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martes, 11 de octubre de 2016

La Última Velada

Siempre pensé que la muerte era una exclusiva decisión de Dios, que él es quien nos dio la vida, y él quien debe decidir cómo y cuando acabará ésta.

Mi hermano Santiago llevaba desaparecido seis meses. La policía encontró su ropa y su cartera vacía en una callejuela de uno de los barrios más peligrosos de nuestra gran ciudad. Su camisa estaba manchada por su propia sangre, había un gran charco de ella bajo sus pertenencias, en abundancia. Nos alertaron de que posiblemente hubiera sido asesinado, y aunque las pruebas apuntaban a que realmente así había sido, yo no podía creer que mi hermano pequeño estuviera muerto, no sin que hallaran su cuerpo.

Pasaron un par de semanas desde que la policía cerrara el caso, y dejaran de buscar el rastro que los condujera al cadáver, no tenían suficientes pruebas; nos dijeron a mí y a mi familia, cuando conocí a un doctor que trabajaba con Santiago.

El buen doctor me ayudó mucho en mi duelo. Mantuvimos largas conversaciones sobre la desaparición de mi hermano, sobre la muerte, y la mejor manera de superar algo tan terrible.

Una noche el doctor me invitó a cenar a su casa.

El ambiente era demasiado romántico para mi gusto; velas, música clásica, un Pinot Noir, y dos solomillos con salsa de arándanos. Pero pronto me sentí cómodo, y de nuevo, iniciamos una de nuestras agradables charlas.

- Hay algo mucho peor que la muerte de un ser querido - le dije- .

- ¿El qué, amigo?

- No saber si éste ha muerto o no.

- Cierto.

- Nadie debe decidir cuando uno debe morir, ni siquiera uno mismo. El aborto, la eutanasia, el suicidio... eso es jugar a ser Dios, y sólo Dios, quién nos da la vida, debe decidir.

Eufórico di un último trago a mi copa de vino tinto, y mi cabeza dio un vuelco, caí irremediablemente sobre los restos del solomillo.

El doctor me quitó la venda de los ojos, literal y metafóricamente. Cuando vi a mi hermano, tumbado y amarrado con cadenas sobre aquella camilla metálica, con los ojos ensangrentados. Le faltaban ambas piernas y medio brazo. Tenía un enorme boquete en  la parte lumbar, alojado entre las costillas inferiores y la columna vertebral; más concretamente, encima de los riñones.

Estaba conectado a una máquina de respiración artificial, y a un par de sueros.

Me miró fijamente y balbuceó.

- Mátame hermano, mátame, por favor.

El doctor giró su rostro hacia mí, con una diabólica mueca sonriente.

- He ahí la respuesta a tus dudas. La muerte a veces es la única salida. El fin del sufrimiento.

Siempre pensé que la muerte era una exclusiva decisión de Dios... Ahora tan solo espero que Lecter decida pronto el momento de la mía.



Fin




                                           Apuntes:

La pinot noir es una variedad de uva de vino. El nombre puede hacer referencia también a los vinos realizados sobre todo a partir de esta uva. El nombre deriva de las palabras francesas pine y noir. Wikipedia


                                    


*Nota: Un paciente puede balbucear (hablar con dificultad), si la conexión al ventilador es a través de una cánula de traqueostomía y se le conecta a ésta un adaptador especial llamado "válvula para hablar".  Buen provecho.
                                                                                                   
                                                                                             Dr. Hannibal Lecter






miércoles, 31 de agosto de 2016

El Final de los Giuseppe

Los días estaban literalmente contados para la familia Giuseppe, un elenco mafioso de un nivel de peligrosidad jamás visto hasta aquel entonces. El gran caserón de la Toscana era un nido de cadáveres soterrados, un anclaje de lo oscuro y de sangre sumergida. Tras las paredes rezumaba olor a infierno, mientras la fachada era mausoleo de belleza impoluta. Putrefacción bajo una alfombra de oro y seda.

A las tres cuarenta y cinco de aquella tarde, la madre, Margueritte Giuseppe, vendía a cada uno de sus hijos, primos y colegas, al agente encargado de la misión más importante de su próspera vida.

Luca di Moreno era el albacea de la familia, y ahora, los metería entre rejas a todos. Proseguiría sus días bajo el ala de Margueritte... Bajo su protección, y sobre su lecho.

Luca di Moreno, fruto de uno de las innumerables atrocidades del patriarca, Jim Fritz, un americano que llegó a la Toscana, cincuenta y dos años atrás, con una maleta llena de secretos, y un linaje de sangre. Propia y ajena.

El inspector di Moreno, engendro de una de sus hermanas violadas.

El albacea es aquel que se encarga de hacer cumplir la última voluntad de un difunto, y de custodiar sus bienes hasta que se repartan entre los herederos. Misión de Luca di Moreno.

Ya en su lecho de muerte, Fritz deseaba que su retoño infiltrado llegara a la cima de la pirámide patriarcal, a la cabeza de los Giuseppe... Entonces recobraría su auténtico apellido.

A las siete treinta de aquella misma tarde, la familia fue arrestada a la salida del teatro, uno por uno, todos ellos, desalmados, y afortunadamente, desarmados.

A los seis meses, Margueritte agonizaba un último aliento sobre el lecho compartido. En aquel preciso momento el albacea cumplió su verdadera misión.

El río de sangre de la familia más peligrosa de toda Italia llegó a su fin, desembocando en manos de la venganza y la meticulosa paciencia del hijo pródigo.

Condecorado, jamás tomaría posesión de su verdadero apellido. Para él, como para el resto de italianos, los Giuseppe habían muerto.

Di Moreno, sin embargo, si tuvo larga continuidad... Recuerda un bisnieto ante la portada de un viejo periódico, encontrado en un baúl dorado, en el sótano de un magnífico caserón de la Toscana.



Fin


domingo, 22 de mayo de 2016

Tú eres mi Hogar

- Espera aquí, ahora vuelvo.

Recordaba las últimas palabras que le dijo, no exactamente las palabras, pero sí el tono de aquellas; tranquilizadoras, generadoras de confianza.

Así que él esperó, una eternidad... No regresaba.

Con el tiempo decidió moverse de allí. Buscó agua y alimento, pero no encontró lo que necesitaba.

Corrió entre los árboles, con tal de hallar el camino que lo condujera a su hogar, junto a su amo.

Pronto encontró una casa. Fuera había dos perros, bastante más grandes que él. Le ladraron para que se alejara, pero antes de hacerlo, apareció una mujer que se acerco a recogerlo. Le dio agua y lo alimentó.

Hoy hace tres años de aquel día. Los tres protegen la casa de María, su hogar. Un lugar donde el amor entre los miembros de la familia es inquebrantable, y el abandono, inconcebible.



Fin

Amor

Amor. Creía conocerlo bien.

El sentimiento más poderoso del mundo. Aquel que atrae hacia cualquier ser vivo la esencia de lo necesario. El vínculo de unión entre todos y todas las cosas.

Creía conocerlo bien. No imaginaba poder hallarlo de un modo más intenso y certero.

En la mirada de un padre, el abrazo de una madre, el cariño de un hermano, la complicidad de una mujer, el compadreo de un amigo.

Creía conocerlo bien, en todo su esplendor.

Hasta el día en el que te conocí... Y compartí contigo la mirada, el abrazo, el cariño, la complicidad y el compadreo. El día que te vi reflejado en mis ojos y me vi reflejado en los tuyos. En nuestras almas.

Hijo mío; creía conocer bien el amor, pero ahora ya no lo creo...

... Ahora se de veras lo que es.




Fin

viernes, 29 de enero de 2016

Padre e Hijo

Relato a dúo para el concurso de "El Círculo de Escritores" Padres e Hijos.



"Padre e Hijo" 1ªParte

Tener un hijo había sido siempre uno de mis mayores deseos. Y mi alegría fue inmensa cuando Tod llegó. Aquel veintinueve de febrero fue inolvidable. Vino al mundo sano y fuerte, pero su llegada, trajo también un gran dolor. Mi esposa murió en el parto, una hemorragia interna terminó con su vida, y con mi felicidad.

Tod ha crecido mucho desde entonces, ahora es un jovencito muy bien parecido. Sin embargo, mis sentimientos hacia él, nunca han sido los esperados. Creo ver en él un halo maligno, que no puedo explicar, y sobre el que no me atrevo a hablar con nadie, por miedo a ser tachado de paranoico. Me he repetido tantas veces, en la soledad de mi alcoba, que son solo imaginaciones mías, fruto de la prematura muerte de mi esposa. Culpo al muchacho por su fallecimiento ¡Eso es! Y no es justo. Ante vuestros ojos debo parecer un hombre horrible.

Pero cada mañana, al despertar, lo encuentro en la cocina y esos pensamientos impíos vuelven a surcar mi mente. Tod está desayunando, y yo evito sentarme a la mesa junto a él, excusándome con cualquier banalidad. Solo cuando lo veo marchar hacia el colegio, me atrevo a acercarme a la mesa, y cada día,encuentro unas gotas de sangre en el plato.

Registro su ropa a menudo, y aunque encuentro en los bolsillos las cosas normales para un niño de su edad, algunas pocas veces, he encontrado los huesecillos de alguna alimaña. Nunca he podido identificar al animal en cuestión, aunque el tamaño de los huesos sugiere, bien a las claras, que no debe de ser más grande que un ratón de campo.

Todos los sucesos que les he detallado, y otros tantos que me reservo, para evitar la aversión del lector, me llevan a una sola e inquietante conclusión. Cualquier hombre, que se considere inteligente, estará de acuerdo conmigo en lo aterrador de mi situación. Pues como padre, tengo una responsabilidad ineludible. Y es por eso, que dejo constancia de los hechos en esta carta, que de haber llegado a su poder, significará que he fracasado en mi empresa. Deseo pues, que el lector concluya lo que yo no pude, por el bien propio, y el de este, nuestro bendito pueblo.


"Padre e Hijo" 2ª Parte 
Por: Edgar K. Yera


Mi nombre es Tod, nací un veintinueve de febrero, en un bello pueblo rodeado de altas montañas. Añoro la fresca brisa de la mañana, sus prados verdes, su noche estrellada.

Tener un padre como el que tengo sería el deseo de cualquier niño, él es bueno, siempre ha querido lo mejor para mí. Pero desde hace tantos años como puedo recordar, su tristeza inunda nuestro hogar, lo persigue como una dilatada sombra, lo engulle y quiebra sus entrañas, se alimenta de su pesar, poco queda de él con vida, solo un ápice de lo que hubiera sido en otras circunstancias.

Ahora todo está oscuro, y la única luz que me acompaña es la mano que me lleva hacia otro lugar.
Cuando vaya, no regresaré jamás. Esta carta escrita con la tinta del tiempo es un reclamo, una voz que se apaga y quiere ser oída antes de marchar.

Padre, si pudieras leer estas letras, entenderías tantas cosas que no logras comprender.

Desearía volver a verte sonreír, como cuando me cogías en brazos y me acunabas. Aún puedo escuchar el sonido de tu voz, el tarareo de aquella nana con la que lograbas que me durmiera en tu regazo.

En la soledad de tu alcoba, te he oído repetir mil veces que tal vez sean imaginaciones tuyas, sin embargo...

Te veo desde el otro lado en el que te encuentras, cierro los ojos para dejar de percibir tu horror. Admiro quieto, en completo silencio, como plasmas sobre un folio en blanco la angustia que experimentas. Omites tantas cosas que gritas en el vacío de nuestro hogar. Maldices tantas veces contra las esquinas, rompiendo tus nudillos contra las paredes.

Deseo que este mal que acarreas desaparezca, y me pregunto si mi presencia puede ser la causa.

He decidido decirte adiós para siempre.

Siento el insoportable dolor de mi padre. Siempre he sabido que mi nacimiento fue su mayor alegría, a pesar de que mamá murió en el parto, y él me culpara por ello.

Pero mis pocos días de vida no fueron suficientes. Cada mañana, él llora por los rincones de la casa, ante una imagen de mí que no está. Llora en la puerta de mi habitación intacta, sobre mis diminutos huesos, en el plato vacío.

Lo veo derramar lágrimas de sangre sobre la blanca cerámica.

Lo vemos llorar, mi madre y yo... Desde tan lejos y tan cerca como nos es posible, antes de dejar éste, nuestro bendito pueblo, nuestro amado hogar.









Fin

sábado, 2 de enero de 2016

Espíritu Navideño

Observo a través del cristal de la ventana, una escena familiar alrededor de un árbol decorado, decenas de regalos, sonrisas, besos y abrazos. El reflejo del rojo encendido de mis pupilas dilata el tiempo, escarcha el vidrio, detiene la felicidad en mi fuero interno y todo sabe a alquitrán en mi paladar.

También tuve una familia, recuerdo vagamente la presencia de unos padres.

- ¡No te traerán más que carbón los jodidos reyes magos!

Añoro lo que jamás viví, añoro el abrazo, la sonrisa y el regalo.

Añoro el saco de carbón, las alianzas y el olor a quemado.



Fin



sábado, 12 de diciembre de 2015

Némesis

- Atiende, hija mía. Los humanos somos seres manipuladores y manipulables. Podemos manipular al resto del mundo o ser manipulados por los demás. Debes preguntarte... ¿A cual de esos dos tipos perteneces tú?

Frotando la yema de su pulgar por un pliegue de su afeitada papada, sonrió cómplice a su pequeña. Agarró un peón del tablero y lo avanzó dos casillas.

- En el primer movimiento, como simple peón, puedes dar uno o dos pasos, esa es la primera elección. Si das un solo paso estarás protegido por tus compañeros de juego, pero restarás lejos de alcanzar el objetivo, derrocar a quién puede derrocarte a ti. Pero si avanzas sin protección, la estrategia puede verse quebrada. Ese es el principal error de los humanos, no romper con el vínculo, la hermandad los destruye. Más te vale dejar que los peones sean otros, que crean que toman sus propias decisiones. En realidad... ¿Importa si avanzan en tropa o individualmente? Siempre y cuando estés en la posición del rey, los peones te serán leales aún sin saberlo. Ellos se mueven por pura supervivencia entre la miseria, mientras, la gente de nuestra clase, vivimos protegidos en nuestro imperio del placer.

La luz se coló entre las cortinas y alumbró, como último suspiro de un eclipse total, la calvicie impoluta del hombre. Recostado en su trono de piel negra.

- Tienes mucho que aprender antes de ganarte mi legado. Se lo cedería encantado a uno de tus primos si creyera que no lo merecieras, pero te estoy forjando con sabiduría, tu capacidad de aprendizaje es del todo indiscutible, pero tus juegos infantiles con el ordenador te distraen.

Posó la mano sobre el cabello castaño de la joven y lo acarició entre sus gruesos dedos.

- Mi inocente "hacker".

Cogió un alfil del tablero y lo puso en una de las manos de su hija.

- Como te decía, manipular o ser manipulado... Esa es la cuestión.

Señaló aquella pieza.

- Ahora eres como ese alfil, debes ser coronada y se ampliará tu perspectiva, tus movimientos serán entonces, ilimitados. Desde este pequeño rincón del mundo, controlo todo un sistema global. Muevo los peones hacia donde más me conviene, solo debo darles una meta en la que creer. Unos darán su vida en nombre de su dios, otros por los colores de su bandera... Por sus creencias. La fe es ciega y se aposenta en la palabra que las personas como yo, y algún día tú, les inculquemos al nacer. Debemos hacerles creer que están en guerra contra ellos mismos, eso les despistará de nuestra presencia. Tenemos las herramientas adecuadas, la lucha entre clases sociales, razas, religiones y nacionalidades. Poco a poco lo entenderás. No deben saber de nuestra existencia. Aquí, en la sombra, somos la luz que se proyecta en el mundo, ellos sostendrán nuestras velas, y cuando necesitemos que se apaguen algunas, solo debemos dirigir nuestro soplido en la dirección adecuada. Los peones llaman a esos efectos, daños colaterales, nosotros, la alfombra de la reina.

El hombre se puso en pie y agarró otra pieza.

- Esta eres tú, mi vida, mi emperatriz.

- Pero, papá. Cometiste el principal error humano, no rompiste el vínculo.

La pantalla del televisor se encendió. Una voz repitió una y otra vez la misma frase.

"Colapso económico mundial, las cuentas bancarias han sido eliminadas, la bolsa ha caído"

Luego apareció una palabra en un azul intenso sobre una imagen, la misma que sostenía el hombre en la palma de su mano. Cayó al abismo y golpeó en el suelo. Su corazón se detuvo y su hija sonrió.

- Yo no cometeré tal error, padre. Yo soy, Némesis.





Fin


miércoles, 21 de octubre de 2015

Halloween

- Esta noche caerás rendido a mis pies.

Ante mí, en el espejo, lucía Jack Skellington desfigurado, demacrado por el abrasador aire del lugar y los insanos efectos del alcohol.

Carol Anne agarró mi mano y me condujo hacia la luz, se detuvo frente al televisor, emitía una deslumbrante niebla, pude sentir la dilatación de mis pupilas con el desgarro de mis córneas.

Palpitaban mis globos oculares al son de los bafles del equipo de música.

Noté las puntas afiladas en mi espalda, me di la vuelta. Krueger me sonrió con dantesca mueca. Me hizo rodar como a una peonza y lo grotesco de máscaras y disfraces se aglutinaron en mis retinas.

Me detuvo un ser gigantesco, su piel era oscura y sudoraba. Pequeñas fauces se asomaron por su boca, babeantes. Aquellos diminutos dientes en forma de puño golpearon mi sien y caí al suelo.

Desperté en el hospital. La doctora me explicó lo sucedido.

"¿Cual de aquellas terroríficas criaturas vertió esas drogas en mi copa?"

Entonces recordé las palabras de Maléfica. Y allí estaba yo, rendido a sus pies.

Sin el maquillaje no parecía ella, se cambió el disfraz por su uniforme de trabajo.

- Ahora respira profundamente y duerme...



Fin

lunes, 19 de octubre de 2015

Amé al Diablo en Vano

Jamás conocí ser humano más valeroso que yo.

Me enfrenté a todo tipo de terrores, aquellos que perturbaban mi ser. Dormí desnudo en la fría cueva, bajo un manto de insectos crujientes. Arranqué cabezas de aves con mis dientes, y me alimenté de su sangre. Vi arder lo que más amaba... Oí sus gritos desesperados, pidiéndome auxilio. Chillaban: "Por favor, papá, no nos hagas esto" , y no cerré los ojos, no pestañeé. Disfruté observando como se calcinaban, aquellos qué, una vez, confiaron plenamente en mí.

Pronuncié las palabras innombrables. Con mi capa negra de plumas de cuervo y la tez pintada con las cenizas de mis vástagos.

Entonces descubrí el peor de todos los males, sentí el verdadero miedo.

Él, no vino a mi encuentro. Me quedé solo. Había destruido todo aquello que le daba sentido a mi anterior vida.

Realicé cada una de las instrucciones del libro negro y no ocurrió absolutamente nada.

Allí me hallé... Con el alma quebrada.

Jamás conocí ser humano más cobarde que yo.

Amé al diablo en vano.



Fin


domingo, 27 de septiembre de 2015

Quick Death

La gota gorda golpeaba sobre el sombrero de curtida piel de búfalo del viejo Gerald. Sus botas, enfangadas sobre los charcos de lodo, chapoteaban en su rudo y tieso caminar. Se detuvo e inclinó la cabeza, elevó levemente una pierna y dio un paso atrás. Levantó la puntera de su calzado de piel de serpiente y dio un toque en el rodillo en forma de estrella de su espuela derecha, el sonido era parecido al tambor de su revólver.

Chasqueó los dedos de su mano izquierda y acercó el índice a la culata de su colt de empuñadura de marfil, el águila grabada en ella, observaba cabeza abajo, esperando picotear el pulgar de su dueño para qué apretara el gatillo con sumo reflejo, el disparo debía ser certero. Una bala, una vida, ese era el lema de Gerald Johnston Malick, más conocido como... Sir. Quick Death o Muerte Rápida.

Antes de que los lugareños pudieran advertirlo, el ansiado proyectil ya había salido del cañon de la plateada amiga de Gerald. Un agujero del tamaño de un crisantemo granate se dibujó en su cráneo, el sombrero de piel de búfalo salió volando por los aires. Tieso como su propio caminar, cayó de espaldas sobre el lodo chapoteado.

Sir. Quick Death había sido vencido.

Su rival acercó el cañón humeante a sus fosas nasales e inspiró apasionadamente aquel olor a muerte rápida.

Destapó el pañuelo de su rostro negro y el agua hizo correr el betún. Ese hombre desconocido, ese negro loco y rabioso no era negro, ni era hombre. Se quitó el viejo sombrero de piel y paja y su ondulada melena cubrió sus hombros. Se desgarró la camisa y mostró sus pechos turgentes, sus cicatrices en la espalda. Se quitó los pantalones y los largos calzones y enseñó sin pudor y con total orgullo su velluda vagina. Se desprendió de sus botas y pisó descalza la tierra mojada. El betún de su cara pintada bañó su cuerpo, una ducha de hollín que resbalaba hasta sus tobillos.

Caminó tiritando bajo el manto de agua helada, hundiendo sus pies en el fango. Se acercó al cuerpo inerte de Gerald. Sus ojos estaban abiertos, mirando al vacío, al lugar donde su mísera alma había despegado.

Le habló como si aún estuviera vivo.

- ¿Me recuerdas, Johnston? No soy ese negro al que has sentenciado por ocupar tu puesto en la barra del salón. Soy Giselle, hijo de perra. Nuestra hija te espera allí donde vayas. Solo debo agradecerte algo, lo qué una vez me dijiste. No hay nada que el hombre no pueda hacer si eso que desea cabe en sus manos... El hombre o la mujer... Estúpido, cabrón.

Giselle Roland lanzó el arma sobre el pecho de Gerald.

Regresó de nuevo al bosque del que vino aquella tarde, se adentró en la espesura, bajó por el río bravo y llegó al lugar donde había estado viviendo los últimos ocho años, junto a su marido y sus dos hijos, junto a su familia, los Sioux.

El cuerpo de Quick Death estuvo tres días sobre el terreno. La mañana siguiente a su muerte fue la más calurosa que recordaron los lugareños en mucho tiempo. Los matojos rodantes paseaban con total libertad por las calles del pueblo. La mayoría estaba en el salón, ocupaban por turnos el lugar donde aquella despreciable alimaña tomaba sus tragos.

Celebraron intensa y felizmente la fugaz aparición de Giselle.



Fin

jueves, 17 de septiembre de 2015

Sangre, Costillas y Mermelada (Parte 2)

Relato a dúo para el concurso de "El Círculo de Escritores"

Enlace al inicio del relato, escrito por José Carlos García:



Sangre, Costillas y Mermelada (Parte 2)

Mis muñecas estaban atadas a mis espaldas, a una barra de hierro, podía sentir el frío metal en las palmas y las yemas de los dedos. Mis muelas habían sido pegadas, no podía separar las mandíbulas, salivaba sin cesar y respiraba con dificultad. Exhalaciones entrecortadas por la ansiedad y el horror.

Las palpitaciones eran ensordecedoras, mi pecho iba a estallar. En un principio sentí que de nuevo me encontraba en uno de aquellos terrores nocturnos que me asolaron tras el accidente. El mundo se tornó oscuro. Perdí la visión.

Entonces, alguien empezó a pedir auxilio, casi como en un susurro apenas perceptible. Mis oídos habían aumentado su capacidad auditiva y ahora incluso podía oír el chirrido de sus dientes. A mí me habían dejado sin habla, como aquel hombre me dejó sin visibilidad, años atrás. Sin embargo, aquel empezó a elevar su voz hasta alcanzar un grito agudo seguido de un incesante lloro.

Preguntaba - ¿Quien hay ahí? - Pero, yo no podía responder.

Presentí una tercera presencia tras de mí. Olía a costillas asadas con mermelada de frambuesa. Lo oí masticar.

El "bip" de un aparato electrónico. La cámara de vídeo.

Se puso en pie, caminó de prisa, pasó por mi lado y avanzó. Ruido de cadenas. Aquel hombre que lloraba, ya no lo hacía, chillaba como un puerco amarrado.

Un tirón, dos tirones, tres tirones... La motosierra se puso en marcha, el sonido era insoportable, nada comparado con los alaridos de quién chorreaba su vida, su sangre y sus entrañas sobre mí.

En aquel instante perdí la consciencia. Eso es todo lo que recuerdo.

Aquel hombre me arrebató la visión. Su nombre era Jacobo.

A mi padre le encantaba mezclar dulce y salado, las arterias de su corazón no soportaron un bocado más.



Fin


domingo, 16 de agosto de 2015

La Cara Oculta de la Luna

La iluminación del astro rey sobre el frente lunar deslumbró la sinuosa curvatura del platillo volante. Un destello en el panel de visión central cegó por un instante al piloto.

Orbitaba el satélite con plácido compás, al son del intermitente hilo musical de la nave exploradora.

Kruse perdió el control de los mandos y su vehículo espacial impactó en un cráter de la cara oculta de la luna.

Quedó gravemente afectada la madre virtual y se activó en el acto la cuenta atrás, la autodestrucción se llevaría a cabo en once minutos terrestres, una larga espera para cualquier Gulteriano.

El miedo era algo inexistente para ellos. Magredin observó a Kruse con ojitos de amor inconfesado, a pesar de no haber tratado jamás el tema, Kruse sentía lo propio por ella.

Ante el irremediable nulo futuro, ambos no abrieron sus protuberantes bocas para balbucear su complejo idioma, sus labios carnosos de verdosos tintes se acercaron y se fundieron en un eterno beso. Tan solo les faltaba morir enredados en sus violáceas pieles.

Diez minutos.

Los tentáculos, terminaciones de sus innumerables extremidades, se acoplaron los unos con los otros, hasta crear un solo ser.

El sudor, emanación de condensada fluorescencia, impregnaba el asiento del copiloto, donde se consumaba un deseo irrefrenable.

Mientras Magredin succionaba el gigantesco miembro viril de Kruse, este lamía, con su interminable y jugosa lengua, el monte de Venus de su amante.

Cuatro minutos.

La penetración se asemejó a la entrada de un cohete en un agujero negro. La palpitante vagina de Magredin engulló a Kruse casi por completo, a penas se tenía visión de su ser, en aquel espectáculo de puro frenesí alienígena.

El incesante bombeo meneaba con brusquedad los diez pechos de la hembra. El macho, extasiado, vertió todo su esperma en el interior de su hermosa compañera, en el mismo instante en el que la pepita cavernosa de ella, explosionó al son de un orgásmico alarido, digno de un nuevo Big Bang.

Finalizó la cuenta atrás de la autodestrucción. No ocurrió nada.

El hilo musical se detuvo. Un mensaje de rescate apareció en el panel de control.

Magredin miró a Kruse con esos ojitos y en su lengua gulteriana, le susurró:

- Nadie debe saber nada de esto, hermano... Jamás.

Los cuerpos desnudos, del séptimo color del espectro solar, restaron abrazados a la espera de la liberación.

Se les antojaba agradable el paso del tiempo en la cara oculta de la luna y bien cierto el popular dicho de la galaxia de la que provenían... "A espaldas del mundo no existen las normas".

Magredin miró de nuevo a Kruse.

- ¿Repetimos?



Fin

miércoles, 29 de julio de 2015

Misofobia

- Doctor, el paciente está listo.

Envuelto en film transparente para embalar, como un pedazo de carne embutida. Guantes de látex, máscara de gas y botas de montaña de gore tex. Julio Ortega paseaba por las ramblas de la gran ciudad.

Sonó el despertador a las seis treinta y dio un salto de la cama.

El motor de su auto había muerto, misteriosamente. Sin dinero en efectivo para un taxi, sacó un billete de metro con su tarjeta de crédito.

Entre un obeso que emanaba hedor a caliqueño y carajillo de anís y una anciana con halitosis y sudores en la espesura de su vello axilar, Ortega arqueaba.

Julio entró en el vestuario.

Agarró la pastilla de jabón. Mientras el agua caía sobre sus espumosas manos, la pastilla se tornaba negra, el agua se oscurecía, la pica se teñía de una negrura inclasificable, todo el entorno se volvió sombrío y el color de la mugre se adueñó de las córneas de Julio.

Operó con cautela, el paciente no debía correr peligro, la misofobia del Doctor Ortega podía contaminar, a corazón abierto, el alma de otra posible víctima.

Envuelto en film, en la hora más oscura, Julio Ortega paseaba, bisturí en mano.

- Operemos.


Fin


jueves, 23 de julio de 2015

Buen Provecho

Tres bandejas... Un primero, un segundo y el postre.

Como entrante, una rica sopa fría. Como un gazpacho veraniego, para combatir el calor.

250 gr. de fatiga.

300 gr. de depresión.

6 cucharadas de locura.

Una pizca de perversión.

De segundo, un delicioso pastel de carne, lo he picado todo, bien triturado.

Y de postre... Sentiré de nuevo el palpitar en mi paladar. Mis papilas gustativas gozarán con los pequeños corazones que un día nos llenaron el alma... Hoy llenarán mi estómago.

Mi mujer, que en paz descanse, en su lecho de muerte me pidió una cosa y me obsequió con un buen consejo; "Procura que nuestros hijos sean felices y saborea cada instante, la vida es corta". Lo primero no lo estaba logrando, así qué, pondré punto final a mi fracaso como padre y seguiré a rajatabla lo segundo.

39 kg. de carne.

3 litros de sangre.

Como reza el dicho; "De pequeños te los comerías, luego te arrepientes de no haberlo hecho".

Yo no experimentaré tal arrepentimiento.



Fin

jueves, 11 de junio de 2015

Detalles Insignificantes

Rodó el tambor y lo colocó en su lugar, abrió el martillo con el pulgar y su dedo índice empezó a apretar el gatillo.

- Ni se te ocurra tocar tu reloj, Dick.

A sus treinta y dos años, Dick Fallen, era el agente más joven y más condecorado de la brigada de "Past Solutions".

- Dispones de diez minutos de retroceso sobre la escena, el objeto de cambio es esta carta de póker. A jugar, vaquero.

Fallen activó el reloj y retrocedió un par de años.

Ante los ojos de Dick se mostraron los acontecimientos, los personajes, la causa y el objetivo.

En la terraza de un bar, un posible observador. Con sombrero y  el rostro oculto tras un periódico, no parecía un problema de intromisión. Dos mujeres charlando en la acera perpendicular al punto de impacto. Una mecía un cochecito de bebé y la otra le mostraba un catálogo de joyería.

Entró en escena el objetivo. Una pequeña de cabello rubio, ojos negros. Se dirigía al cruce, con paso saltarín, tatareando una canción infantil. A dos metros del punto de impacto.

La causa dobló la esquina, las dos mujeres desaparecieron del campo de visión de Dick.

La niña cruzó la calle.

La causa, un camión de transporte, la arrolló de inmediato. Un insano crujido mortal resonó en los tímpanos de Fallen.

- Está bien -. Respiró profundamente- . Diez minutos.

Dick activó de nuevo el reloj.

Un hombre tras un diario. Dos mujeres charlando, distraídas. Seis pasos. Una pequeña cantarina.

Fallen dejó caer la carta al séptimo paso.

La pequeña vio un as de corazones a sus pies y se agachó para recoger aquella carta.

El camión pasó de largo, la niña cruzó la calle y Dick pulsó por tercera vez el dispositivo de su reloj, para regresar a su despacho.

- ¿Quien eres? - Preguntó Dick a la mujer que amenazaba con matarle -.

Ella introdujo su mano en el bolsillo y sacó una carta. Un as de corazones que lanzó a los pies de un agente jubilado que conservaba dos cosas de su trabajo, el reloj de empresa y su memoria fotográfica.

Fallen dejó caer aquella carta en su séptimo paso, el hombre que restaba sentado en aquella terraza se puso en pie, dejó el periódico sobre la mesa y dio tres pasos. Agarró la carta y la guardó en el bolsillo de su pantalón.

La pequeña llegó al punto de impacto en el que la causa, un camión de transporte, la arrolló de inmediato.

Dick se acercó a Dick.

- No me des las gracias, estás despedido.


Fin

jueves, 14 de mayo de 2015

Insomnio

Madre e hijo, desesperados por el insomnio. Tantas noches en vela. La casa apestaba a puro y el desagradable olor a coñac impregnaba incluso las fumadas cortinas.

- Desliza suavemente la hoja por la garganta mientras te sientas sobre la almohada. Yo le sujetaré los brazos y las piernas. Debemos unir nuestras fuerzas.

Los aromas de tabaco y licor se desvanecieron con pintura e incienso. El insomnio se curó de manera tajante, por fin cesaron aquellos infames ronquidos nocturnos.




Fin

Gonzo

Tras una hilera de cipreses junto al parque, Gonzo regresaba a su forma original, mientras relamía la carne de sus fauces. Regurgitó un trozo de tela floreada. Su ama se agachó y lo guardó en el bolsillo del pantalón.

- Disculpe, ¿Ha visto una pequeña de cabello rubio y coletas?

- No la hemos visto, lo sentimos.

- Lleva puesto un vestido de flores, su nombre es Ana. Es mi hija, no la encuentro.

- Sentimos no poder ayudarla. Ana, delicioso nombre - Dijo mientras palmeaba la panza de su pequeño Bulldog francés -.


Fin

viernes, 17 de abril de 2015

Capitán "V"

Sonó un "Splash" metálico, cinco marcas rojas de cinco dedos de delgadas falanges quedaron grabadas al instante en su rostro, empapado por las lágrimas, los mocos subían y bajaban resoplados y absorbidos por el crío, agazapado, recogido entre sus diminutos brazos, sollozando impotente ante su flacucho y despiadado padre, un tortazo con las huesudas manos abiertas, algo que ya era común ante cualquier desobediencia, el pequeño, como cualquier otro, no podía evitar la negación y aquel mal nacido que tenía por tutor, no la toleraba, "la disciplina se aprende con sangre" era el recurrente aforismo que expresaba, tras adjudicar y propinar la tremenda injusticia que tan a menudo descargaba sobre el frágil cuerpo de su hijo.

Víctor corrió hacia su habitación y con la silla de su escritorio trabó la puerta.

Su padre comenzó a golpear con sus protuberantes nudillos, el chico podía sentir los porrazos sobre la madera como verdaderos impactos en su afligida alma.

- ¡Abre pequeño cabrón! ¡Aún no hemos acabado tu y yo! - Gritaba ese ser, falsamente llamado padre, con rabiosa alevosía -.

Víctor se detuvo en el mismo centro de la alfombra que cubría el suelo de su cuarto, el dibujo de una diana de arquero, en el punto rojo sus pies posados, sintiendo la atracción gravitatoria de su espacio interno, el peso de la atracción magnética del núcleo terrestre que permanecía a millones de kilómetros bajo sus zapatillas deportivas decoradas con icónicas alas desplegadas.

- ¡Abre ahora mismo o echo la puerta al suelo! ¡Cuento hasta diez pequeña mierda! ¡ Uno... Dos... Tres...!

Víctor observó sus pósters de naves espaciales que colgaban de las paredes de su pequeño museo galáctico, admiró el Halcón Milenario, el Super Destructor Imperial, la Legacy, la Nostromo y por último, los ojos del muchacho se clavaron sobre la imagen de la Libertad y la Independencia de Armageddon.

- ¡ Seis... Siete... !

Sus párpados se cerraron como las compuertas del Apolo XIII y contó al unísono, pero a la inversa, del cruel hombre que se precipitaba con sus rudas botas hacía el portal de la lanzadera sideral, estelar refugio del Capitán "V".

- ¡ Ocho... Nueve y... Diez ! - Concluyó el innombrable -.

- ¡ Tres... Dos... Uno! - Finalizó Víctor -.

Una tremenda patada quebró las patas de la silla, una gran brecha resquebrajó la puerta, lo suficiente para que el lobo la abriera con un último soplido.

Víctor yacía en el suelo, con los brazos pegados a ambos costados de su frágil y golpeado cuerpo, con los ojos enormemente abiertos, desorbitados, su nariz sangraba abundante, su alma había despegado, surcaba el espacio exterior en busca de un nuevo padre.




Fin


miércoles, 1 de abril de 2015

Blasfemia

El agente en prácticas A. Freeman debía resolver su tercer y último caso para recibir su placa de detective de homicidios y poder ejercer como tal.

En aquellos tiempos, la inteligencia artificial y las sombras de la red, hackers de la D.F "División Fantasma", hacían que el sistema que sostenía el mundo pendiera de un hilo, paradojicamente, inalámbrico.

Año, 2.666 D.C.

Freeman aplicando el protocolo D.37, cerró los ojos, activó el dispositivo Capsule Corporation de desplazamiento temporal y esperó unos pocos segundos. Abrió los ojos y averiguó al instante su ubicación, restaba inmóvil ante la víctima, aún con vida, el primer testigo de su examen final.

Un hombre desnudo, con graves heridas en los costados, provocadas por un arma blanca de larga y afilada hoja (Freeman tomaba nota mentalmente, antes de dar inicio al  interrogatorio), herida mortal en el costado derecho, provocada por una gran flecha o lanza, corona de espinas, manos y pies clavados a una enorme cruz de madera, anclada en la tierra, a la víctima no deben quedarle más que unos pocos minutos de vida.

- ¿Como se llama usted ? - Preguntó el agente en prácticas a aquella agonizante figura - .

- Soy Jesús, Jesús de Nazaret. - Masculló aquel pobre hombre moribundo- .

- ¿Quien le ha hecho esto, señor?

- Mi propio padre.

En aquellos tres días que tenía Freeman como tiempo límite para resolver aquel homicidio, no descansó un solo instante, indagó en el poblado en el que se encontraba, tomó declaración a los que descubrió como allegados a Jesús, que por aquel entonces ya había muerto por aquel siniestro castigo, averiguó quien dio la orden de crucificarlo y quienes lo condujeron a aquel cruel destino, charló con sus discípulos, sabía donde se encontraba y a quien debía preguntar, habló con Pedro y con Judas, este último confesó por unas miseras monedas de oro que, el detective a prueba, consiguió con deficiente astucia.

El tiempo límite llegó a su fin.

A. Freeman, crucificado al lado de Jesús, miró a este y le dijo:

- No ha sido tu padre, han sido Judas y los Romanos.

Cristo resucitado le respondió.

- No importa, les perdono, les perdono a todos.

Freeman arrancó su mano derecha del clavo, provocándose una horrible herida, lucía un boquete del tamaño de una amapola, se desangraría o se desmayaría en unos pocos minutos.

Vomitó la cápsula de regreso en la palma de su mano agujereada, cerró los ojos y apretó el dispositivo, esperó unos pocos segundos y abrió de nuevo sus párpados.

Tras el rojo, el amarillo y el blanco. Su visión se acostumbró a la luz de la habitación en la que se hallaba.

- Ángel, - le comunicó el superintendente D' Ábel- aquí tiene su merecida placa.



Fin




miércoles, 18 de marzo de 2015

Primavera de 1999, El Diario de Greta


24 de Mayo

El día comenzó como un lunes cualquiera, de camino al colegio, Hans rezagado no me alcanzaba, como de costumbre tuve que aminorar el paso, girarme y propinar un buen grito para que mi hermano espabilara, en el momento de darme la vuelta vi algo en el cielo, parecía un cometa, iba a caer sobre nuestras cabezas, esa fue mi impresión, pero aquello, que no era ningún cuerpo celeste, cayó a seis manzanas de nuestro hogar, todo se iluminó tras un gran estruendo que ensordeció el pueblo por completo, una ola de tierra nos engulló...

25 de Mayo

Tan solo recuerdo a mi hermano llorar, nuestros padres nos habían dejado en mitad del bosque, nos arrancaron de la cama como a dos cebollas de media estación, Hans dormía, yo sabía que algo así ocurriría, las paredes de nuestra casa eran de papel de fumar, oí la conversación que mantuvieron mis padres aquella noche, me provisioné con frutos secos y un pan de maíz, lo escondí en el interior de mi vieja almohada y me aferré a ella, cerré los ojos con fuerza y deje que mi padre me llevara en brazos, solo recuerdo a mi hermano sollozar, tuve que realizar un monumental esfuerzo por no hacer nada, algo me susurraba en mi interior, será mejor así... Me decía. Por el camino, sigilosamente fui dejando caer unas pocas cáscaras de avellanas que llevaba ocultas en las manos, aferradas al cojín.

26 de Mayo

Desde la profundidad del bosque, entre los delgados y altos árboles de tronco y ramas secas, podíamos oír el silbido de las balas, las explosiones y algún que otro estremecedor alarido, a tres millas de nuestra casa, la muerte y la destrucción eran las sombras que no lograban atrapar nuestros pies. Hans comía pan de maíz recostado entre unos arbustos, yo pensaba en cual debería ser nuestro siguiente paso. Solos, hambrientos, no podía permitir que "eso" ocurriera, Hans necesitaba que su hermana mayor lo protegiera y mi voz interior continuaba susurrándome al oído... Camina, sigue el río, el agua os llevará... Abandoné la idea de dar marcha atrás y seguir el rastro de cáscaras de avellanas que nos llevaría de vuelta a nuestro hogar, eso nos hubiera conducido a una muerte segura, ahora lo sé, mantuve una breve pero intensa charla con Hans... Sigue mis pasos, no te quedes rezagado, pronto estaremos a salvo.

28 de Mayo

Escribo con el hueso de algún animal sobre la tierra empapada, jamás olvidaré la palabra que dejo inscrita atrás, si salimos con vida de esta, la tinta será la huella imborrable de estos días, no tenemos nada para comer, por suerte, el agua dulce del río, sacia nuestra sed, pero cada vez nos cuesta más dar un solo paso y lo peor es que no sabemos hacia donde vamos, si algo nos aguarda tras las montañas.

30 de Mayo

Sí, mi susurradora voz interior tenía razón, el agua del río nos llevó a un lugar, tras las verdes montañas, un sendero, una casa de marrón chocolate, una anciana nos abrió las puertas, nos dio alimento y té caliente con miel, nos arropó y dormimos un día entero.

10 de Junio

Mi hermano está encerrado en una jaula para osos, yo he logrado escapar, he cogido una libreta y una pluma con la que escribo estas letras, escondida en el establo de esa infame bruja, siento que se acerca, escucho el gruñido de la puerta, mi voz interior me susurra de nuevo... ¡Corre Greta, corre! ¡Lanza al fuego a esa maldita mujer y regresad a casa, la guerra ha terminado!.


Fin


Relato versión de "Hansel y Gretel, cuento de los Hermanos Grimm" para el concurso del Círculo de Escritores.



Unicornio Rosa: Capítulo 2 "La pastilla y el arcoíris"

Unicornio Rosa ¿Quieres huir?, ¿encontrar tu lugar en el mundo? ¿Qué esperas encontrar allí dónde vayas?,  ¿quién eres? El viaje empieza en ...