Lo que empezó como alimento en mi estómago y replanteamiento orgánico en mi cerebro se acabó de forjar en el tintero.
Ahora el resultado está colgado en una red de navegantes entre los que te encuentras tú, mi preciado titiritero. Has buceado en mis palabras y las has hecho tuyas, en este preciso instante, tras elaborarlas y plasmarlas, nadan en tu mente, en tu fuero interno.
He sido tu marioneta durante todo este tiempo y el objetivo se ha cumplido. El texto ya no es tan solo mío, ahora se encuentra en un lugar donde nadie puede detenerlo, como un secreto desvelado que pertenece a todo aquel a quien ha sido contado y corre veloz en busca de nuevos receptores.
Leo tus interpretaciones, tus valoraciones y conclusiones. Las ondas del emisor regresan, se han transformado en nuevos datos que la marioneta absorbe, es el último estímulo necesario en el recorrido de la expresión literaria. La crítica de la obra.
La marioneta se siente satisfecha, su titiritero es una confabulación entre su mente y la de quien se encuentra al otro lado.
La tuya y la mía, ambas en esta experimentación empírica de creaciones propias y ajenas que se mezclan y dan como resultado un propósito resuelto.
Os hablo del inicio y de la finalidad, de la vida y la muerte y no reparo en ser conciso.
Estás son mis primeras palabras, siempre fueron las primeras. Desde el principio.
Fin

