Mostrando entradas con la etiqueta Relato Terror. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relato Terror. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2015

La Maldición Locker

La mansión la heredará el único de mis hijos que tiene las manos limpias de sangre... Las manos limpias de sangre... Manos... Limpias... De sangre...

Aquella última instancia resonaba en incesante bucle, mezclándose una palabra con otra, hasta crear un torbellino de indescifrable galimatías en la mente de Rose.

El sudor frío y un estado de hipertensión se adueñaron de la mujer de felina figura, envolviéndola en una atmósfera de inquietud y terrible malestar. Una invasión de angustia se aferraba a sus frágiles huesos y reptaba por su cuerpo, abrazándose a su mísera alma.

Probó de abrir su bolso Versace de cuero negro con sus temblorosos dedos. Una uña escarlata se quebró en el primer intento, pero ella no sintió nada. Tras conseguirlo, introdujo sus manos para alcanzar un pañuelo con el que secar de su frente aquella hedionda exudación que emanaba cierta fragancia a sospecha.

Pero no hallaron pañuelo alguno sus manos. Se hundieron en el bolso bañándose por completo.

Remojo tibio y denso. Las sacó de inmediato y las observó, estaban empapadas de sangre caliente y latente. Sus ojos ojipláticos se tornaron blancos y sus párpados cayeron como el telón del final de la peor de las representaciones teatrales de la historia.

Unos gritos desgarradores, pidiendo auxilio y clemencia, provenían del cielo con el eco del infierno.

Rose alzó la mirada.

Como una gigantesca crisálida, amalgama hecha de pedazos de cuerpos humanos. Tres cadáveres putrefactos. Tres hombres supurando el mal de sus muertes. Atados por el cuello de uno de ellos a una familiar soga de cuerda de amarre. El primer marido de Rose, el magnate marinero.
El segundo esposo, descuartizado por cientos de tajos propinados por cientos de cristales. El volante incrustado en la mandíbula inferior.Y el tercer cuerpo. Regurgitando borbotones de espesa espuma blanca por la boca, vomitando pedazos de pastillas y alcohol.
Una cascada de pesadillesco flujo bermellón, amarillento orín y grisáceo espumarajo.

La horrorizada Rose por fin alcanzaba el pañuelo con el que secar su frente.

- ¡Mamá! ¡Mamá!

- Eh...

- ¿Estás bien, mamá?

- Sí, si, Robert. Perfectamente.

El Sr. Worsworth restaba impaciente, con ambas manos apoyadas y agarradas al atril, desde donde había anunciado los últimos deseos del difunto, Monseñor y Barón, Don Gerald Locker de Chatternau. Santo devoto de la catedral Chatternau de nueva Escocia, hijo primogenito de los Condes Lockers de Canterbaury, marido de Lady Frida de Pomposerniaure y padre de varias ratas y un cordero degollado.

Una de las familias Españoanglofrancesas de más renombre por aquellos lares, por sus distinguidos títulos novelescos y por aquel hedor atmosférico de terribles secretos que emanaba por cada uno de los ventanales de aquella tétrica y extremadamente fastuosa mansión.

Con mirada inquisitiva, el notario, como otro mueble de aquella habitación, de aspecto antiguo y de visible decadencia humana.

- El Barón Locker concluyó sus voluntades con esta nota. "Cada uno de mis hijos, deberá pasar por el atril, desde donde tantas veces encabecé nuestras reuniones familiares..."

- ¡Monólogos patriarcales! - Vociferó, John -.

- " ... Y hablar. Su sola presencia será debidamente juzgada, sus manos resplandecerán ante los presentes, limpias o ensangrentadas. Uno de ellos, será el nuevo dueño de la casa de los Lockers de Chatternau".

- Aparta viejo. - John saltó de su asiento, empujó sutilmente al señor Worsworth y ocupó su lugar en
el atril- . Esto es una soberana estupidez, acabemos rápido con este último insulto de nuestro padre.

Las luces se apagaron, los ventanales se cerraron. Una helada ventisca envolvió a los presentes y una fluorescente figura de ojos brillantes iluminó la sala. El fantasma del joven  Andrew, con voz ronca de ultratumba, amenazó a sus hermanos.

- ¡No hay escondite posible! ¿Recordáis aquel, vuestro cruel juego? ¡Mi turno ha llegado!

Andrew, el fantasma de Andrew, ojos brillantes inyectados en maldad.

El mayordomo, el Sr. Kingston se dirigió al gabinete azul y salvaguardó así su cobarde trasero, echó la llave y meditó... " Dios, ten piedad de esta familia, perdona sus pecados, no dejes que nada ni nadie los dañe, por favor... Sobretodo a mi pequeño, el señorito John..."

Una fantasmagórica ventisca abrió las puertas del Salón Bohemia, así llamado, no porque allí sonara continuamente el Bohemian Rhapsody de Queen durante las veinticuatro horas del día, si no porque albergaba una notable colección de exquisitas piezas fabricadas con dicho cristal, evidentemente.

Todos los allí presentes fueron arrastrados al Salón contiguo, empujados por el poderoso viento helado del más allá. 

John agarrado al atril, ambos voltereteaban por el suelo, golpeándose los huesos. Rose apretando con fuerza su Versace de cuero negro. Robert aferrado a la pierna de su madre. La mujer de John y sus gemelas, las tres cogidas de las manos, también se vieron conducidas por la incesante ráfaga al interior de la sala de los mil cristales tallados. Por último, Thomas, ojos de jade y su mamá, abrazados y con los pies por delante. 

Todos acabaron en círculo, desparramados por el parquet, maltrechos y retorcidos de dolor, por los innumerables golpes sufridos con los muebles y los cantos de las puertas, con las uñas resquebrajadas por arañar el suelo y las paredes. 

El fantasma de Andrew sobrevolaba sus cabezas, alzó los brazos, como director de orquesta y comenzó a aplaudir con fuerza, creando un tornado en el centro del Salón Bohemia.

Las piezas de aquel museo se volatilizaron creando un gran estruendo, el polvo de cristal se arremolinó y atacó con saña a todos los familiares.

Las cavernosas risotadas de Andrew abarcaban el lugar, una pesadillesca banda sonora de diabólica festividad ante aquel grotesco escenario. Los cortes se contaban por miles, las ropas descosidas, la carne trinchada, un lago de sangre bajo los pies.

- Ja, ja, ja, ja, ja - Reía el atormentador espíritu - ¡Todos! ¡Todos tenéis las manos manchadas de sangre! ¡Yo soy el dueño de la mansión. ¡Yo soy el único heredero!

Aquellos infelices se observaban las manos ensangrentadas, los gritos y los alaridos se confundían con los silbidos del macabro espectro, cada carcajada propinada por aquel ser de malévola luz del averno era un estridente pitido en los oídos de los allí presentes, todos sentían que pronto reventarían sus tímpanos y bañarían los cuadros de las paredes con sus propios sesos.

Pero, de repente, el fantasma de Andrew desapareció junto a la ventisca y el torbellino de cristal. En un instante todo se sumió en un oscuro y perturbador silencio.

La luz de un foco, procedente del techo del Salón, iluminó a las gemelas, Katya y Griselda, ambas empezaron a palmear sus manos, a jugar al "Cartero respondón".

- Uno, dos, llaman a la puerta - Comenzó, Katya -.

- Tres, cuatro, es el cartero - Prosiguió, Griselda -.

- Cinco, seis, mamá lo manda a la mierda...

- Siete, ocho, el cartero respondón... Vierte gasolina... Enciende una cerilla...

Los ventanales del Salón explotaron, haciendo añicos los cristales y grandes bolas de fuego alcanzaron a las dos pequeñas que empezaron a arder, sus carnes chamuscadas, ese olor a barbacoa inundó la sala y los estremecedores chillidos de las niñas resonaron agudos como el cántico de un cerdo en San Martín, aún así seguían canturreando aquella enfermiza canción del "Cartero 
Respondón" entre grito y alarido.

- Nueve, diez, nos quemamos vivas. - Continuó, Katya- .

- Once y doce, recoge mamá nuestras cenizas. - Concluyó, Griselda- .

Al momento, un montón de polvo gris y restos de brasas aún encendidas, creaban un pequeño cúmulo de muerte junto a trozos de huesos y telas floreadas.

John y su esposa, Marilyn, se echaron al suelo y con las manos bañadas en sangre se restregaron las cenizas por sus rostros llorosos.

- ¡Nuestras niñas! ¡Nuestras pequeñas niñas! - Balbucearon al unísono- .

El suelo crujió y se formó una gran grieta, por ella asomaba luz y oscuridad, sombra y resplandor.

El antiguo reloj de la biblioteca se descolgó de la pared y con un danzarín vaivén orbitó hacia el Salón Bohemia, hasta quedar suspendido en el centro, sobre las cabezas de los que aún restaban vivos.

Una ensordecedora campanada marcó la una del mediodía. Luego, las manecillas empezaron a retroceder a una velocidad vertiginosa. Volteaban sin cesar. A través de los ventanales rotos, los allí presentes observaron como el tiempo también daba marcha atrás. El día se hizo noche en un santiamén. Las nubes grises se acumularon en la inmensa nocturnidad, dejando entrever una enorme y brillante luna llena. Blanca luna, como el rostro de los familiares.

El reloj se detuvo a las doce en punto. Doce aterradoras campanadas se hicieron dueñas de los oídos de los presentes... La hora de los demonios, la hora de las brujas, la hora espectral.

El fantasma de Andrew regresó acompañado por dos entes más, el de la difunta madre, Lady Frida de Pomposerniaure y el del propio Barón, Don Gerald Locker de Chaternau.

El espíritu del Barón encabezaba el espectral trío. Ojos brillantes y amenazadores rostros. Malévolas sonrisas babeando cantidades infestas de burbujeante ectoplasma.

El primogénito asesinado, el segundo, allí a su lado, ambos frutos del incesto consumado con su propio padre. Una auténtica barbarie...

A un metro de la coronilla de una lánguida Rose, arañada por el polvo cristalino del atroz remolino, vestida por un manto rojo infierno, aferrada a su bolso de cuero negro, su padre giraba incesante maldiciéndola por la muerte de su primogénito.

- Rose, tus manos huelen a muerte, a sangre inocente. Tus maridos y nuestro primer hijo. Eres la peor hija que un padre pueda tener... ¡Alza tu mirada!... ¡Prepárate para lo peor! -.

La figura felina se estremeció, su espalda se curvó como la de un gato ante las fauces de un gigantesco licántropo hambriento. Rose alzó su mirada y su boca se abrió para soltar un último alarido.

El fantasma de Gerald se deshizo. El ectoplasma fantasmal cayó como una vengativa cascada sobre su hija. Inundó su garganta, hinchó sus pulmones, engordó su vientre como un horrible embarazo salido de cuentas. Aquel flujo espectral supuró por los ojos de Rose, lágrimas del más allá, llanto desconsolado de una madre asesina, de una esposa asesina, de una mujer sentenciada.

El peso de la justicia y el odio se vertió por todos y cada uno de los orificios de Rose. Un mar de enfermiza liberación empapó su esbelto cuerpo. Tras el incesante derrame ectoplasmático, solo quedaron huesos mojados... Sin un ápice de belleza carnal.

El Barón Locker agarró el espíritu conmocionado de su hija y por una grieta, en el suelo del Salón Bohemia, entre las llamas que se dejaban entrever, la llevó consigo. Al estómago del abrasador averno. Robert saltó al agujero tras su madre, lo único que llegó allí abajo fue un muñeco de carbón. Su alma quedó atrapada en el fuego.

Allí permanecieron juntos, consumiendo su familiar reencuentro, por toda una insufrible eternidad.

Llegó el turno de John.

La extraña muerte de su madre en la bañera. Asesino pasivo de su enferma madre.

- Mi hijo, mi querido hijo. Tus manos están tatuadas con el hedor de la maldad. Dejar morir así a tu pobre madre. Me ahogué en la bañera, podías oír como pedía auxilio. Tú, al otro lado de la puerta, pude oler como gozabas con mi terror, con mi cruel destino. Asesino no es tan solo quien apuñala, también lo es quien deja que el puñal se clave por si solo y no hace nada por evitarlo. Pero tranquilo, hoy he venido aquí a liberarte del peso de tu conciencia.

Lady Frida se contoneaba como una cortina al viento, su espectral figura se arremolinó, al concluir su alegato, alrededor del cuerpo de su hijo.

John se asfixiaba, intentaba pedir auxilio inútilmente, no podía abrir la boca, su nariz estaba totalmente tapada, sus parpados enganchados a sus ojos. Atrapado. Envuelto por el ánima de su madre, como un fiambre embalado en film. Su aliento incrustado en el alma materna, una última bocanada antes de pedir perdón, la única palabra que se pudo oír en la sala. Antes de fallecer.

Ambos espíritus, madre e hijo, marcharon por la grieta. A las tinieblas, junto al resto de la familia.

Allí quedaron, en el centro de la sala, la Sra. Morse y su hijo, Thomas. Abrazados. Rozando sus múltiples heridas con las ropas desgarradas.

Tanto la madre como el joven se habían beneficiado de los asesinatos cometidos por este último, a lo largo de sus míseras vidas.

El fantasma de Andrew alzó su mano, con ese aire de director de orquesta. El atril voló sobre sus cabezas y lo dejó caer con terrible fuerza sobre ambos.

Sus cráneos se partieron como dos cocos con un martillo. El zumo de fruta tropical se deslizó por sus frentes, jugo de fresas silvestres, sangre cerebral. Dos esferas de jade rodaron hasta caer por el abismo al que conducía el portal de la grieta en el suelo. Los ojos de Thomas. Él sería testigo de lo que allí ocurriera, por siempre jamás.

Andrew hizo un último gesto, agachó su fantasmagórico rostro, dando por finalizada la gran actuación. Se oyeron aplausos, venidos del mismísimo infierno que restaba bajo la gran mansión.

Se agrietaron las paredes, el techo del caserón se derrumbó. Cada trozo de piedra, cada objeto de aquel hogar quedó destruido. Todo se introdujo por la abertura del suelo, cada pedazo de aquella enorme casa sería herencia del diablo.

Él, encantado por el espectáculo de aquella familia maldita, ahora había llegado su turno, podría abrasar sus almas por siempre jamás. Él y su ayudante habían disfrutado del linaje durante cada una de sus apariciones. Ahora, el señor Worsworth podría continuar gozando eternamente del terror en su hogar, en las profundidades de su particular paraíso del castigo.

El mayordomo, el Sr. Kingston, observaba a lo lejos. Una lágrima cayó de su mejilla, impactando sobre sus brillantes zapatos. Su mundo, su vida, su mansión, todo lo que le importaba se había esfumado junto a su único y verdadero amor, el joven John.

El terreno quedó desolado, la hendidura se cerraba poco a poco. Justo antes de que el fantasma de un bebé, surgido del cielo, se colara por el resquicio final. El primogénito de Rose y el Barón.

Aquella alma en pena, a pesar de todo, quería abrazar de nuevo a su madre, a sus tíos y a su padre y abuelo. Deseaba permanecer junto a su familia.

Era un alma inocente, pero aún así... Era un Locker.


Fin



domingo, 22 de marzo de 2015

Feliz Cumpleaños 3 (Hell's Party)

El gatito maullaba sobre la rama de aquel alto árbol, pobre felino, no podía bajar, era el mejor amigo de Andresito, el niño que desconsolado lloraba.

- ¿Quieres que ayude a tu mascota para que regrese a tu lado? - Masculló un hombre de negra gabardina y sombrero de copa-.

Andresito admiraba unas botas de punta dorada, alzó la vista hasta alcanzar ver dos brillantes ojos amarillentos, se ocultaban en el vacío del rostro de aquella inquietante figura, entre una bufanda oscura y aquel ridículo sombrero de época.

- Con un solo chasquido de mis dedos tu gato estará en tus brazos, - continuó aquel ser de mil nombres - a cambio tan solo me deberás un pequeño obsequio.

Andresito asintió con la cabeza y el hombre chasqueó los dedos.

                                                                        *    *    *

Ambas habían sido tocadas por la roja mano del Diablo en el mismo momento de su nacimiento y tras su muerte volvió a tocarlas, a acariciarlas, a poseerlas, a darles un nuevo sentido a su terrorífica existencia.

En un instante ¿Se acabó la fiesta?

La fiesta no había hecho más que comenzar.

                                                                       *    *    *

Andrés cumplía dieciocho años e iba a celebrarlo por todo lo alto, una juerga con sus amigos en una feria de atracciones, era la fiesta mayor de su ciudad, no faltaría música, alcohol y chicas, no tenía que preparar nada, allí lo tenían todo, su madre le había regalado el viejo coche de su padre y cincuenta euros para que fuera a divertirse con sus colegas, la noche era suya.

......................................................................................................................................................

Mientras... En el grupo "Party Andrés" del Whatsapp:

[MANU]
Hey peña, esta noche pillamos una mierda del flipar!

[CARLITOS]
Pum! Pum! jajjaja XD 

[VANE]
Carlitos, portate bien esta noche, T_T !!!

[MANU]
¡¡Traeré buenaaa mandangaaa!!

[YOLI]
¿Habéis comprado el regalo de Andrés?

[MANU]
Sí tia, tranki! ;)

.................................................................................................................................................

                                                                         *    *    *

Andrés se había reunido con sus amigos en la feria, eran las 23.45 cuándo marchó a uno de esos lavabos portátiles que instalan en los eventos al aire libre, se separó del resto del grupo, ya se habían tomado unos cuantos cubatas, Carlos y Vane fueron a subirse en los autos de choque, Yoli y Manu se liaban unos canutos, escondidos tras uno de esos contenedores de obras.

El cumpleañero admiraba el ipod que le habían regalado sus amigos, camino del W.C.

Lo llevaba en la palma, cuando, en la borrosidad entre su mano y el suelo, un brillo sobre una puntera dorada en frente de él llamó su atención, alzó la vista hasta alcanzar ver dos brillantes ojos amarillentos, se ocultaban en el vacío del rostro de una inquietante figura, entre una bufanda oscura y un sombrero de copa.

- Hola de nuevo Andresito, ha llegado la hora de cumplir tu deuda. - Masculló aquel hombre de gabardina negra -.

Andrés, asombrado, ante aquel misterioso personaje que había aparecido de la nada y que le impedía el paso, guardó el ipod en sus bolsillos y levantó el brazo y lo apuntó con el dedo índice.

- ¿Quien cojones eres tú? ¡Payaso! - Le propinó el chico, agravando la voz lo más que pudo -.

- ¿No me recuerdas, pequeño? Salvé a tu gatito y pactamos que me entregarías tu alma, al cumplir la mayoría de edad.

- ¡Joder! No sé quien eres... Sí, si que lo sé... ¡Eres un puto enfermo que ha venido a joderme la fiesta! ¡Pírate de aquí chalado!

- Está bien, Andresito, si no vas a cumplir tu parte por propia voluntad, mejor. Tengo dos nuevos fichajes entre mis cobradores de almas, será más divertido y el precio será mayor. No será únicamente tu alma la que vendrá conmigo esta noche, a ellas les gusta jugar y tus amigos se vendrán contigo. Míratelo así, no estarás solo... En el infierno.

El hombre de los mil nombres soltó una gran risotada, un estridente y agudo gruñido que estremeció el corazón palpitante de Andrés, luego dio media vuelta y se esfumó entre la neblina.

                                                                            *    *    *

Las doce en punto, en los autos de choque sonaba la odiosa version máquina del Pollito Pío.

Carlos y Vane eran felices, con la música y los focos de colores, volteando sin cesar, se encontraban en la pista y chocaban el uno con el otro, embriagados por el alcohol, disfrutando como enanos. Entonces, ambos vieron uno de los coches, tuneado con la cara de Satanás, su motor rugía con la potencia de mil caballos enfurecidos, resoplando sobre sus rostros, la conductora era una linda chica de cabello rubio, los dos estaban frente a ella, los dos restaban con sus autos detenidos, la chica de ojos brillantes y exuberantes pechos, inclinó ligeramente la cabeza, sin apartar su mirada de la de ellos, hizo un pompa con un chicle, la explotó hacia dentro y tras aquel metálico sonido, arrancó su coche, veloz y con furia se dirigió hasta alcanzarlos de pleno, nadie más en la pista pudo ver a la mujer del infernal auto, ni la gran embestida, lo que si pudieron admirar es como Vane y Carlos salían salvájemente despedidos de sus coches, para caer fuera de la pista.

Los dos aterrizaron con los cráneos contra el asfalto, la feria había sido montada sobre un gran párking, en el alquitrán solidificado, un gran charco de sangre brotaba de aquellas dos jóvenes almas, sus cabezas aplastadas en el suelo, la gente gritando, aterrorizados por el truculento espectáculo, corrían de un lado para otro clamando auxilio.

Andrés salió del baño y alguien agarró su mano y volvió a meterlo en el lavabo junto a ella.

- Tsssss, silencio Andrés. No salgamos de aquí, si queremos seguir con vida.

Yoli y Manu acababan con la última tacha de porro, sus ropas estaban impregnadas por el dulce aroma de la potente maría.

- Entonces le dice su novia - explicaba entre lágrimas Manu, apurando la chusta - ¡Te dije ponche de huevo, cabrón!

- Jajajajajaja - Rió Yoli -.

- Huele a uña quemada, pásate eso Manu -le dijo Yoli a su colega- .

- ¡Ya está muerto tía!

Tiró el filtro al suelo y lo pisó.

- ¡Hola amigos! - Gritó una voz de mujer -.

Ante los chavales, embriagados por el alcohol y completamente fumados, había aparecido de la nada una chica, con el rostro quemado, los ojos brillantes y un generoso escote, mascaba chicle. Sus manos escondidas tras su espalda, sostenían algo pesado, la metálica cabeza con restos de sangre reseca descansaba apoyada en el suelo.

Átonitos ante aquella terrorífica y esbelta figura, permanecían quietos y boquiabiertos los dos amigos.

- ¡Menudos pechotes! - Soltó Manu -. Lástima de esa puta cara derretida...

Mónica alzo el mazo un metro por encima de sus cabezas, luego lo pensó mejor, retrocedió un paso, giro su cuerpo y bajó el mazo hasta dejarlo en línea horizontal a la altura de sus hombros, luego, bateó con fuerza.

El duro golpe fue directo a la rodilla derecha de Manu, hizo añicos su rótula y este cayó estrepitosamente, quedando su cuerpo a medio camino de estar tumbado, entonces propició un segundo y mortal impacto sobre su sien, su coronilla se acopló perfectamente con su mandíbula inferior, aquella desagradable fotografía le resultó extremadamente familiar a su ejecutora.

Yoli salió corriendo en el acto, aullando como un cachorrillo indefenso.

Los asistentes sanitarios recogían los cuerpos de Carlos y Julia envueltos en aquella tela brillante de mal augurio, no quedaba nadie, la feria había sido completamente desalojada por la policía, que acordonaban la zona.

Yoli se había detenido ante un contenedor de basura, abrió la tapa y se escondió allí dentro, con el ritmo cardíaco acelerado y la respiración entrecortada, su morado se iba disipando poco a poco. La tapa se abrió con un movimiento brusco, Mónica asomó su desfigurado rostro por el fuego e hincó sus brillantes ojos en los de ella.

- ¡Ahora estarás tan guapa como yo, zorra!

Vomitó gasolina sobre su cabeza y bañó su cuerpo, encendió una cerilla y la arrojó dentro del contenedor, ardió su carne, gritos de insufrible dolor. Otra alma para su Señor.

                                                                        *    *   *

- Tssssss, no digas nada Andrés... Happy birthday to youuuu, happy birthday to youuu, ha-ppy birth- day my soooul... Happy birthday to youuuu... - Canturreó sensualmente aquella mujer en la oscuridad absoluta del lugar - .

Una luz, roja infierno, se coló por las rendijas de aquel estrecho baño, Andrés pudo ver el rostro de la mujer que lo había vuelto a meter allí, su cabeza estaba totalmente aplastada, los ojos fuera de sus cuencas y tronchados, supuraban una viscosa salsa que olía extrañamente a sangre y esperma.

Laura sacó su cuchillo y posó la afilada hoja sobre la camisa de Andrés, este no podía mover ni un solo músculo, paralizado ante aquella grotesca figura que lo amenazaba de muerte, cortó los botones de la prenda, uno a uno y clavó la punta del puñal en su carne, por debajo del ombligo, deslizó el arma hacia arriba y fileteó su vientre, descuartizó su abdomen, trocitos de chicha a cuadrados resbalaban por las piernas de Andresito, listas para ser rebozadas y empanadas, una bandeja de deliciosos nuggets con los que se deleitarían las babosas fauces del averno.

Las manos rojas del diablo se posaron sobre los cachetes de madre e hija, los tres satisfechos con su trabajo, regresaron a su hogar, con los bolsillos repletos de nuevas almas a las que atemorizar eternamente. El aniversario de Andrés y sus amigos continuó entre los inconsumibles fuegos de las tinieblas.

En un instante ¿Se acabó la fiesta?

La fiesta no había hecho mas que comenzar... Por los siglos de los siglos, siempre habrían almas en deuda, felices cumpleaños, terror y sangre.



FIN

martes, 17 de marzo de 2015

Feliz Cumpleaños 2 (El Regreso de Madre e Hija)


Ambas fueron tocadas por la roja mano del diablo, desde el mismo momento de su nacimiento.

Abrieron las puertas que conducían al camino tenebroso, donde el cuchillo, el mazo y el fuego, todo lo podían borrar.

Un sendero a las profundidades del terror y la sangre.

La Venganza solo fue la llave, ahora el mundo entero se presentaba ante ellas, bajo el filtro de sus miradas, hambrientas de suculento horror.

                                                                           *   *   *

- ¡Eres una maldita perra, Mónica! - Le gritó su novio, ante sus compañeros de trabajo-.

Ella lo observaba con los pies anclados al suelo, sus manos apoyadas en las caderas y la cabeza ligeramente inclinada, hizo una pequeña pompa con el chicle de fresa y lo explotó hacia dentro, creando ese sonido metálico tan sugerente, con aquel generoso escote, ventanal de dos enormes pechos, sus pezones señalaban directamente a los ojos de Marcos.

Imaginaba su masculino rostro, su pronunciada mandíbula, su cabello graso y moreno, su hermosa cabeza de chorlito sería una piñata perfecta, sus sesos saldrían por el lóbulo izquierdo, el bate de metal golpeado con saña, trocitos de cerebro como golosinas, chucherías viscosas, creando un precioso cuadro surrealista en la pared de su habitación, justo al lado del póster de Evil Dead.

Mónica regresó de su elucubración al mundo de los seres despiertos, abrazó fuerte a Marcos, sonrió, se mojó los gruesos labios pintados de fucsia love y le besó el cuello, antes de susurrarle en el oído:

- Tu maldita perra, Marcos.

Él le dio media vuelta, la agarró de las tetas y salieron fuera del Star Burguer, su turno había acabado.

Al día siguiente era el cumpleaños de Marcos y este no quería romper con Mónica antes de tiempo, deseaba que esos morritos gordos besaran a su amiga, barra de carne, por última vez, pensó que sería un buen regalo de despedida.

El jefe de aquella franquicia era el padre de Marcos y les había cedido el local para la siguiente noche, tras cerrar las persianas al público, allí celebrarían su veinticinco aniversario.

Grasientas hamburguesas, patatas fritas, no podían faltar unos deliciosos nuggets y alcohol, muchísimo alcohol, mas una buena sesión de techno para desencajar huesos.

                                                                             *   *   *

Laura mantenía un idilio con Santiago, padre de Marcos y dueño del Star Burguer, ambos se presentarían por sorpresa en la fiesta de sus hijos, la madre de Mónica llevaría un gran bol de ponche de huevo para amenizar el jolgorio, luego se marcharían, dejando a los jóvenes acabar la noche hasta altas horas de la madrugada.

Laura solo quería tener un detalle con el novio de su hija, como señal de agradecimiento hacia su padre, que llevaba un par de meses pagando todas sus facturas, eso sí, engañándola con cualquier jovencita que se le pusiera a tiro en su despacho, donde acumulaba currículums, con la falsa promesa de obsequiarlas con un puesto de trabajo, en aquellos horribles tiempos de crisis.

Mónica y Marcos tumbados desnudos en la cama de él, miraban una película en la pantalla de alta definición, un hombre con chaleco blanco y pajarita granate se daba la vuelta, cara a cara con un personaje de traje oscuro...

- Segundas partes nunca fueron buenas, Conrad-.

El disparo de una LeMat de nueve cartuchos le hizo un tercer ojo en la frente al hombre teñido de hollín, un boquete por el que se podía ver al otro lado, una diabólica y estridente risotada.

- Menuda mierda de peli, ¿No? Preciosa.

- Pues sí, ¿Follamos?

Al día siguiente, a las 22:45 de la noche, Marcos bajaba la persiana metálica del Star Burguer, seis colegas preparaban las hamburguesas y el resto de la cena, Juanka pinchaba el tema de "Feliz Cumpleaños" versión bombo, rebombo y waka waka.

- ¿Que llevas en esa bolsa de deporte que has dejado en el vestuario, cariño?

- Tu regalo, mi amor, tu regalo.

Tras la indigesta comida basura, cubata viene, cubata va, la persiana se abrió sin que nadie prestara atención, allí estaban Laura y Santiago con el gran bol de ponche de huevo.

                                                                            *    *    *

Laura le propuso a su amado ir un momento a su despacho, quería agradecerle todo lo que estaba haciendo por ella y por su querida hija, antes de abandonar la fiesta.

Mónica fue al vestuario en busca de aquella bolsa de deporte que pesaba como un muerto.

Eran las doce en punto, Laura tenía en sus manos la carnosa vara de Santiago, a punto de introducírsela entre sus labios Red Passion, Mónica en las suyas sostenía el mango de un gran mazo de hierro, aún lucía sangre reseca, de algún otro aniversario, en su brillante cabeza de metal pesado.
Santiago gemía con los ojos en blanco, sentado e inclinado hacia atrás, con sus bastas y gruesas manos  posadas sobre los hombros de Laura.

Marcos se preguntaba porque demonios tardaba tanto aquella maldita perra, solo podía imaginar una última mamada de cumpleaños antes de darle puerta, estaba de espaldas a la mesa donde Juanka ponía el odioso tema del "Pollito pío" cuando...

Mónica levantó el mazo un metro sobre su cabeza y lo dejó caer con fuerza.

La cabeza de su madre se espachurró con el miembro de Santiago aún en su boca, los ojos reventaron junto a los testículos de su amado, mezclándose en una viscosa salsa de sangre y esperma.
El estridente y agudo alarido de él estremeció al mismísimo diablo, que agarró su corazón carbonizado del susto.
Allí en el infierno temían el momento en el que descendiera la esbelta figura de Mónica.

- Me he cansado de tí, ¡Madre!. - Rió la chica antes de escupir sobre su curvada espalda -.

Al otro lado del pasillo y de las puertas de la sala comedor, nadie había oído absolutamente nada, con los bafles retumbando el tema versionado de Terminator del Máquina Total 3.

Mónica, con la cara hecha un cuadro abstracto, surcos de rímel y lágrimas de sangre, volvió a unirse a la fiesta, esta vez, cuchillo en mano.

Como un tornado, giró y giró, dando vueltas como una bailarina del Lago de los Cisnes, blandiendo la hoja de su gran puñal, tajando a los invitados, en el vientre, en los brazos y piernas, clavando y desclavando su cuchillo, al son de la música, una y otra vez sobre los cuerpos de los que allí, embriagados por el alcohol y el ambiente festivo, iban cayendo al suelo con sus mortales heridas.

Dejó a Marcos para el final, arrodillado suplicaba por su vida, Mónica de un solo movimiento perfecto, abrió una enorme brecha en su cuello, dio media vuelta como último paso de aquel macabro baile y sonrió satisfecha.

23 de abril, también era su cumpleaños, Mónica soplaba sus veinticinco velas sobre la cabeza de chorlito de su ex-novio.

Regresó al vestuario, agarró su bolsa de deporte y sacó un pequeño bidón de gasolina.

Empapó los cadáveres y todo el local, abrió a medias la persiana metálica, entonces vió allí ,sobre la barra, el gran cuenco de ponche de huevo, aún tapado con film transparente.

Se sirvió un buen vaso y bebió un gran trago.

Se acercó a la salida y encendió una cerilla, alzó el vaso y musitó...

- Feliz Cumpleee .. Aaaa... Ñooooos - Su cuerpo se desplomó irremediablemente, su madre había rellenado aquel brebaje con una buena dosis de somníferos y ketamina líquida para celebrar aquella velada, de terror y sangre, junto a su hija-.

El fuego prendió el río de gasolina que había llegado a empapar el bello rostro de Mónica.

Todo ardió, el Star Burguer, la carne humana, la carne inhumana, las huellas, el pasado, el presente e incluso el futuro.

En un infernal instante, se acabó la fiesta.


FIN

Para leer "Feliz Cumpleaños 3" pincha
AQUÍ

viernes, 13 de marzo de 2015

Feliz Cumpleaños

Desenvolvió el paquete de carne y la sangre fluyó hacia los bordes, deteniéndose en los pliegues del interior plastificado, una jugosa pieza de fiambre de cerdo, lista para ser troceada y empanada, cuchillo en mano, deslizó la afilada hoja y descuartizó la vianda,  una bandeja de deliciosos nuggets, la freidora salpicaba el aceite hirviendo como fuegos artificiales ante la satisfactoria mirada de Javier. Llenó el inmenso bol de ponche de huevo, añadió medio litro de brandy y veinte cucharadas soperas de azúcar de caña, melaza qué suavizaría el alcohólico brebaje con un generoso toque dulzón, aquello pondría a buen tono la inolvidable fiesta de cumpleaños.
De nuevo sonreía, orgulloso de su menester, el encargado del buffet.

Mario colocaba los regalos sobre la mesa, decorada con frases dedicatorias, firmas y divertidos dibujos en honor al homenajeado.

Alberto planificaba la sesión musical, temas de festiva actualidad, un kit de baladas y una recopilación de techno para el tramo final.

Sandra y Mónica recargaban el local de serpentinas y globos, preparaban el cotillón, paquetitos de confeti y un gran baúl de disfraces.

El resto de invitados llegaron entre las seis y las ocho de la tarde, a las nueve llegaba Alfonso para celebrar su cuarenta aniversario en aquel convite sorpresa, en aquella gran nave de alquiler que por aquel entonces cumplía todos los requisitos de la que parecía, iba a ser una gran juerga.

Laura, la novia de Alfonso, debía llevarlo allí sin que él sospechara nada, la mayoría dudaba de que así fuera, a Laura le costaba muy poco abrir el pico en los momentos más inoportunos.

La idea había sido de Sandra, la hermana de Alfonso, organizadora del encuentro, delegó las tareas, elaboró el plan sorpresa con Laura y reunió al resto de invitados. También propuso el tema de la fiesta, un cumpleaños al más puro estilo infantil, como esos a los que habían asistido muchos de los que estarían allí aquella noche, amigos de toda la vida recuperando la diversión olvidada del ambiente inocente y colorido.

No faltaría un buen payaso para amenizar el guateque, de eso se encargaría Ismael, el gracioso y chistoso del grupo, maquillado de blanco y con una gran sonrisa roja, párpados violeta y cejas gruesas de negro, una peluca rosada, nariz de goma, zapatones y traje de coloridos lunares, un payaso de los de siempre. Show y risas aseguradas, Ismael era puro cachondeo.

Las nueve y media, todos escondidos, las puertas se abren y entran Alfonso y Laura.

¡¡¡¡ Sorpresaaaaaaaaaaaaa!!!!
                                                                           *   *   *

Los bafles de alta fidelidad retumbaban con el insoportable "Pollito Pío" mientras la mayoría se desenvolvía estupendamente en la improvisada pista de baile, realizando a cual movimiento más ridículo, batiendo los codos, cacareando y despegando los pies del suelo con bochornosos meneos de trasero. Habían arrasado con la merienda cena, volaron las patatas chips, los bizcochitos de chocolate, las mini pizzas y un sinfín de delicias de latas en conserva, pero lo que verdaderamente triunfó fueron los exquisitos nuggets que, tan minuciosamente, había preparado Javier.

Bien hinchados de comida basura, ahora bailaban los temas musicales festivos del momento, ingiriendo dulzón ponche de huevo como cosacos.

- ¿ Tu nueva novia? - Preguntó jocoso Alfonso a su hermana-.

- ¡Alfonsito! Se llama Mónica, llevamos dos meses juntas.

- Un placer Mónica, cuida bien de mi hermanita, ¡Eh! ¡Ya parece bien borracha!

- ¡Alfonsito! Sé cuidarme sola y tengo veintitrés años, puedo beber lo que quiera.

Los tres rieron, se abrazaron y continuaron el baile, envueltos por una buena onda fascinante, la fiesta estaba siendo todo un éxito.

Laura se puso de pie sobre una silla y exclamó a viva voz:

- ¡Que abra los regalos, que abra los regalos!

El resto de invitados se unió al instante.

- ¡¡¡ Que abra los regalos, que abra los regalos!!! - Dieciséis adultos como niños chillones
incontrolados por la ausencia de sus padres-.

Un emocionado Alfonso abría los regalos... Corbata de Star Wars, camiseta de Los Vengadores, DVD del making off extendido del Señor de los Anillos, un friki desbordado de alegría, sus grandes amigos lo conocían bien y acertaban con cada uno de los presentes, pero lo qué más ilusión le hizo fue aquella foto enmarcada, donde con diecisiete años posaba junto a sus mejores amigos, Mario, Javier, Alberto e Ismael, cinco chavales de aspecto gamberro ante las puertas del Chrysler azul del padre de Alfonso, con pícaras sonrisas y valiosa amistad grabada en sus rostros. El homenajeado alzó el brazo, mostrando aquella foto con inmenso orgullo y gritó:

- ¡Gracias colegas! ¡¡¡Qué siga, qué siga, la fiestaaaaaaaa!!!

La mesa, donde antes estaban las bandejas de comida, rebosaba ahora de botellas de licor y refrescos, cubata viene, cubata va, embriagados, les llegaba el turno a las baladas, Alberto  daba al play, era la dulce hora de bailar pegados y magrearse un poco envueltos por la tenue claridad de los pocos focos que quedaban encendidos.

Un corro se creó al rededor de Laura y Alfonso mientras sonaba, "Sé un poco de tí" de Damián Serrano, se besaron suave y lentamente, con infinita ternura, ante un unísono... "Ooooooh" de todos los presentes.

Sandra y Mónica se subieron, agarradas y a trompicones, por la ebriedad del alcohol y la atmósfera festiva, sobre la mesa de los regalos, anunciaron nuevo tema:

- ¡¡¡ La hora del payaso ha llegaaaadoooo!!!

Ismael, como una cuba, logró ser el descojone de la noche, tan solo aparecer en escena bajo el único foco encendido, iluminando su protagonismo, con su vestimenta de payaso, hizo saltar las lágrimas,  acompañadas de sonoras carcajadas, por parte del entregado público, sobretodo de sus cuatro amigos qué, literalmente meándose encima y haciendo la croqueta por el suelo, vitoreaban sus chistes, sus simuladas, y otras no tanto, caídas y tropiezos, monumental borrachera lucía en su divertido y picantón show, repleto de auténtico desmadre.

Luego fue el momento de la tarta, Sandra decidió junto a Laura sacarla un buen rato después de empezar con las copas, así podrían bajar un poco el subidón del alcohol con el azúcar del rico pastel y luego, continuar bebiendo al ritmo de los temas techno que había preparado Alberto, hasta acabar la fiesta a altas horas de la madrugada.

La mayoría de los asistentes, excepto la joven Sandra y su acompañante, tenían entre treinta y tantos y cuarenta y pocos años, muchos de ellos, padres, habían colocado a sus hijos y no abandonarían la posibilidad de disfrutar de una larga noche.

                                                                             *   *   *

Trás soplar las cuarenta velas en tres veces y una ronca tos de fumador empedernido, después de pedir mentalmente su deseo, Alfonso cortó la tarta en dieciséis partes, más o menos, iguales.
Zamparon como chiquillos en honor al tema infantil de la fiesta, tiraron confeti y serpentinas, se pusieron los gorritos y se llevaron a la boca los matasuegras del cotillón, pero...

... En un mortífero instante... Todo se sumió en la más completa oscuridad.

Silencio, la música seguía sonando.

Ceguera, tres focos continuaban alumbrando la inmensa nave.

Uno a uno fueron cayendo los invitados inconscientes al suelo, tras un fuerte mareo y un dolor de cráneo insoportable, todo fue oscuridad, los presentes se fueron desplomando, desmayados por la potente mezcla de somníferos y ketamina líquida con la que alguien había bañado la cremosa nata que cubría el delicioso y sumamente intoxicado pastel.

Al pasar unas cuantas horas, poco a poco se fueron despertando, con un terrible dolor de cabeza, los allí presentes, se hallaron sentados, uno al lado del otro, creando un amplio círculo, alrededor de una silla clavada al suelo por listones de madera y clavos, bien atados, con las manos a las espaldas y amordazados con cinta americana.

En la silla central estaba sentado Alfonso, atado y amordazado al igual que el resto de sus compañeros,  junto a él, ataviado con el traje de coloridos lunares y una máscara del color del blanco folio, de la resplandeciente luna llena, se presentaba con voz distorsionada, por algún tipo de aparato, oculto bajo aquella siniestra careta inexpresiva...

- Ahora empieza el verdadero y auténtico espectáculo de la fiesta.

Nerviosismo, temor, pánico, llantos, respiración nasal.

Todos se sentían morir ante aquella macabra figura que les amenazaba inquietante y en diabólica pausa, sujetando el mismo cuchillo con el que el homenajeado había cortado la somnífera tarta, sosteniéndolo en una de sus manos, enfundadas en negros guantes, con la afilada hoja acariciando el temeroso rostro de Alfonso.

- Mira allí - señaló con la punta del cuchillo, más allá del círculo de invitados-.

Con las piernas descubiertas y los pies descalzos, en bragas y sujetador, encapuchada con un saco, con la boca tapada, gemía una mujer, apartada del grupo.

- Esa de ahí será una de las sorpresas que he preparado para ti en esta noche tan especial.

Arrancó de un fuerte tirón, la cinta de la boca de su principal apresado.

- ¡¡¡ Sueltameeeee !!! - Lloraba -. ¿ Que haces Ismael? ¿ Porque haces esto Ismael? - Sollozaba -.

Alfonso daba por sentado, por la vestimenta de payaso, que se trataba de su amigo.

- Mira ahí, en frente tuyo - volvió a señalar- .

Y ahí se encontraba Ismael, atado y amordazado junto al resto. Todos sudorosos y respirando dificultosamente por la nariz, llorando, sollozando, interiormente blasfemando y maldiciendo pasar por aquella terrorífica y horrible experiencia.

- ¿Porque? ¿Porque, preguntas? ¡Hijo de puta! ¡¡¡ Hijo de Satanás!!! - Gritó mientras alzaba el cuchillo de nuevo y lo dejaba caer, penetrando el filo en la carne del moflete de Alfonso, cortando una gran loncha hasta desfigurar su labio superior y luego tajando el inferior, dejó colgada, como una panceta, la mitad de su rostro.

Un dolor inimaginable se apoderó del cumpleañero, brotó sangre para llenar un cazo, empapando su pecho.

Los demás cerraban los ojos con fuerza para no ver y los abrían con la inútil esperanza de despertar, se ahogaban con sus propias mucosidades.

Les destapó a todos las bocas, arrancó las cintas para que no volvieran a caer desmayados por la falta de oxígeno. Todo olía a mierda y orín.

Agarró a la chica encapuchada, la arrastró al centro y la dejó allí, frente a Alfonso.

- Observa, - dijo con su aguda y distorsionada voz -. Y le descubrió la cabeza.
Algunos gritaban y la figura del terror los mandó callar, con tremendo éxito, al acercarse a ellos, cuchillo en mano.

- ¡Sandra! ¡ No! ¡ Sueltalaaaaa porfavoooor! - Pedía con bramidos y clemencia -.

- Tu hermana , la puta de tu hermana, la puta lesbiana de tu hermana.

Apoyado en una pata de la silla descansaba un mazo de hierro, el enmascarado soltó el cuchillo y cogió el mazo, se acercó a la hermana de Alfonso, levantó el mazo a un metro  sobre su cabeza y con tremenda fuerza...

Los ojos de Sandra salieron de sus cuencas, como dos pequeños y veloces proyectiles, creando una larga parábola en el aire y cayendo irremediablemente en el enorme bol vacío de ponche de huevo.

La superficie del cráneo, de la ipso facta fallecida Sandra, estaba totalmente pegada con los dientes de su mandíbula inferior, un cuadro un tanto tétrico  y sangriento para la vista de su pobre hermano y la de los allí presentes.

                                                                            *   *   *

La asesina y brutal presencia dejó caer algo sobre las piernas del qué, entre llantos y alaridos, permanecía sentado y maniatado. Posiblemente era la peor fiesta de cumpleaños que jamás había celebrado.

Aquello que posó encima de Alfonso era la foto enmarcada de él y sus cuatro mejores amigos.

- ¿Quién te ha regalado esta maravillosa fotografía? ¡Yo! ¿ Quién hizo esta maravillosa fotografía?
¡Yo! ¿ No me recuerdas querido Alfonso? ¿ No recuerdas tu diecisieteavo cumpleaños? ¿Aquella fiesta en la montaña? Me llevaste en el coche de tu padre, nos encontramos allí con tus amigos. ¡Hijo de puta! ¿ No lo recuerdas? ¿ No me recuerdas, Alfonsito?

- Tu último regalo - sentenció la persona tras la máscara de temible inexpresión - Yo no olvido aquella noche en la que os hice aquella fotografía a ti y a tus amiguitos, no olvido como me violaste, ni como tus putos amigos te observaban desde la lejanía sin mover un solo dedo, no olvido como me violaste y me engendraste, ¡Cerdo hijo de puta!. ¡Acércate Mónica!

Mónica se levantó de entre el grupo, fingía estar atada como el resto, pero tan solo permanecía con las manos a sus espaldas en aquel diabólico y vengativo juego.

- Hola papá - masculló la joven - .

Laura, por fin, se desenmascaró y cedió el cuchillo a Mónica y esta, sin más demora, atravesó el petrificado corazón de su padre, dándole una instantánea muerte.

- Este era tú último regalo, ¡Cabrón!.

Empaparon de gasolina al resto de invitados y prendieron fuego a la nave, serpentinas, confeti, carne humana, todo ardió aquella misera noche de juerga hasta altas horas de la madrugada.

Después de tanto tiempo, Laura explicó a su hija lo que le había ocurrido en aquella salvaje fiesta, veintitrés años atrás, en la que le fue arrebatada su inocencia, cuál era el origen de su terrible y constante tristeza.

Laura se reencontró con Alfonso, él la había olvidado, no recordaba su mirada inocente, ni su rostro de pánico en aquella fatídica noche. Se lo cameló de nuevo como quiso y acabó por conquistarlo, Mónica hizo lo suyo con Sandra, un ligue más, una nueva invitada a la fiesta de cumpleaños.

Ambas, tocadas por la roja mano del diablo, sentían sed de venganza, necesitaban saciar su hambre de horror, marca que llevaban las dos desde el mismo momento de su nacimiento.

Aquella noche fue la última para catorce personas, algunas inocentes, otras culpables, y un nuevo comienzo en las vidas de madre e hija, en un camino tenebroso, que tan solo cobraba sentido con el cuchillo y el mazo, con el fuego, capaz de borrar las huellas y el pasado, con el terror y la sangre.

                                                                             

  FIN

Para leer "Feliz Cumpleaños 2" pincha 

Unicornio Rosa: Capítulo 2 "La pastilla y el arcoíris"

Unicornio Rosa ¿Quieres huir?, ¿encontrar tu lugar en el mundo? ¿Qué esperas encontrar allí dónde vayas?,  ¿quién eres? El viaje empieza en ...