EL INFIERNO
El tercer hijo de Lucía y Samuel fue, para el pesar de sus incestuosos padres, el final del macabro juego, ya no había cautiverio y decisión de suicidio, ahora la muerte era el alimento del fruto de sus pasiones carnales, la leche visceral que daba sentido a la existencia de un ser que se transformaba con su apetito saciado, leche roja que resbalaba por sus labios, colmado de placer por arrancar una nueva alma.
Damián lucía, en recuerdo de su madre quebrada y su padre amputado, en una bella fotografía que observaba sus inertes cuerpos desde la mesita de noche, la mirada del pequeño diablo, un nuevo juego se iniciaba en esa casa de apellido maldito.
Un deleite infernal.
Lucía restaba inquieta al borde del precipicio, preguntándose si saltar le concedería la ansiada libertad o si por el contrario, quién saldría beneficiado sería su captor.
Las uñas desquebrajadas por las astillas, la sangre en las yemas de sus dedos, su cuerpo retorcido.
Una pausa antes de decidirse.
Había logrado salir con vida de la peor de las muertes, ¿Porque iba ahora a concluir así su logro?
Una figura oscura la observaba, se maravillaba ante la imagen de Lucía, saboreando la amarga tierra de su triunfo.
Ella se volteó, escupió barro en sus pies desnudos.
- Hoy no moriré hermano.
Corrió y abrazó a Samuel.
- Sé porque lo has hecho - dijo convencida-.
- Me entusiasma tu fuerza querida, tu empezaste este juego y no puede acabar así.
Se besaron lentamente, compartieron incestuosa saliva, paladares pintados con la ceniza de sus otros hermanos.
Samuel miró con inmenso orgullo a su hermana.
- Ellos también lograron escapar de su cautiverio y luego saltaron al vacío, solo quedamos tu y yo, el juego continuará cuando nazca nuestro tercer hijo.
Fin
El tercer hijo de Lucía y Samuel fue, para el pesar de sus incestuosos padres, el final del macabro juego, ya no había cautiverio y decisión de suicidio, ahora la muerte era el alimento del fruto de sus pasiones carnales, la leche visceral que daba sentido a la existencia de un ser que se transformaba con su apetito saciado, leche roja que resbalaba por sus labios, colmado de placer por arrancar una nueva alma.
Damián lucía, en recuerdo de su madre quebrada y su padre amputado, en una bella fotografía que observaba sus inertes cuerpos desde la mesita de noche, la mirada del pequeño diablo, un nuevo juego se iniciaba en esa casa de apellido maldito.
Un deleite infernal.
Fin
miércoles, 8 de abril de 2015
Pupilas Rojo Infierno
Necesitaba sentir aquello que despierta el alma de los que no logran conciliar el sueño, esperaba el instante en el que el grito, el llanto y la ansiedad hicieran mella en su cuerpo, el sufrimiento le era ajeno.
Los macabros juegos de infancia, en la imaginaria mansión, donde se perseguía a si misma, eran una inocente farsa que ya no la estimulaban lo suficiente.
Encerrada por voluntad propia en el desván, se había provisto de la caja de herramientas de su difunto padre, dio inicio el tratamiento, no podía concebir un día más sin experimentar dolor.
Los alicates, las sierras de hojas carcomidas por el tiempo y el trabajo de un carpintero del metal.
Casandra padecía insensibilidad congénita, todo lo que quería era dar sentido a su misera existencia, un alarido real, un momento visceral que impregnara su rutina con el éxtasis que provoca el enfrentamiento de un sistema nervioso vulnerable, en un mundo que se le antojaba plano e insustancial.
Cosió sus parpados y con un cutter agrietó ligeramente la fina piel que cubrían sus pupilas, pudo ver su rostro, por última vez, reflejado entre el oxido de un espejo antiguo, antes de caer sobre un mar rojo infierno, sin sentir absolutamente nada.
Los macabros juegos de infancia, en la imaginaria mansión, donde se perseguía a si misma, eran una inocente farsa que ya no la estimulaban lo suficiente.
Encerrada por voluntad propia en el desván, se había provisto de la caja de herramientas de su difunto padre, dio inicio el tratamiento, no podía concebir un día más sin experimentar dolor.
Los alicates, las sierras de hojas carcomidas por el tiempo y el trabajo de un carpintero del metal.
Casandra padecía insensibilidad congénita, todo lo que quería era dar sentido a su misera existencia, un alarido real, un momento visceral que impregnara su rutina con el éxtasis que provoca el enfrentamiento de un sistema nervioso vulnerable, en un mundo que se le antojaba plano e insustancial.
Cosió sus parpados y con un cutter agrietó ligeramente la fina piel que cubrían sus pupilas, pudo ver su rostro, por última vez, reflejado entre el oxido de un espejo antiguo, antes de caer sobre un mar rojo infierno, sin sentir absolutamente nada.
Fin
martes, 3 de marzo de 2015
La Indigesta Fantasía de Damián
El ser oscuro bañado de negro, el lápiz agrietando el folio blanco.
Damián huía con el cielo derrumbándose sobre su frágil cabeza, cuando el hombre teñido de diabólico hollín alcanzaba a pisotear su diminuta sombra, poco antes de salvaguardarse en una cueva de infinita profundidad, no vio luz alguna al final de aquel laberíntico túnel.
Sofía atendía el teléfono.
- No tengo idea de donde puede estar, busca entre los cojines del sofá... Sí Javier, en una hora más o menos... Tengo que colgar... Me han llamado de la guardería, Damián está enfermo... Cuelgo... Sí Javier... Sí...
Sofía colgó y marchó.
Con tan solo dos años de edad, Damián experimentaba su segunda incursión en el adulto mundo de la maquiavélica costumbre humana de provocar dolor.
Alzó sus pequeñas manos y desconchó el techo de la gruta cavernosa donde se hallaba, dejando que los rayos de luz del exterior penetraran hasta alcanzar sus vaporosas ideas, lágrimas de azufre azul se inyectaban en sus párpados, se alimentó de ellas, del río ocre que inundaba sus pies, una brecha que aumentaba de tamaño en las paredes de su prisión invitaron al señor color verde, a su hermana, la señorita naranja, todos sus primos se unieron, el rojo, el violeta, el rosa, el amarillo... Con sus manos apretadas, formando un cuenco, tomó del mar de colores que cubría su agitado cuerpo, bebió hasta atiborrar su estómago de aquella alucinante fantasía que parecía ocultarlo del ser oscuro que permanecía quieto tras él.
Sofía entró en la clase y encontró a su hijo de color morado, en una esquina, con los otros niños a su alrededor y la maestra rodeándolo con sus brazos, entonces empezó a vomitar, pinturas y trozos de papel, hasta que se encasquilló y se le hincharon las venas del cuello, Sofía dio una fuerte palmada en la espalda de su hijo y puso la otra mano frente a su boca y este devolvió aquello que apresaba en su garganta.
- Hemos llamado a una ambulancia - le comunicó la maestra a Sofía -.
- No hará falta - respondió ella-.
Sofía agarró su teléfono móvil y marcó, tuvo que esperar tres tonos, esa fue la pausa más dramática de su existencia.
- Javier, deja de buscar.
En su mano, entre grumos acrílicos, brillaba aquella maldita alianza y en los ojos de su aliviado hijo pudo ver que aquel acto no había sido una simple gamberrada, comprendió el comportamiento extraño de su hijo en aquellos últimos meses, entendió el significado de los dibujos que había estado haciendo su pequeño Damián, en los que aparecía aquel oscuro ser, bañado de negro, teñido de diabólico hollín, y supo en aquel mismo instante que Javier tendría que marcharse inmediatamente de su hogar, abandonar sus vidas.
No podía permitir que su hijo pasara por aquello, una vez más.
Damián huía con el cielo derrumbándose sobre su frágil cabeza, cuando el hombre teñido de diabólico hollín alcanzaba a pisotear su diminuta sombra, poco antes de salvaguardarse en una cueva de infinita profundidad, no vio luz alguna al final de aquel laberíntico túnel.
Sofía atendía el teléfono.
- No tengo idea de donde puede estar, busca entre los cojines del sofá... Sí Javier, en una hora más o menos... Tengo que colgar... Me han llamado de la guardería, Damián está enfermo... Cuelgo... Sí Javier... Sí...
Sofía colgó y marchó.
Con tan solo dos años de edad, Damián experimentaba su segunda incursión en el adulto mundo de la maquiavélica costumbre humana de provocar dolor.
Alzó sus pequeñas manos y desconchó el techo de la gruta cavernosa donde se hallaba, dejando que los rayos de luz del exterior penetraran hasta alcanzar sus vaporosas ideas, lágrimas de azufre azul se inyectaban en sus párpados, se alimentó de ellas, del río ocre que inundaba sus pies, una brecha que aumentaba de tamaño en las paredes de su prisión invitaron al señor color verde, a su hermana, la señorita naranja, todos sus primos se unieron, el rojo, el violeta, el rosa, el amarillo... Con sus manos apretadas, formando un cuenco, tomó del mar de colores que cubría su agitado cuerpo, bebió hasta atiborrar su estómago de aquella alucinante fantasía que parecía ocultarlo del ser oscuro que permanecía quieto tras él.
Sofía entró en la clase y encontró a su hijo de color morado, en una esquina, con los otros niños a su alrededor y la maestra rodeándolo con sus brazos, entonces empezó a vomitar, pinturas y trozos de papel, hasta que se encasquilló y se le hincharon las venas del cuello, Sofía dio una fuerte palmada en la espalda de su hijo y puso la otra mano frente a su boca y este devolvió aquello que apresaba en su garganta.
- Hemos llamado a una ambulancia - le comunicó la maestra a Sofía -.
- No hará falta - respondió ella-.
Sofía agarró su teléfono móvil y marcó, tuvo que esperar tres tonos, esa fue la pausa más dramática de su existencia.
- Javier, deja de buscar.
En su mano, entre grumos acrílicos, brillaba aquella maldita alianza y en los ojos de su aliviado hijo pudo ver que aquel acto no había sido una simple gamberrada, comprendió el comportamiento extraño de su hijo en aquellos últimos meses, entendió el significado de los dibujos que había estado haciendo su pequeño Damián, en los que aparecía aquel oscuro ser, bañado de negro, teñido de diabólico hollín, y supo en aquel mismo instante que Javier tendría que marcharse inmediatamente de su hogar, abandonar sus vidas.
No podía permitir que su hijo pasara por aquello, una vez más.
FIN
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Sonó un "Splash" metálico, cinco marcas rojas de cinco dedos de delgadas falanges quedaron grabadas al instante en su rostro, empa...























